Notas para el estudio de la poesía quechua de Luis Rivas. Mauro Mamani Macedo

Mauro Mamani Macedo comoarte su participacion en ek himenaje que se le hicera al porta Luis Ruvas Loazya en el XIX Encuentro de Literatura Apurimena el pasado 23 de agosto. Este fn de semana Mauro participara en el III Encuentro Cultural Apurimac con una ponencia sobre el recordado Manuel Scorza

 

Notas para el estudio de la poesía quechua de Luis Rivas

Mauro Mamani Macedo

 

El propósito de estas notas para el estudio de la poesía de Luis Rivas es demostrar que en su poesía quechua la cosmovisión andina cumple un rol estructurador de su poética a través de diversos elementos de la naturaleza, como la piedra, la lluvia, la libélula, la flor, el viento. Todo ellos están dotados de un intenso vitalismo y tienen la función de proteger la vida mientras el sujeto poético viaja por el mundo para luchar por la libertad, ese espacio lejano donde tiene que librar una batalla y vencer para sembrar con seguridad. Así evidenciamos que no existe una separación entre el hombre y la naturaleza, sino que todos participan como una colectividad que busca vivir respetando los principios runa.

 

La misión de la piedra: En el poema “Rumi”, la piedra está dotada de plena sensibilidad, el hablante lírico le pide que no se vaya a caer, que lo espere porque parte para besar la libertad o luchar por ella. Le exige que resista porque en el estado en que se encuentra puede derrumbarse. En el poema se contrasta el tiempo que demorará en volver, un ratito, con el tiempo que espera la piedra, que es de miles de miles de años. Entonces la hermana piedra tiene un tiempo de espera extenso. Advertimos dos horizontes de interpretación: Primero, siente profundamente la ausencia, ello multiplica el tiempo. Segundo, que la piedra represente al pueblo que, con mucho esfuerzo, vive tantos años sosteniendo la vida en un universo de peligros. Así extiende su ámbito significativo desde la piedra sensible, que recibe la misión de conservar la vida del pueblo, a la familia, la gente; sostenida en la esperanza de ver aparecer la libertad que volverá con el que partió. Entonces el escenario muestra que toda la vida está propensa al derrumbe, en tensa espera.

El motivo de la separación es la búsqueda de la libertad, lo que imposibilita juntarse y florecer, formar, por ejemplo, una familia. Para lograr ello primero tienen que emprender una acción de riesgo, ello se advierte por la frase de posibilidad que enuncia, “si vuelvo”, todo ha de cambiar, sería factible unirse sin perturbación.

Así en el nuevo tiempo se fundirán carne y piedra, dos seres serán uno “Huk”, esa unión detiene el rodar de la piedra, el rodar de la vida, en el sentido de perderla, de desprenderse hacia la muerte. Todo esto será frenado, asegurada la vida y fijada la raíz para crecer. Esta unión los fortalecerá, pero también mostrará el efecto multiplicador, porque luego de fundirse piedra y carne, será un o dos piedras, habrá reproducción, es decir, que ella se restablecer, en otras más. De esta unión se formarán nuevas piedras, brotarán piedras como plantas, o mejor brotarán plantas con la firmeza y seguridad de una piedra enraizada, porque ya se habría despejado el temor, esa pendiente batalla que cumplió su padre en el exilio. Entonces, la piedra hermana, la piedra amada asume el desafío de conservar la vida de la comunidad mientras el hombre parte en busca disolver todas las perturbaciones para cultivar sin temor. Todos estos elementos simbólicos reenvían extensionalmente a procesos al esfuerzo de la comunidad andina en su historia tragedias y sobrevivencias.

La lluvia hermana: el otro poema que entra en este diálogo de sensibilidades es “Para”, nuevamente parte el sujeto lírico, no se define la acción que ha de cumplir, pero su partida es inevitable y sacrificada, porque va en contra de su voluntad. Aquí le pide a la hermana lluvia que cuide al maíz que sembraron juntos. Porque este tierno brote de la vida que está simbolizado en el maíz pan, lo deja en orfandad y al peligro de varias amenazas. Ya sea por elementos de la naturaleza o por animales pequeños o grandes que conspira contra su nacimiento. Primero podría quemarlo el fuego inclemente, esa candela que seca y arde la vida de la planta, porque no estaría él para cubrirlo con la sombra, o endilgarle el agua para fortalecerla. También, esta siembra del maíz es amenazada por el gusano, ese animal pequeño pegado a la tierra, que lo quiere devorar antes que germine, es decir, no lo dejaría brotar, sino en su mismo nido de tierra sorbería su vida. Los animales grandes y salvajes también amenazan la vida de la planta del maíz, porque lo pisotearán, sus cascos enterrarán la vida, porque su partida intempestiva no le ha dado tiempo para hacer una cerca. Por todos estos temores le pide a la hermana lluvia, que con su llanto, con su lágrima fecunde la esperanza. Así ella protegerá al maíz, y lo hará crecer hasta ser un pan fabuloso.

