Descolonizando el Canon o cuestionamientos al canon literario desde la teoría postcolonial. Sebastián de Gaspar Carrillo

Sebastián de  Gaspar Carrillo comparte una reflexión sobre el castillo de naipes del canon, y lo tardío del boom respeto a la literatura y la risa. Si el boon pretendía ser primero de introducir el humor en al literatura Huambar les había precedido por décadas. Acertada la  critica de la literatura a partir de la oralidad, así como la necesidad de ir mas ala del canon -que no sirve para nada a no ser para engordar a las grandes editoriales-  y de la literatura entendida como texto escrito. Algo que Juan José Flores hizo al burlarse e ignorar olímpicamente el sistema literario (escrito) peruano. Otra cosa que aprendemos es que el llamado mestizaje es mas bien un ejercicio hegemónico que intenta borrar lo indígena, algo con lo cual estamos completamente de acuerdo. Gracias Sebastián. Companamos con un llaqta maqta

 

 

Descolonizando el Canon o cuestionamientos al canon literario desde la teoría postcolonial

Sebastián de Gaspar Carrillo

Se dice con frecuencia que la lectura es importante para el desarrollo cultural de una nación. ¿Pero qué leemos los peruanos? Nuestro primer encuentro con la literatura suele ser en el colegio, en el que se leen las obras que se nos presentan como representativas de la literatura peruana o latinoamericana; obras que, se supone, trascenderán el paso del tiempo debido a su excelencia artística: es decir las llamadas obras canónicas. Se denomina canon al conjunto de obras o autores, que, tras un consenso entre los “expertos” literarios, son postuladas como las expresiones mayores de la excelencia literaria. Por supuesto, tienen también un rol importante las editoriales, sobre todo las transnacionales, que con sus amplios recursos, pueden apuntalar a un autor sobre la base de campañas publicitarias generosas.

Dejando de lado la discusión sobre la calidad de las obras literarias que forman parte de nuestro canon, es innegable que el canon no es una formación objetiva y neutral, al contrario, se basa en la subjetividad de un reducido grupo de individuos letrados. Por ello, en este artículo informaré de la crítica que hacen Idelber Avelar y John Beverley (dos comentaristas poscoloniales) al canon latinoamericano, criticas que son de gran validez para el canon peruano.

Beverley reprocha que el canon refleja la centralidad del concepto de autor y la autoridad de lo escrito. Para la cultura letrada que decide el canon, lo importante es la palabra escrita, y el autor tiene un rol decisivo. Se suele entender los poemas, cuentos y novelas como parte de una obra mayor, la obra del autor, a partir de la cual se interpretan diversos aspectos de su visión del mundo. Para aclarar este asunto podemos usar como ejemplo “El sueño del pongo”, este texto fue inicialmente parte de la tradición oral andina, pero ahora, al haber sido incorporado a la escritura (a la qillqa), puede disputar un puesto en el canon. Además se le agrega un valor extra por ser parte de la obra de un autor representativo y muy importante de nuestro canon como José María Arguedas. Vemos pues, cómo es sustancial que un discurso se vea plasmado en forma escrita para ser parte de una obra mayor y acceder así al canon. Los discursos propios de la oralidad (oralitura le dicen ahora) se ven de esta forma relegados.

Una propuesta para visibilizar las expresiones marginadas por el canon, como la oralidad, es la del escritor uruguayo Ángel Rama; él propone hacerlo mediante la transculturación narrativa. Según Rama, este modelo conceptual propone que elementos de la cultura hegemónica y la subalterna contienden en proceso dinámico del cual surge una síntesis mestiza. Esto sería distinto a una aculturación, en el cual, la cultura subordinada debe renunciar a sus particularidades para ser parte de la cultura dominante. El canon. entonces, podría asumir las dinámicas propias de la transculturación.

Una primera crítica de Beverley a Rama se refiere a la noción de transculturalidad (el encuentro entre la cultura letrada y la subalterna). Dice Beverley: “en vez de ser un producto que surja de la propia subalternidad, (en especial desde la literatura), tiene el poder de incorporar (adoptar) la oralidad de las culturas regionales o subalternas, pero sólo al coste de relativizar la autoridad de la cultura oral en sí misma”. De nuevo, podemos poner de ejemplo el “Sueño del Pongo”. ¿Estaría al tanto un estudiante universitario de este relato si se mantenía en la oralidad? Arguedas logró difundir esta y otras tradiciones orales; pero siguiendo a Beverley, podríamos preguntarnos si al hacerlo no se disminuyó la posibilidad de que la oralidad se imponga como interpretación igualmente valida. Así pues, según Beverley, la literatura occidental y canónica queda siempre como el polo dominante hacia el cual se dirige la transculturación. No se trataría entonces de una SÍNTESIS, sino de una apropiación de los elementos subalternos por parte de las formas occidentales canónicas.

Según explica Beverley, en la propuesta de Ángel Rama, la única solución que les quedaría a los pueblos indígenas es el mestizaje y la integración; pero situar todo en estos términos (dice Beverley), no le permitió a Rama ubicar a los movimientos indígenas en favor de su identidad, sus derechos y su autonomía territorial, dirigidos por sus propios intelectuales orgánicos, desde sus propias lógicas culturales y visiones del mundo. La crítica de Beverley está centrada en el hecho de conceptualizar lo subalterno en los términos de la cultura occidental y no prestar atención a proyectos alternativos que se alejen de las nociones hegemónicas de la literatura y el Estado Nación que son las que guían al canon.

