NARRATIVA ANDINA POSARGUEDIANA: PROXIMIDADES Y DISTANCIAS. Niel Agripino Palomino

[Luego de las celebraciones del centenario del nacimiento del apo José María Arguedas, con  Enrique Rosas Paravicino y Nilo Tomaylla sembrando  los almácigos, ha ido creciendo, de modo arbóreo, un discurso critico sobre narrativa  andina post arguediana. En la presente entrega, ponencia  en un congreso lingüístico y literario en la Universidad San Cristobal de Huamanga, Niel Agripino Palomino traza lo que serian sus características técnicas, no sin señalar aspectos epistémicos. Cabe señalar que no menos importante es el procesos de reteriolizacion del sujeto y el objeto andino, que  habla en primera persona, sin traducción cultural y -si bien persisten viejas practicas de validarse frente a otros sistemas- con seguridad y autonomía. Al respecto  puede ser util consultar Kachkaniraqmi y a escritura postarguediana, Como señala Niel, hay  que plantear el tema desde una posicion no subordinada. Kayta nispaymi Nielpa qillqasqanta liyiykamusun.]

NARRATIVA ANDINA POSARGUEDIANA: PROXIMIDADES Y DISTANCIAS

  1. Deslinde terminológico y conceptual

¿Cuál es el sustento etimológico del vocablo Ande? ¿Cuáles son sus implicancias semánticas? ¿Lo Andino es antípoda de lo costeño y lo amazónico? Desde la etimología, el término Ande proviene del quechua “anti” (es posible que provenga aún del puquina) y refiere al casquete orográfico o cadena montañosa que abarca casi toda Sudamérica (siete países en total), desde la Patagonia hasta la costa del Caribe. Para ser precisos, el término “anti” no aparece en el Vocabulario aimara de Bertonio, tampoco en el Lexicón de fray Domingo de Santo Tomás. Empero, sí es establecido por González Holguín en su Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del inca, de la siguiente manera: “Ante. La tierra de los andes”. (1952: 28). En la siguiente página consigna lo siguiente: “Ante suyo. Una de las cuatro parcialidades o partes del Perú”. Por su lado, en el anónimo Arte y vocabulario en la lengua general del Perú llamada quichua de 1586, consigna las siguientes entradas: “Anti. Los andes. (…) Anti suyu. Una de las cuatro partes de este reino”. (20014: 51). Más allá de este significado, según el sistema de los siq’is, los puntos cardinales, los mapas y la misma memoria colectiva, “anti” hace referencia al sector noreste del Cusco, específicamente a la selva cusqueña por Urubamba, Calca, La Convención y todo lo que continúa. Por lo que podemos concluir que desde el punto de vista etimológico, ande incluye a la selva. Empero, los vocablos se resemantizan y con el tiempo cambian hasta de significado. Anti finalmente se restringió solo para lo que hoy llamamos sierra. Por otro lado, ¿cuál es la lengua de la novela andina? Hasta ahora diríamos: el castellano estándar, el castellano andino y el quechua. Entonces, concluimos que la narrativa andina es aquella obra escrita por narradores nacidos en los andes o por narradores de otros lares que vivieron o viven en los andes, circunstancia que les permite contar con conocimiento genuino sobre el hombre y el universo andinos. Por cuestión de precisión geográfica y cultural se excluye a la buena narrativa selvática. Son excluidos también de la narrativa andina, los escritores limeños que con una carga ideológica colonial que subyace en su criollismo y sumado a la ignorancia del mundo andino, escriben sobre los andes con muchos yerros que atentan contra la misma ficción. Y, con el vocablo narrativa posarguediana hacemos referencia al cuento y a la novela publicada por narradores andinos o ambientados en los Andes después de la última novela del narrador andahuaylino José María Arguedas.