Aquí es el maíz, la planta divina, esa planta dios que hay que cuidar. Sabemos que el maíz es muy significativo en la vida del ande como alimento y como elemento ritual en el aspergido de los dioses. En un huayno de Carlos Huamán le llama “maíz hermano, granito eterno, jinete de rayos negro, abrigo de los niños tristes”. Allí resalta la fortaleza y la solidaridad del maíz, un hermano un wawqicha, un miembro del ayllu, y es solo el miembro del ayllu quien contribuye con el cultivo de la alegría.

En poema se pide proteger a esta planta dios. El maíz no solo es la plantita que nos alimenta, sino con el tiempo se convertirá, gracias al cuidado de la lluvia, en un pan, el alimento más elemental del hombre. En el poema no habla de cualquier pan, sino de un gran pan maíz: elemento singular, por ello inferimos que lo que ha criado la lluvia con sus lágrimas es la vida.

Así, la lluvia es representada como la hermana aliada para defender la vida. Cuando parte el hombre, ella es la pareja que se queda para defender el maíz, que sembraron o fecundaron. Que en lo inmediato serían maíces-hijos, que se convertirá en hombres. Ella debe protegerlos de las inclemencias de las amenazas, de los animales rastreros y salvajes, del fuego que incendia, que quema la vida, en el poema no hay alusión al sol sino al fuego malo, en la versión en español nos orienta, dice que es el fuego infernal. Entonces son las lágrimas de la lluvia, esa esencia que fertiliza, que nutre como elemento lácteo. Sangre de la lluvia que alimenta el brote, el tallo, y luego el fruto. Esas gotas que humedecen son las que crearán la humedad en la tierra, y la fuerza en el wiru (maíz), en el hueso(hombre), que sostiene la vida del maíz-pan, del niño-hombre, y ampliando el sostén del fruto comunal, en donde el hueso y el wiru son puntales para mantenerla viva.

En el poema “Kachi kachi” libélula se encontrará el triunfo de la labor de la lluvia: “Yo puedo adivinar en tu sonrisa/ esa dulce noticia de tus labios, / seguro es, que la rubia cabellera del maíz/ nuestro ha florecido, / tenía que ser la hermana lluvia/ que tiznó el inmenso infierno para que retoñe / un poco de verde”. En este poema se llega a la flor del maíz-hombre, ahora para celebrar la parwa, esa flor radiante del maíz que encarna la vida del pueblo, y que vuelve a fecundar la tierra con lágrimas de oro, imagen que recordamos cuando el viento mueve el maizal y se produce la lluvia de la flor del maíz.

La flor amada atacada por el viento malo: en el poema “Puriq wayra”., representa a la flor como una amada que se perdió por la acción del mal viento, ese viento ignorante o equivocado que mata sin saber a quién. Es el viento que busca una cometa y destruye a la flor arrancando pétalo tras pétalo creyendo que esta es una cometa. Ese viento cruel también quiebra el cáliz corazón. Esa pérdida es muy sentida, por el sujeto poético, porque lo saca del sueño y lo instala en la pesadilla del dolor. Así la muerte de la flor lo convierte en un ser sin sustancia, una presencia mostrenca que deambula por los caminos como un condenado, sin destino, un ser errante y solitario como el viento. De esta forma el mal viento no destruye a una persona, sino a la pareja, al ayllu, a la comunidad, entonces un viento ñawsa no es consciente de sus daños. Todos estos elementos son simbólicos que reenvía a procesos sociales de escenarios críticos.

La libélula anunciadora de visitas: en Arequipa decimos que cuando la charchasuga viene es que anuncia que habrá visitas, que habrá noticias. Por ejemplo, cuando parece en la casa debemos ir al correo, postal, para preguntar si hay carta, uno va y efectivamente hay carta. O decimos quién vendrá a visitarnos, y así llegaban nuestros familiares a visitarnos, entonces había fiesta en nuestros corazones. La libélula es otro ser que ingresa en el universo poético de Luis Rivas, pero ahora como un ser anunciador, como los seres señaleros del campo, que anuncian tiempos, anuncian visitas con sus presencias o sus cantos. El sujeto poético entra en diálogo, le pregunta quién ha llegado, pero luego le pide que no anuncie a nadie, que él puede advertir. Enumera posibles sucesos felices, pero con fino humor le dice “vamos pronto yo llegaré”, anuncia su propia llegada al pueblo. Este es el retorno del hombre que partió dejando la piedra en peligro, la orfandad del maíz aquí plantea la esperanza que es una vibración presente en los poemas.

