Las deidades principales de los Andes prehispánicos. Roberto Ojeda Escalante

[ A propósito de los nombres de Wiracocha Roberto Ojeda comparte un esclarecedor estudio del intento de los curas en reducir un haz sagrado al dios único. Al respecto también han escrito Henrique Urbano y Cesar Itier. Walter Aparicio tiene un corto sobre Pachakamac que no se si esta muy difundido. Roberto Bustamante habla también de Lecturas sobre el Pariaqaqa y su relación con la poesía actual , y por su parte Julio Noriega rastrea la depuración de los significados quechuas que no se ajustan al diccionario monoteísta. Queda claro que  todo estos procesos de entendimiento de lo sagrado en el ande deben ser pensados mas allá del monoteísmo no solo como religión sino como epistemología. Este artículo apareció en el blog del Centro Cusqueño de Investigaciones  Históricas Enfoque CCIE. Gracias  Roberto]

 

Las deidades principales de los Andes prehispánicos

 

Por: Roberto Ojeda Escalante

Los cronistas y evangelizadores españoles nos relatan las hazañas de un dios andino semejante al dios de los cristianos, probando que los indios estaban predispuestos a la evangelización. Esto trajo confusiones que hasta hoy se repiten en torno a la religiosidad y la mitología andina. El “dios creador andino” (como lo llamó Pease) es identificado con Wiraqocha, aunque estudios más recientes han demostrado que no era un dios creador como Jehová o Alá, sino más bien ordenador, es decir que llega para poner orden en un mundo ya existente, tal como hicieron otros dioses mitológicos de diversas culturas.

Los varios nombres de Wiraqocha

Lo primero que resalta de Wiraqocha es la cantidad de nombres que le asignan: Contici, Illa Tecse, Pachayachachic, Pachacamac, Tunupa, Tauapaca, Arnauan, Usapu, Tarapaca, Caylla, Coniraya, Wari, Tocapu, Imaymana. En la mayoría de los casos algunos de estos nombres aparecen precediendo al nombre Wiraqocha, en otros se ve claramente que es una asociación forzada con otras deidades (Pachacamac) que tenían sus propios cultos y mitos. Pachayachachic es una invención colonial para decir “el hacedor”, expresión que se usó para evangelizar y se asoció al dios andino para hacer más fácil dicha evangelización. Algo similar sucedió con el Aia Paec moche que no figura en ningún mito y cuyo nombre es probable invento evangelizador (Gayoso).

En el antiguo Egipto existían dos dioses principales en los dos reinos que conformaban el país, Amón y Ra, en determinado momento el país se unificó y ambos dioses fueron fusionados en una entidad denominada Amón-Ra. Es el ejemplo más conocido pero no el único. Incluso el dios del Antiguo Testamento sirve como ejemplo complementario, llamado Yahvé en unos momentos y Elohim en otros, Juan Echánove demuestra que estos nombres correspondían a dos divinidades diferentes que finalmente fueron fusionadas en una nueva entidad (Echánove 2008). Estas menciones bastan para entender que los varios nombres de un dios nos recuerdan la existencia de dos entidades superpuestas o fusionadas de acuerdo al vaivén de la historia de sus pueblos.

En el caso de Wiraqocha, la asociación de nombres se da de forma diferente en cada región. Coniraya Wiracocha aparece en la costa central, Contici Wiracocha en la sierra sur, Tauapaca o Tarapaca y Tunupa son del Titicaca. Los primeros cronistas hablan de Contici o Tuapaca, asociándolos a Wiraqocha. Décadas después algunos le añadirán el Pachayachachi o el Illa Tecsi, con claras intenciones de asociarlo al dios cristiano. Arnauan y Usapu son atributos más que nombres, Tocapu e Imaymana aparecen como sirvientes de Wiraqocha antes que personificaciones suyas. La asociación con Wari es insinuada en testimonios coloniales.

La reelaboración de una deidad central andina

Revisando las varias versiones del mito, reconociendo la existencia de entidades diferentes en cada nombre, encontramos diferencias y similitudes en las divinidades andinas asociadas. Así, mientras Wari es un dios solar y agrícola, Wiraqocha está más asociado al rayo y a los pastores (llacuaces). Tauapaca (y Tunupa) es un dios del altiplano, cuyo mito es similar al de Wiraqocha, algo así como el Zeus griego y el Júpiter romano. En el caso de Contici (Qontiksi o titsi según Torero) y Coniraya (Kuniraya) se ha querido ver en estos una asociación del dios costeño Kon y el andino Wiraqocha, idea posible por los atributos fluviales de ambas deidades, y reforzada por la desaparición de la primera sílaba en algunas crónicas (Kon Ticsi reemplazado por Illa Tecse).

