Cine e Inocencia. Reynaldo Jimenez

Reynaldo Jimenez comparte el primero de sus dos libros sobre el cine Enteoremas Paradisiacas, empezando con Cine e Inocencia 1 que aborda a partir de la filmacion del Living Theatre. Gracias Reynaldo

Maquetación 1

Para contrarrestar las influencias restrictivas del cliché histori- zante en que se suele sumir al film documental, el manifiesto desbordante de marty Topp con el living Theatre,2 Paradise Now: The Living Theatre in Amerika, 1969, merced a una “uni- versal mutant Production”, en realidad el también cineasta y fotógrafo norteamericano ira Cohen, uno de los colocados en proinducción psicodélica desde mucho antes de su cataloga- ción. en este registro la retina esponjosa de la cámara absorbe y expele energías: a través del entre los cuerpos filma la ema- nación. la manipulación técnica no impide —al contrario, en la colocación que acentúa lo estimula— grabar algo así como los desprendimientos corpusculares del aura, plasmoexudados en la carnalización. lente-sudario que no se oculta detrás del guionado, las bambalinas de producción o la recitación que drama-atiza lo ficto del verosímil, porque no elude el bulto y ni mucho menos se esconde de sus objetos: perfórmatas y pú- blicos mézclanse, interemiten. y así la cámara, pálpebra.

Para entrometerse realmente en el aconteciendo,3 la imago que desliza al tempo que desencarrila, interactúa —la ki- noedición, duración escandida— con los cuerpos filmados, desacosados, acechantes en la curvatura que inclina o derrumba los atisbos de coreografía, la posible partitura puerto apenas de partida. ya no captura de rostridades sino plasma, acaso vio- lencia hasta lo grotesco e inhóspito, la contorsión de acciones inestables que muerden, peroran, patean, rascan, arañan pero también acarician, palpan y con todo ello rasgan la ilusión fa- lluta de la continuidad: comportamientos asignados, hábito del gesto adormecido, adoctrinamiento siempre fundamenta- lista del foco. Filmado el happening no se pasea delante de la cámara, cuyo supuesto de objetividad se ve lúdica y lúbrica- mente burlado. Hasta la imperfección técnica se incorpora al collar de hallazgos o mejor dicho al enhebrado de vértigos. Si pleno el vértigo, con espacio aun suficiente de paciencia para con el accidente, que de esta suerte inicia su reversión, deja la cáscara del ser para impregnarse de los estares y sesgares del entre.

la cámara, ventosa instrumental para la destilación del claroscuro, se inmiscuye, deja de ser útil a las doctrinas de la mirada, para devenir antena de lo que no se ve entre lo que acontece, visualidad que filma heterogéneos, compuestos de visibles e invisibles, machihembrares. Se incluye la translente mientras y solo mientras hace al aconteciendo. un proceder así traspasa la explicitación discursiva, corriente de electromagné- ticos intercórpores, ocurre en cuanto imagen que toca y acaso conmueve regiones soterradas del estar, en las cuales el Ser no reconoce dominio ni —revoluta en flor— se reconoce.

el éxtasis no resulta imagen porque no puede ser pro- ducido, reproducido, retroproducido. es inmanente a las ema- naciones. lo que absorbe el registro fílmico es algo así como el polen de una impregnación que brinca de la duración a una espaciotemporalidad en que toda imagen, librada a su devenir en varia dimensión, continúa moviéndose, gusaneando, para no dejar de insurgir, a manera de un plegamiento de la aten- ción, que la desraquitiza, porque ya no la descepa de sus múl- tiples interlocutores humanos y extrahumanos, a efectos nunca colaterales de esas lateralidades inmanejables que trabajan al interior genésico de la imagen. el viento entre los cuerpos es la imagen que los filma.

lo que nos sobresalta es la hilacha salivada de esa me- ditación buscándose intacta en el aullido. entre los desgarros de la evidencia avanza hacia nosotros la máscara bichesca de la desnudez. el cuerpo entero mima su animalidad. Se adelanta el ancestral y, como siempre estuvo antes, sin reconciliación sintética entre los entres, fuera de las componendas provisorias de nuestros sincretismos, exhibe la materia carnal involucrán- dose en el amasijo preadámico, contrahechizo de lesa destila- ción de los primordios.

Aby Warburg, refiriéndose al turning point de su viaje a arizona (1895) alega en su conferencia fotográfica “imágenes de los indios pueblo de norteamérica” (1923):

lo que me interesaba como historiador cultural era que, en medio de un país que había hecho de la cultura técnica una admirable arma de precisión al servicio del intelectual, pudiera conservarse el enclave de una clase humana, pri- mitiva y pagana, que —si bien con el motivo totalmente sensato de luchar por su supervivencia— continúa ejer- ciendo con inconmovible firmeza sus prácticas mágicas con fines agrícolas y en la caza, costumbres que nosotros sole- mos juzgar como síntoma de una humanidad muy atra- sada. Sin embargo, aquí la llamada superstición va de la mano de las actividades cotidianas. Consiste en la adora- ción de fenómenos naturales, animales y plantas, a los que los indios atribuyen una vida anímica propia, en la que creen poder influir mediante sus danzas con máscaras.

A nosotros esta combinación de magia fantás- tica y sensata funcionalidad nos parece un síntoma de es- cisión; para el indio, sin embargo, esto no resulta para nada esquizofrénico, sino todo lo contrario: es la experien- cia liberadora de poder establecer una relación sin límites entre el ser humano y el mundo circundante.4

Para entrometerse realmente en el aconteciendo,3 la imago que desliza al tempo que desencarrila, interactúa —la ki- noedición, duración escandida— con los cuerpos filmados, desacosados, acechantes en la curvatura que inclina o derrumba los atisbos de coreografía, la posible partitura puerto apenas de partida. ya no captura de rostridades sino plasma, acaso vio- lencia hasta lo grotesco e inhóspito, la contorsión de acciones inestables que muerden, peroran, patean, rascan, arañan pero también acarician, palpan y con todo ello rasgan la ilusión fa- lluta de la continuidad: comportamientos asignados, hábito del gesto adormecido, adoctrinamiento siempre fundamenta- lista del foco. Filmado el happening no se pasea delante de la cámara, cuyo supuesto de objetividad se ve lúdica y lúbrica-


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