La torcaza resucitadora: en el poema “Cachi cachi” la torcaza que tienen la capacidad de resucitar hombres y ríos: “Tuvo que ser el canto de la torcaza, / que resucitó al campanero, / también el manso río, / el río amigo que ya no brama”, aves que pueden despertar a los muertos, a un campanero, a un hombre que tienen capacidad convocante. El poeta lo anuncia desde el oficio para que desde allí pueda pluralizarse o universalizarse. De igual forma ocurre con el río amigo, al río compañero, que ya no brama, que no canta, que discurre en silencio, y que es despertado por el canto de la torcaza.

En todos los casos son seres de la naturaleza que están simbolizando a la pareja, a los seres que nos ayudan a vivir, que siempre se involucran en las acciones que emprende el hombre. Todos colaboran. La piedra amada, la lluvia hermana, la libélula anunciadora de felicidades, la torcaza de canto resucitador. Esperanza recorre la poesía de Luis Rivas, está representada en los poemas, con lo discreto de sus versos, pero también está evidente en el título de un poema y de un cuento, además está escrita con mayúsculas, como insistiendo que a pesar de todo, del dolor, de la tragedia, siempre es posible sembrar hombres en el mañana, pero para ello se tienen que superar la tristeza.

Así en el poema “Elegía a la tristeza” se ríe ante su muerte por la cantidad de muertos, lagrimas que ha causado. La tristeza muere en plena orfandad, nadie la rodea, no hay sol, no hay mortaja. El hablante lírico como una revancha se ríe ante ella: “Se ha muerto la tristeza/ ayer yo la enterré, /entre las verdes malezas, / para siempre”. Al igual que el poema de Manuel Scorza, el hablante lírico convoca a matar a la tristeza: “Matad a la tristeza, poetas. /Matemos a la tristeza con un palo” (Scorza 1990: 21). En Luis Rivas el hablante lírico es el sepulturero de la pena, el que celebra el entierro o destierro del dolor.

En este escenario de esperanza hay tiempo para el llanto, porque pude dañarla: “Aunque quiero llorar, /llorar no debo/ para no quemar/ la hierbecilla verde/ que está naciendo/ dentro de mí”, aguantar el dolor para siga fluyendo la semilla, porque el amor de sus lágrimas puede quemarla. Así, desde el invierno-infierno anuncia primaveras.

La idea de la siembra es permanente asociada al amanecer, el tiempo nuevo “Si padre o madre ya no tengo/sol y lluvia, / agua y hierba, / espero sembrar mañana con ustedes, /MIL HERMANOS para siempre”, puede que la muerte ya se haya llevado a los padres, que este wakcho, pero están los hermanos. Entonces, aún es posible sembrar, engendrar para la eternidad, en este sentido es una forma de afirmar la inmortalidad del ayllu, de la comunidad, a través de una siembra permanente.

El poema “sembrador” que cierra el libro, es donde se manifiesta la plenitud del pachacutiy porque el mundo se trastoca y se instala el aroma de la siembra, la flor, el canto, el amor: “Cuando esto ocurra, sembrador de sueños, / verás tu semilla manchada de tierra,/ creciendo a la hierba del cielo a la tierra/ un árbol floreando todo arco iris,/ canciones de niños volando a las flores, / olor a cosecha, maduro el amor,/ verás sobre todo, la emoción de todas / las cosas, y entre todas ellas, / tu emoción oculta”. Todas germinan, hasta la semilla oculta, recóndita germinará silenciosa y segura. Cómo se llama esa semilla: pueblo, comunidad, ayllu.

Esta es la poesía fina Luis Rivas como agua de paqcha tierna, sin escandaloso perfomance histriónico, con suave canto lírico, como arroyo tranquilo expresa un caudal de piedras enfurecidas que atemorizan el temor y dan seguridad a la siembra. En lo fundamental he obviado las citas de los poemas con la esperanza de que giren sus corazones, perdonen lo pretencioso, pero esa es mi fe, que sus ojos, sus oídos busquen los cantos quechuas de Luis Rivas. Añay tukuy sunquywan.

 

Bibliografía

Rivas Loayza, Luis. Cuentos y cantos del éxodo. Lima: Editorial Textos, 2010.

Scorza, Manuel. Obra poética. [obras completas V1]. México: Siglo XXI, 1990.

Huamán, Carlos. Urpischallay. Transfiguración poética, memoria y cultura andina en el wayno. Lima: Ediciones Altazor, 2015.

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