Si rastreamos el orden en que se va mencionando al dios veremos a la vez cómo va siendo transformado. A mediados del siglo XVI, Las Casas lo llama Condici o Conditi Viracocha y menciona que tenía un hijo malo llamado Taguapica. Betanzos lo llama Contiti Viracocha o Ticsi Viracocha y le añade el Pachayachachic, además menciona que andaba vestido de blanco hasta los pies. Cieza lo nombra Tici Viracocha, dice que era blanco y que en el Collasuyo le decían Tuapaca y Arnaua. Por la década de 1570, para Polo y Sarmiento es Ticci Viracocha, el último añade que era blanco, llevaba un libro y tenía un hijo rebelde llamado Taguapacac. Finalizando el siglo, Valera le llama Illa Tecse (luz eterna) Viracocha. Ya en el XVII Santa Cruz Pachacuti dice que era barbado y da los nombres Ticci Capac, Pachayachachi, Taguapaca, Tarapaca y Tonapa. Guaman Poma añade Ticze Caylla Uiracocha. Finalmente Montesinos asume Illaticsi Viracocha y a mediados de ese siglo, Cobo lo llama Ticze Viracocha Yachachi.

Como vemos, no sólo el nombre sufre variantes a través de los años, sino que el personaje va siendo “blanqueado”, al punto de ser presentado como el apóstol Santo Thomas (Ramos, Pachacuti) o San Bartolomé (Guaman Poma) a inicios del siglo XVII. Los cronistas que recogieron las versiones del altiplano no mencionan a Wiraqocha pero sí a Tunupa y Tauapaca (Ramos, Calancha, Bertonio, Santa Cruz Pachacuti) pero su historia es muy similar, al segundo también lo mencionan Cieza y Sarmiento, porque recibieron testimonios de esa región, pero lo asocian a Wiraqocha. Como ya vimos anteriormente, los mitos suelen reelaborarse según el discurrir histórico y esto pasó con estas divinidades, cuyo mito fue reelaborado por los evangelizadores católicos.

Las diosas olvidadas

Hasta ahora hemos seguido el discurso colonial que habla de una deidad masculina, eso ha limitado nuestra aproximación al pasado y su mitología, pues la religiosidad andina parte de un principio complementario entre personajes masculinos y femeninos. Así como existe el sol y la luna, existen deidades femeninas como Pachamama o Mamaqocha, también existen apus masculinos y femeninos. Resulta arbitrario pensar que eso no sucedía con los grandes “dioses”.

En la mitología andina existen muchos héroes y casi siempre se ha opacado la presencia femenina, perdiéndose o disminuyéndose el rol de las heroínas. El cronista Oliva relata un mito del golfo de Guayas y Tumbes, protagonizado por el héroe viajero Quitumbe, pero es su esposa Llira la que termina destacando en la historia. En la cultura Valdivia (Guayas) existen estatuillas femeninas que nos recuerdan a esta heroína fundadora. La pareja de Manqo Qapaq era Mama Waqo, muy reverenciada en los ritos agrícolas del Cusco y personaje central del mito fundacional inqa. Otro ejemplo destacable es el de las 3 mujeres piedra de Pucara, descritas en un mito contemporáneo que sirvió de base a Flores y Cuynet para relacionarlas con tres esculturas pucara, y que de alguna manera recuerda a las mujeres guerreras de Chungara (mito mencionado por Cieza).

Maritza Villavicencio hace un detallado repaso de la presencia femenina en espacios de poder en el Perú prehispánico, particularmente en la costa. Allí destaca la existencia de la diosa Urpay Wachaq, deidad de los peces y las aves marinas, denominada esposa de Pachakamak. En realidad la asociación al dios telúrico parece posterior, siendo contrincante más bien de Coniraya, lo que nos lleva  a pensar si no fue ella la primera rival del dios Kon. Otra diosa aparece en la sierra central con el nombre de Raywana, definidamente agrícola y probablemente ligada a Wari (Shady). Raywana proporciona los alimentos a la gente y Wari aparece como dios constructor, ambos de un pueblo agrícola.