De ese modo, ejemplos de proyectos alternos serían: la genealogía de José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru y las memorias de su hermano, las cuales, para Beverley, muestran una transculturación desde abajo, “basada en los modos utilizados por la población indígena para apropiarse de los aspectos literarios y filosóficos de la cultura europea y criolla que pueden servir a sus intereses”. Estos intereses pretenden, justamente, establecer proyectos alternos de poder político. Sin embargo, para Beverly, no se trata simplemente de incorporar dichos textos al canon, ya que esto equivaldría a una apropiación que excluiría a la población indígena como sujeto consciente de su propia historia y la convertiría en un elemento contingente de la historia hegemónica.

Otra interesante crítica al canon es la de Idelber Avelar, quien utiliza el caso latinoamericano como ejemplo. Para Avelar, los miembros del Boom se presentan a ellos mismos como la superación de las limitaciones de la tradición que los precede. Los escritores del boom se proponen ellos mismos como la culminación de una narrativa del progreso histórico. Ellos ejemplifican, según Avelar, la retórica de la primera vez.

Los Adánicos creen que ellos son la primera vez. Carlos Fuentes, por ejemplo, afirma en su libro sobre la nueva novela hispanoamericana, que es con Cortázar donde las novelas ríen por primera vez en territorio latinoamericano. ¿Fuimos tristes lectores antes de Cortázar? Qué dirá Huambar desde Ocobamba. Como podemos atestiguar los lectores de Hawansuyo, y quienes tienen conocimiento de los pleitos de Huámbar poetastro acacautinaja y el Tayta Cura Yayala por los amores de Adelaida en la novela de Juan José Flores, hemos reído mucho antes que con las novelas del escritor argentino. Así pues, los Adánicos que tanto hablaban de los extramuros, se quedaron mirando solo su puputi. Huambar (solo es un ejemplo), no fue parte del canon latinoamericano por haber sido escrito en la periferia peruana, y además, en un idioma con elementos quechuas no subordinados al Castilla simi.

Avelar menciona también que los escritores y críticos literarios cercanos al boom habían propuesto una oposición entre lo rural (relacionado a lo simple) y lo urbano (relacionado a lo complejo y universal): la polémica más conocida al respecto es la que surgió entre José María Arguedas y Julio Cortázar. Cito a Cortázar: “A Arguedas le fastidia que yo haya dicho (en la carta abierta a Fernández Retamar) que a veces hay que estar muy lejos para abarcar de veras un paisaje, que una visión supranacional agudiza con frecuencia la captación de la esencia de lo nacional”. Vemos cómo, para Cortázar, existe una esencia de lo nacional, lo cual lleva implícita una lógica de síntesis entre los miembros de la nación bajo una esencia común. Como hemos visto a lo largo de las críticas al canon en este artículo, esa “esencia” suele ser la esencia que la cultura hegemónica proyecta sobre una nación en su totalidad, como un ñuqanchik totalizador, igualador, y como todos sabemos, los de arriba y las culturas populares de abajo nunca fueron integradas a los procesos nacionales. El VRAEM es un ejemplo actual en el Perú, muchos desconocemos incluso su significado, pese a ser un territorio peruano tan grande como Panamá y Costa Rica Juntos.

A partir del canon hegemónico y del Boom, dice Avelar, se habría mantenido la noción de literatura que ha impedido la comprensión de prácticas discursivas -orales, escritas o pictográficas- irreductibles a ella. Para Avelar existe una tiranía no solo de la literatura, sino de la escritura alfabética. En este sentido, el canon, como representante máximo de lo literario, sería poco representativo de la pluralidad de discursos del continente y se centraría en lo escrito. El Manuscrito de Huarochirí, por ejemplo, no es parte del canon, pero puede llegar a luchar un espacio por haber recogido tradiciones orales en la escritura. Sin embargo, como síntoma de la hegemonía del español en nuestro canon, las traducciones de Arguedas y de Taylor son usadas en la mayor parte de los estudios como si fuesen la versión original, dado el poco acercamiento del canon y sus cultores con el quechua.

Finalmente, la propuesta de ambos teóricos pretende no solamente lograr que lo subalterno obtenga un campo en la cultura universal y el canon, dado que para eso tendría que renunciar a su condición diferencial. Lo importante no sería llegar a un canon definitivo, sino, cuestionar constantemente el canon desde lo subalterno, desde la oralidad, por ejemplo, o desde textos como el propio Manuscrito de Huarochirí o el Popol Vuh, por poner otro ejemplo, los cuales recogen narraciones de los hombres y mujeres de Huarochirí y de los antiguos mayas, respectivamente. Sin embargo, Avelard va incluso más allá, y en una propuesta en definitiva atrevida, afirma que para dejar de lado la colonialidad, deberíamos abandonar totalmente el concepto de literatura, ya que como hemos visto, este concepto centra su atención en la escritura y las formas occidentales. La alternativa de Idelber Avelard es defender un estudio de los discursos propios de cada grupo social, sin imponerles marcos conceptuales propios de la literatura.

Escrito en los predios del Cacique Taulichusco, Agosto de 2020.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s