Con este deslinde terminológico, veamos los conceptos y características a las cuales arribaron los teóricos y teorizadores de la narrativa andina. Bajo el sello de la Editorial Pasacalle, el año 2004, el narrador huancavelicano Zeín Zorrilla publicó su contundente punto de vista en La novela andina, tres manifiestos. En dicho libro dice: “Entiendo por Andina toda manifestación cultural que se genera en el espacio geográfico de los Andes cuyas estribaciones orientales se levantan de las junglas amazónicas y sus occidentales se hunden en las pacíficas aguas del océano que alimentó a nuestros antepasados”. (2004; 15).

En la cita, Zorrilla precisa el significado de andino. En sus manifiestos, afirma que lo andino trasciende lo indigenista. En la categoría andina, lo indigenista es apenas una vertiente cuyos representantes circunstanciales mayores son Ciro Alegría y José María Arguedas. Pero, eso ocurrió en la primera mitad del siglo XX. En la segunda mitad, como testimonio de los decisivos cambios sociales y políticos que sacudieron los Andes y tuvieron repercusión en la Costa, la novela y la misma narrativa andina cambia de temas y tramas.

Lo dicho por Zeín, nos permite concluir que la narrativa andina recibió los efluvios de la narrativa moderna y los empleó para retratar el drama contemporáneo del hombre andino. Ese drama que ya no solo es en la sierra, sino en Lima y en la Amazonía, pues hasta esos lares ha migrado el hombre andino ya sea en busca de la tiranía del gamonal y de la violencia senderista y del estado, como en busca del oro. Así, gran parte de la narrativa ambientada en la selva tiene como protagonista al migrante andino.

El escritor y crítico literario Juan Alberto Osorio, en dos oportunidades ha logrado sistematizar la narrativa andina. En Sobre Literatura Peruana dice: “Lo andino se ha diseminado por todo el territorio nacional, al punto que la costa y la selva pueden ser entendidas como extensiones de lo andino. Por ello, en Lima como en otras ciudades, existen posibilidades concretas de una narrativa desde una perspectiva andina”. (2018; 79). Sobre el mismo tema, el narrador cusqueño Enrique Rosas en su libro Elogio de la escritura radical, afirma:

La narrativa andina posarguediana es la proyección natural del neo-indigenismo, pero con una combinación de nuevos elementos culturales, contextuales y sociales, conforme se torna más compleja la sociedad peruana en el último medio siglo. Como tal es también la continuadora de los postulados centrales del realismo social europeo, cuyos principios de justicia, solidaridad y lucha los asume, teniendo en cuenta las condiciones particulares del Perú y, en gran medida, a través de la interpretación ideológica de José Carlos Mariátegui. En concordancia con esta caracterización, nos interesa aquí lo que se produce luego del ciclo que se cierra con Arguedas y las colindancias que este proceso tiene con las últimas oleadas modernizadoras.

Ciertamente resulta apropiado señalar a Manuel Scorza como el punto de partida referencial de este periodo por cuanto la novelística andina posarguediana se inicia con la saga denominada “La guerra silenciosa” de Scorza. La primera publicación de este narrador, Redoble por Rancas, data de 1971… (2011; 156).

Rosas Paravicino, exponente destacado de la narrativa andina posarguediana, señala algunas características y afirma que esta es una proyección del neoindigenismo; que es continuadora del realismo social europeo por los principios de justicia, la interpretación de la ideología mariateguista; pero, el rasgo más importante que señala Rosas es que la novela posarguediana empieza con Redoble por Rancas, la novela más famosa de Manuel Scorza publicada en 1971. Curiosamente, este mismo año también se publica, de manera póstuma, la última novela de Arguedas: El zorro de arriba y el zorro de abajo.

El escritor y maestro universitario puneño Jorge Flórez – Aybar en su compendioso libro Literatura y violencia en los andes, cuestiona la periodización de la literatura peruana hecha por el canon y propone esta nueva:

  1. Autónomo o prehispánico,
  2. Colonial o hispánico,
  3. Indigenista,
  4. Neoindigenista,

El mismo Flórez – Aybar aclara: “Las periodizaciones o corrientes literarias, en el mundo occidental, se contraponen. En el mundo andino cada periodo es una consecuencia, un arribo unilineal”. (2004: 41).