El dios Tunupa se transforma en femenina en el sur del altiplano, dando nombre al volcán que domina el salar de Uyuni, de la que se cuentan varias historias. La transformación de género en divinidades con el transcurso de los siglos no es algo extraño, sucede en muchas culturas, aunque podría ser que en este caso no fue una trasformación de masculino a femenino sino viceversa. Eso explicaría la dualidad Tunupa-Tawapaka, que son reiterados como dos entidades por los cronistas del altiplano, resaltando más al segundo que además es mencionado en más versiones. Sin embargo, en la memoria popular se mantiene más el recuerdo de Tunupa, en gran parte en su versión femenina. Esta pareja divina ¿será la misma que aparece en las esculturas Yayamama, la divinidad de la comida?

En la comunidad Chipaya se sigue contando la historia de Tunupa pero protagonizada por “el saqra”, y es que muchas divinidades fueron asociadas al diablo o reemplazadas por el dios cristiano. Resulta llamativo que en varios casos los wakas fueran reemplazados por imágenes de la Virgen, en el caso de la Candelaria-Copacabana es indudable que reemplazó a una deidad femenina. Si Tawapaka se convirtió en Santo Tomás no sería raro que Tunupa se transformara en la Virgen Candelaria y en la Virgen del Socabón.

Aún hay una diosa más misteriosa que mencionar. En los listados de wakas de Cobo y Albornoz aparece una denominada Mama Raroy o Mama Roray, que era una representación de la mujer de Tiksi Wiraqocha (Cobo dice que representaba a las mujeres de Wiraqocha, en plural). Mama Ruray sería la “madre hacedora”, pareja de Tiksi Wiraqocha, de la que no queda más que esta mención. Quizás debamos pensar más en una pareja divina en la cúspide de las religiones andinas, representada en la tradición Yaya-Mama, pero también en la iconografía del Dios de los Báculos (Chavín y Wari-Tiwanaku), que incluye versiones masculinas y femeninas.

Referencias bibliográficas

(1988) Albornoz, Cristóbal y Molina, Cristóbal de. Fábulas y ritos de los incas [1573]. Madrid: Crónicas de América.

(1982 [1639]) Calancha, Fray Antonio de la. Crónica moralizadora del orden de San Agustín en el Perú. Lima: Prado Pastor.

(1973 [1553]) Cieza De León, Pedro. La crónica del Perú. Lima: Universo.

(2016) Duviols, Pierre. Escritos de historia andina. Lima: Biblioteca Nacional del Perú.

(2008) Echánove, Juan. Ecos del desierto. El origen histórico del monoteísmo. Quezon City (Filipinas): Centra Books.

(1999) Eliade, Mircea. Mito y realidad. Barcelona: Kairos.

(2017) Flores, Luis A. y Cuynet, Francois. Cuando el mito se vuelve piedra: memorias alrededor de estelas pukara en el norte del Titikaka, Perú. Chungara, Revista de Antropología Chilena. Volumen 49.

(2014) Gayoso Rullier, Henry Luis. ¿Porqué Chicopaec y Aiapaec no son nombres de dioses?. Chungara, Revista de Antropología Chilena. Volumen 46.

(1980 [1605]) Guaman Poma De Ayala, Felipe. El primer nueva corónica y buen gobierno. México: Siglo XXI.

(2001) Haeberli, Joerg. Tiempo y tradición en Arequipa, Perú, y el surgimiento de la cronología del tema de la deidad central. Boletín de arqueología N° 5. Lima: PUCP.

(2010) Isbell, William. La arqueología wari y la dispersión del quechua. Boletín de arqueología N° 14. Lima: PUCP.

(1895 [1613]) Oliva, Juan Anello. Historia del reino y provincia del Perú y varones insignes de la santidad de la Compañía de Jesús. Lima: Velra.

(2014) Pease García, Franklin. El Dios creador andino. Cusco: Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco.

(2003) Rostworowsky, María y otras. Los genitales femeninos en la iconografía andina prehispánica. Revista Psicoanálisis N° 3. Lima.

(s/f) Shady Solís, Ruth. La Diosa Huari: versión actual de una mujer de la sierra central de Perú. Boletín del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Mayor de San Marcos. Lima: UNMS.

 

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