Discurso en la Feria Internacional del Libro en Lawrence Massachusetts. Eduardo Gonzales Viana

CERCA DE UN MILLAR DE PERSONAS ACUDIERON EN LAWRENCE, MASSACHUSSETS, CERCA DE BOSTON AL TEATRO DONDE SE HACE LA FERIA DEL LIBRO. AL RECIBIR ALLí EL PREMIO NOVELISTA DEL BICENTENARIO, decidí recordar una historia de mi infancia y este fue mi discurso:

Un día en mi pueblo, cuando yo tenía 15 años, visité a una tía abuela llamada Mercedes que acababa de cumplir 99.

Al entrar en su casa descubrí que ella estaba rezando el rosario. Como no me había visto, tomé asiento cerca de ella para no interrumpir su devoción, y me dediqué a leer una revista. Sin embargo, había algo de extraño en el asunto: mi tía Mercedes recitaba solamente la primera parte del Ave María, y se quedaba un rato esperando como si estuviera en la iglesia o como si alguien a su lado recitara el “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Miré hacia uno y otro lado, y no encontré a su probable acompañante. Mi curiosidad me hizo levantarme y me fui aproximando a la solitaria devota. Al final, descubrí que había alguien a su lado, pero no era un ser humano. Era su gato. Cada vez que mi tía terminaba la primera parte del Ave María, el gato la acompañaba con un largo ronroneo, como hacen siempre los felinos cuando de puro cariño prenden su motor interno junto a alguien que los ama.

CREO QUE ESE DIA FUE DEFINITIVO en el inicio de mi vocación literaria. Me di cuenta de que la literatura sirve como el gato de mi tía Mercedes para evitar que estemos completamente solos en el mundo y para permitirnos que aun en las mayores soledades, podamos comunicarnos con nuestro Dios, el universo, nuestra tierra y la gente que más queremos en ella.

Como el gato que despertaba a mi tía luego de un largo rosario, pensé que la literatura debería sacar del letargo a nuestra gente y hacerle ver que la democracia y la libertad no se regalan sino que se conquistan.

Mis libros no pueden borrar la explotación de los pobres, la corrupción de los poderosos, ni la tortura y el genocidio con que se suele reprimir la cólera del pobre y del justo. Mi literatura no va a cambiar al mundo, pero me impulsa a servir causas generosas y valores sin los cuales el hombre deja de ser hombre y la sociedad se hace insoportable.

EN BOSTON AL PARTICIPAR EN ESTA FERIA DEDICADA AL PERU, me siento más que nunca orgulloso de ser peruano. En mi país, un presidente decidido y un pueblo valiente han clausurado una vicioda herencia de la dictadura, un Congreso que solo ha servido para amparar a los corruptos.

QUISIERA MáS. Quisiera que se acabara con este estado de guerra que persiste luego de hbaerse terminado el siglo pasado el conflicto interno. Los derrotados de entonces han pasado 10, 20 o más años en la cárcel, y ahora a la mayoría de ellos se les niega el trabajo en sus profesiones. En múrito de una ley pervertida, se ha ingresado en un cementerio y se ha desenterrado los huesos de los presos. Eso es perversidad. La perversidad y la corrupción son herencia de la dictadura.

ME ACABAN DE DAR EL PREMIO NOVELISTA DEL BICENTENARIO. No puedo recitar un poema por eso sino agradecerles a quienes me lo han conferido, hacerlo en la forma en que suelo hablar y decirles lo orgulloso que me siento de ser peruano.Gracias.


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