 

  1. Deslinde cronológico, principales obras narrativas y exponentes

Como se ha venido diciendo, la primera novela posarguediana es la insuperable Redoble por Rancas y el año exacto es 1971. Por el lugar en el cual está ambientada, esta es una novela de Cerro de Pasco. La siguiente novela andina lleva por título Los hijos del orden (1973) del narrador cajamarquino Luis Urteaga Cabrera. En 1974, el narrador ancashino Marcos Yauri Montero publica En otoño, después de mil años. También en 1974 el prolífico escritor canteño Félix Huamán Cabrera publica El pedregal de Yaname. Desde el Cusco, en 1989 el escritor Ángel Avendaño lanza a circulación Los cuervos de San Antonio. Esta es una novela inquietante, que expone todo el aparato de corrupción y mediocridad dentro de la universidad cusqueña.

En la década de los 80 se produce el boom de la narrativa andina. Primero con cuentos cuya temática es la violencia, aparece Luis Nieto Degregori con Harta cerveza y harta bala (1987) y Como cuando estábamos vivos (1989). Enrique Rosas publica Al filo del rayo (1988). Para completar la trilogía de cusqueños, Mario Guevara Paredes publica en 1988 su libro de cuentos El desaparecido y, en 1995 su más famoso libro Cazador de gringas y otros cuentos. El escritor huanuqueño Samuel Cárdich, en 1986 publica su volumen de cuentos Malos tiempos. El escritor chalaco Dante Castro Arrasco publica en 1986 Otorongo y otros cuentos. A este volumen le seguirán Parte de combate (1991), Tierra de Pishtacos (1992). Este último libro mereció el prestigioso Premio Casa de Américas en 1992. El escritor piurano Cronwell Jara publica Las huellas del puma de 1990. Jaime Pantigozo para 1998 publica Y se fue con el viento, su primer volumen de cuentos. El escritor ancashino Macedonio Villafán publica en 1999 Los hijos de Hilario, un volumen de cuentos. La mayoría de estos narradores fueron galardonados por el Premio Copé, en sus distintas versiones.

Para la década de los 90, algunos de estos mismos escritores pasan del cuento a la novela con gran acierto y otros publican sus novelas más consagratorias. Así tenemos La violencia del tiempo (1991) del narrador piurano Miguel Gutiérrez, País de Jauja 1993 del narrador huancaíno Edgardo Rivera Martínez. Ximena de dos caminos (1994) de la narradora juniniense Laura Riesco y Rosa Cuchillo (1997) del ancashino Óscar Colchado Lucio. Estas cuatro novelas andinas, son las novelas peruanas más importantes de la década de los 90 del siglo pasado. Asimismo, recuérdese que En otoño, después de mil años obtuvo el premio Casa de las Américas de 1974, País de Jauja fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos de 1993 y Colchado obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo e año 2016. A estos, le siguen otras de la misma calidad. El año 1994 el cusqueño Enrique Rosas Paravicino publica El gran señor, su primera buena novela. Le seguirán a esta, Muchas lunas en Muchu Picchu (2006), Suenan las campanas de Cusco (2015). El año 2003, Luis Nieto Degrogori publicó Cuzco, después del amor. La primera novela urbana del Cusco cosmopolita. El año 1996, el narrador huancavelicano Zeín Zorrilla publica su novela Dos más por Charly. El cajamarquino Miguel Arribasplata Cabanillas publica en 1986 su novela Los tres estamentos, el año 1898, Obdulia de los alisos y el 2001, Bajada de reyes. El narrador apurimeño Nilo Tomaylla publica en año 2005 su novela Crónicas del silencio. El 2006 el ya consagrado narrador apurimeño Feliciano Padilla, publica ¡Aquí están los Montesinos!, su primera excelente novela. El escritor puneño Christian Reynoso para el año 2007 nos sorprende con Febrero Lujuria, novela de la festividad de la Virgen Candelaria y todo acto que ello congrega. El año 2017 aparece Aqupampa, la primera novela quechua del país del huancavelicano Pablo Landeo. Arribamos al año 2018, se publican dos de las más representativas novelas del país de la década 2010 – 2020: El espía del inca de Rafael Dumett y Los Túpac Amaru de Omar Aramayo. Estas últimas son, acaso, la mejor novela del bicentenario.

