Totó y Marithelma. Roberta Schine

Totó y Marithelma por Roberta Schine

Tan pronto cómo contesté el teléfono oí el pánico en la voz de mi amiga, Marithelma. “Totó está enfermo” dijo. “No está comiendo y tiene diarrea severa. ¿Cómo llamo un Lyft? Tengo que llevarlo al hospital en seguida.” Le dije que yo areglaría el viaje.

Sería más rápido así.

Totó es un pájaro. Un loro gris africano de dieciocho años.

Una hora más tarde, Marithelma me envió un texto del centro médico de animales. “Totó tiene que quedarse aquí por lo menos, dos noches. Le van a dar antibióticos para parar la diarrea. Mañana, una especialista en mascotas exóticas vendrá a hacerle un escáner C-t. Pero lo peor es que tiene un problema del corazón, ‘arritmia.’ Y siguen diciendo — una y otra vez – que puede morir. Le dije que me llamara tan pronto como llegara en casa.

Entonces vino esto: “Nunca me ha caído bien ese pájaro.”

Seguido por: Me muerde y es mandón. Si le doy comida para pájaros la lanza al piso. Pues debo cocinar para él. Y repite todo lo que yo digo con una voz malvada que puede perforar los oídos. Mi ex me lo compró hace dieciocho años en una tienda para pájaros exóticos que estaba en la calle Bleecker. Créeme, si hubiera sabido que él tenía una personalidad tan podrida habría escogido otra mascota. Aun así, me siento mal de dejarlo aquí. Él va a tener miedo. Y despertarme en la madrugada sin Totó será muy triste.

Ay, Marithelma, no importa que Totó sea mandón y que lance su comida en el piso y grazne todo el día. Está en tu corazón. Lo amas y no necesitas justificarlo solo porque él es… bueno… insoportable Totó y tú son una vieja pareja gruñona.

Yo lo entiendo gracias a mi abuelo Sam. Él decía exactamente lo que tenía en mente y, a menudo, era bastante desagradable. Siempre tenía un puro en la boca y le decía a la gente: “¿Te molesta el humo del puro? Porque si es así, puedes salirte del cuarto.” Todos se quejaban de él. Pero al final de su vida yo descifré el código. De repente, vi en su corazón y estaba lleno de amor. Ahora puedo elegir amigos que muchas personas pasan por alto. Tú también tienes esa habilidad, Marithelma. Siempre he sabido eso de ti.

Unos dias después, Totó llegó a casa. Tan pronto como Marithelma abrió su jaula de viaje él voló a su hombro y comenzó a cantar – suavamente. Los mensajes de mi amiga se han aligerado. Incluso tenía la capacidad de bromear acerca de la situación. “La caca de Totito es normal,” me dijo en un mensaje de texto que me envió ayer. “Voy a llamar al New York Times!”

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