 

  1. Temática de la novela andina

A nivel del tema, la narrativa andina es diversa. A continuación exponemos las principales:

  • La minería irresponsable que despoja a los campesinos sus tierras comunales y destruye la Pachamama.
  • Persistencia del latifundismo confabulado con el poder judicial y político.
  • Las luchas campesinas por recuperar las tierras despojadas por el latifundismo.
  • El ayni o trabajo colectivo del hombre andino para afrontar las desgracias naturales.
  • El cacicazgo abusivo de las autoridades políticas y judiciales.
  • La universidad, sus tres estamentos, relación maestros alumnos y la corrupción de grupúsculos que se enquistan en el poder dentro de la universidad.
  • El país mestizo, en el cual, fiel a sus raíces andinas, pero abierto a la modernidad y a otras culturas, y enriquecido por ellas, se forje un Perú integrado.
  • La frustración de un joven migrante que no puede lograr su ingreso a la Universidad Nacional de Ingeniería.
  • El rostro cosmopolita de las capitales de las provincias producto del flujo del turismo: el brichero.
  • La violencia político social de la década de los 80 y 90.
  • La teogonía andina o la deidad andina en el kay pacha y el hanaq pacha.
  • Las festividades religiosas sincréticas y todo lo que implica dicho evento.
  • El drama del mundo rural piurano: temores, amores, venganzas, etc.
  • La formación de las barriadas y vida azarosa de los migrantes en los pueblos jóvenes.
  • La historia andina o la historia incaica: sus personajes, sus revolucionarios y mártires.
  • La lucha de una familia de terratenientes contra el centralismo limeño.

Al respecto, el buen narrador andino Zeín Zorrilla afirma: “Los temas de la novela andina contemporánea, no son más los temas de la novela indigenista. Andino no es más sinónimo de Indigenista”. (2004; 16).

Estos narradores tuvieron también críticos y reseñadores desde los Andes como Manuel J. Baquerizo, el puneño Jorge Flórez – Aybar, el norteamericano Mark Cox y desde la costa como Tomás Escajadillo. Están también revistas como Sieteculebras, Apumarka, Revista de Literatura Peruana, esta última con ediciones dedicadas íntegramente a la literatura de las provincias. Desde la San Marcos, está Gonzalo Espino Relucé y desde la Católica, Ricardo Gonzáles Vigil. Desde el predio del periodismo, fue fundamental el papel del narrador limeño Maynor Freire. Se reconoce, también, editoriales como Lluvia editores, Arteidea y, últimamente, Pakarina que ha optado por la producción literaria en quechua o sobre producción literaria en quechua.

 

  1. Nuevas técnicas para la nueva narrativa andina

El vocablo “arte” deriva del griego “techné” = técnica, luego pasó al latín “ars” o “artis” como equivalente a talento, predisposición y habilidad. Con el tiempo, llegó a restringir su significado al acto de esculpir belleza. Como sabemos, la obra literaria está constituida por un fondo o tema y por una forma. La forma es lo que otorga la cualidad estética a una expresión, no el tema. Se puede escribir sobre un mismo tema un texto informativo, instructivo, expositivo o narrativo, pero solo si está narrada de forma estética adquiere el rasgo de arte. Es decir, la técnica es arte o viceversa. Ahora bien, la narrativa de José María Arguedas es única en cuanto a técnica. Dicha técnica consiste en fusionar la exposición y la descripción antropológica y la narración literaria en connubio mirífico. Eso es lo más resaltante de su técnica. Lo demás es el empleo de las muy manidas técnicas de la narrativa decimonónica europea: narración lineal, monotonía en el punto de focalización, una sola historia con un solo protagonista en toda la novela. No hay uso del in media res, ni iceberg o del dato escondido, no hay tensión dramática, ni suspenso, ni sus narraciones tienen finales sorpresivos. Ni siquiera emplea las modalidades de la narración oral quechua como el “Me dijo mi abuelo, Dicen que”, ni la representación de las onomatopeyas, procedimientos propios del relato oral. El mismo José María, en el Primer Encuentro de Narradores Peruanos, reconoce su desconocimiento de las técnicas narrativas. “La realidad es que cuando yo empecé a escribir yo no tenía la menor idea de que hubiera técnicas para escribir”.   Su última novela El zorro de abajo y el zorro de arriba, en la cual intenta modernizar la técnica, es una novela trunca. Afirmar que el final de dicha novela es su muerte, es una falsedad hiperbólica, un subjetivismo notorio, no de parte del tayta Arguedas, sino de los críticos y estudiosos arguedianos. ¿En qué termina las historias de Chimbote? ¿Cuál es final de la historia de los zorros? Arguedas, empieza a escribir la novela con el propósito de darle otro final, lo escribe como una terapia, no, con la intención de que el final de la novela sea su lamentable suicidio. La incorporación de sus diarios, no es parte de un plan inicial en la novela, sino una decisión tomada a última hora. En la carta fechada en Chile el 29 de agosto de 1969, que JMA escribe al editor argentino Gonzalo Lozada, textualmente dice Arguedas:

Esta carta se la entregarán junto con el “¿Último diario?” de los “Zorros”, documento que acaso pueda, como pretende, aliviar la novela de su verdadero aunque parcial truncamiento. Tendencias y personajes ya definidos –el proyecto era amarrar y atizar en la Segunda Parte- y símbolos apenas esbozados que empezaban a mostrar su entraña han quedado detenidos. Así los capítulos de la Primera Parte y los episodios de la Segunda, llegan creo, a formar una novela algo inconexa que contiene el germen de otra más vasta. (2011: 222).

Poquísimos han estudiado la técnica de la narración arguediana. Uno de ellos es Miguel Gutiérrez, quien en su tesis Estructura e ideología en Todas las sangres, exactamente en su capítulo III concluye que la técnica en Todas las sangres es aristotélica, desde la maldición y la muerte del personaje, Arguedas emplea la técnica de la tragedia griega. Jean Paul Borel, concluye sobre la novelística arguediana: “Esas novelas, por ser buenas como tales, no tienen nada que ver con la tradición oral: ni el contenido, ni el estilo o la técnica, ni el tamaño, ni la relación con el mundo y la sociedad” (1984: 80).

Pero, no por esto la narrativa arguediana pierde valor, ni es menos que la de los demás, ni de nadie. ¡Es única! Tan singular, que algunos narradores andinos posarguedianos le han imitado y, con ello, se han opacado y se opacarán en la luz del estilo arguediano. Conocedores de ello, un gran sector de narradores andinos, se ha alejado del estilo de narrar a lo Arguedas y han optado por otras modalidades más moderna. Ese es el primer rasgo esencial de la narrativa andina posarguediana. El segundo es lo que dice el poeta apurimeño Fredy Roncalla, “la narrativa posarguediana asume su propia personalidad, ya no es una traductora de la cultura andina, ya no es una explicación de lo andino al otro”. Así pues, los narradores andinos posarguedianos escriben para todos y, principalmente, para los mismos andinos. Y como hemos dicho, tanto en los cuentos como en las novelas, los narradores andinos posarguedianos hacen gala de las técnicas más experimentales y modernas aquellas aprendidas de las lecturas de Joyce, Faulkner, Hemingway, Onetti, Thomas Mann, Onetti, Borges, Rulfo, García Márquez, MVLL. Los cuentos de Cronwell Jara recurren al in media res (desprecia las típicas presentaciones de espacio y lugar) y opta por un inicio ya desde el conflicto, mantiene una situación dramática durante toda la historia y los finales de sus cuentos son sorpresivos. Óscar Colchado va mucho más allá y experimenta la narración polifónica o coral en su cuento El huacrayo; de esta manera, un solo hecho (la muerte del profesor) es narrado por varios. En el plano de la novela ocurre lo mismo desde Redoble por Rancas de Scorza hasta El espía del inca de Dumett pasando por Aqupampa, la famosa primera novela quechua. Veamos la técnica de las novelas de Scorza: fragmentación temporal, narración intercalada, realismo maravilloso, narración hiperbólica, la titulación cervantina de los subcapítulos. El narrador cusqueño Enrique Rosas Paravicino en su novela El gran señor emplea con bastante acierto la técnica de la narración intercalada. Así, en una sola novela se cuentan cinco diferentes historias con distintos protagonistas, que ocurren en tiempos y lugares diferentes al inicio, pero al final todos coinciden en el lugar meta de la peregrinación al Señor de Quyllur Tit’i en Cusco. El narrador apurimeño – puneño Feliciano Padilla Chalco en su novela ¡Aquí están los Montesinos! emplea la narración circular, esto es, empieza con su personaje central en Quellouno – La Convención –Cusco y termina en el mismo lugar con la muerte del personaje. Hay mudas espacio – temporales (Abancay, Cotabambas, Cusco), cambios de punto de focalización, icebergs, analepsis y prolepsis, todos empleados con gran acierto. Criba de Julián Pérez, empieza con unos amigos adultos en una cantina, luego a través de saltos, se retrocede a los hechos del pasado (cuando eran niños durante la violencia política), se narrado tres historias con diferentes protagonistas, hay empleo acertado del iceberg, el diálogo directo, cambios de narrador, realismo mágico, monólogo interior. El narrador cajamarquino Miguel Arribasplata en su novela Obdulia de los alisos, lleva al extremo del monólogo interior, la oralidad del poblador cajamarquino. Rafael Dumett en la excelente novela El espía del inca recurre a la narración fragmentada, a las modalidades de las novelas de espionaje, a la narración cinematográfica, cambios de narrador, iceberg, bloques superpuestos, etc. técnicas que hacen de esta la novela total, aquella que encierra toda la experiencia humana. Esto es, existe una formidable narrativa andina, poderosa e invencible, que avanza como un río que surge en lo más alto de los andes y cuantas veces quiera llega a la costa, a Lima, alborotando el gallinero, a veces como una lluqlla, en otras como relámpago; pero siempre hialino, sabroso y vigoroso, para con esa misma intensidad, tomar vuelto mundial. Ahí están las traducciones a otras lenguas, ahí están los premios nacionales e internacionales, ahí las ediciones en otros países. La narrativa andina es la mejor que tiene esta patria, sin ninguna duda.

 

REFERENCIAS

Arguedas, José María. (2011). El zorro de arriba y el zorro de abajo. Lima: Editorial horizonte.

Cox, Mark R. (2004). Cincuenta años de narrativa andina, desde el año 50 hasta el presente. Lima: Editorial San Marcos.

Flórez – Aybar, Jorge. (2004). Literatura y violencia en los andes. Lima: Arteidea.

Gutiérrez, Miguel. (2007). Estructura e ideología en Todas las sangres. Lima: Fondo editorial del pedagógico San Marcos.

Osorio, Juan Alberto. (2018). Sobre literatura peruana. Arequipa: Quimera editores.

Rosas Paravicino, Enrique. (2011). Elogio de la escritura radical. Cusco: Editorial Universitaria de la universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.

Zorrilla, Zeín. (2004). La novela andina: tres manifiestos. Lima: Revista Peruana de Literatura.

https://www.persee.fr/doc/carav_0008-0152_1984_num_42_1_1669: Arguedas o la literatura imposible por Jean Paul Borel.

https://hawansuyo.com/2013/12/04/arguedas-y-la-cultura-andina-nilo-tomaylla/?fbclid=IwAR2tRFgkr4Ygrg-g-0bkOESr_WSjHs5juy2rAiAQGuIUtsOB66-uCxedbeg

 

https://hawansuyo.com/2012/12/21/yawar-willay-jose-maria-arguedas-en-traduccion-de-gloria-caceres-vargas/?fbclid=IwAR1JAbQQCBcnKTFLO5vJeckZJ8cF2hC8-sM_s0HH2A0ikZhg11cFc2Fu7k0

 

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