“ORDENAMIENTO DE LA OCULTACIÓN” DE CARLOS VELÁSQUEZ: POESÍA CADA VEZ MÁS EXQUISITA COMO VINO AÑEJO

“ORDENAMIENTO DE LA OCULTACIÓN” DE CARLOS VELÁSQUEZ: POESÍA CADA VEZ MÁS EXQUISITA COMO VINO AÑEJO

En el marco del Encuentro Internacional de Poesía en Llamas II – Paucartambo, el poeta cusqueño Carlos Velásquez Iwaki, expuso su presente biografía: “Nací, crecí y pretendo morir en el valle de Ccosñipata. Por azares del destino deambulé por algunos países del mundo. Estudié en algunas universidades y no me gradué en nada. Me ganó el amor al mar, a los bares de los puertos. Publiqué cuatro libros sin esperar que nadie lo lea. Ahora tengo otro nuevo con el mismo propósito”.

La singular confesión del bardo, me devolvió a su último poemario: Ordenamiento de la ocultación. Se trata de un poemario editado por Quisakuro editores hace dos años (2018). En ese mismo tiempo también obtuve el libro y siempre me he propuesto comentar, pero alguna misteriosa ocultación siempre hizo que postergara. Ahora, siendo casi las 11 de la noche, después de escuchar sus poemas de su misma voz, he vuelto al leer el bello libro en su integridad, saboreando una copa del buen vino. Lo primero que puedo decir, es que los poemas de Velásquez saben cada vez más exquisitos como el mismo vino añejo. Digo esto, porque vengo leyéndolo desde Retrato en tránsito (2006) y Rito murmurante (2011). Estuve en la presentación de este último poemario en una sala de Qorikancha. Ordenamiento de la ocultación completa la trilogía de lo mejor que hasta ahora ha producido el poeta. Además de alguna proximidad temática, lo que une a estos tres poemarios es el estilo de los títulos de los poemas: extensos y, en algunos casos, más que frases sugestivas oraciones elocuentes, al mejor estilo de Watanabe o Verástegui. Ejemplo: SEPARACIÓN VALEDERA DE PLENITUD FULGURANTE COMO RETRATO EN TRÁNSITO, RENACIMIENTO IRREPROCHABLE DE VELÁSQUEZ EN UN GROTESCO ESPEJO, JULIANA DEL MONTE CORNILLÓN Y ANGÉLICA COIMBRA DOS SANTOS DEAMBULAN FANTASMAS, Palabras con otras juntas que terminan sugerencias emocionales clásicas, etc. Aunque, por sus primeras publicaciones y por su mismas edad, Velásquez pertenece a la generación 80, en el caso de la poesía cusqueña él es quien mejor asimila el estilo barroco.

En efecto, la poética de Carlos Velásquez es tributaria de la mejor poesía barroca en su vertiente conceptista. El poeta cusqueño, fiel a Baltasar Gracián, está convencido de que “La verdad, cuanto más dificultosa, es más agradable, y el conocimiento que cuesta es más estimado”. No es una poesía fácil, sino ingeniosa y extravagante que exige a un lector macho, culto y agudo que pueda captar la fina ironía detrás de esos versos aparentemente herméticos. Mientras que en otros casos, la poesía parte de la oscuridad a la luz, la de Velásquez va en sentido contrario: de la luz a lo umbrío. Los poemas, en vez de ser chispazos de luz, son el instante inmediato después de ese resplandor. Así pues, la de Velásquez es una poesía para los sentidos, hecha para escuchar con los ojos cerrados; una deliciosa poesía para sentir más que para entender. ¿Acaso la poesía no es justamente esa? Y la composición de ese tipo de poemas, implica doble trabajo, exige más seriedad en el juego con las palabras y la imagen. Veamos: “Erase solo eso la mañana severa Pródiga en orfebrería imprecisa”. “Híspida y mojada burbujeas con peso entrenado/ sobre mi puya columbrada que se lleva tu feroz sequía./ Forma de todos los mojares, mixturada con fatigas”. Estos versos sugieren un encuentro carnal.

 

 

Ahora, después de sorber un buen trago del vino para vengar al virus maldito que buenos amigos nos ha quitado, tomo el libro Ordenamiento de la ocultación. Leo Samincha (bendición en quechua), después de espiritualizarme con la sal rosada de Maras, paso al poema “Haroldo de Campos en el cuarto de trasmutaciones aspira a momentos que pertenecen a la tierra”. Es poema sitúa al poeta brasileño, fundador de la poesía concreta en Machu Picchu y dice:

Si Haroldo de Campos

Hubiera sido

Picapedrero en Machu Picchu

Habría dado vida

Piedras nocturnas vidas

Empujadas

A un farol de agua

Que serían piedras

De oscuridad. […]

 

Sigo sorbiendo vino y verso, ¡la mejor manera de leer a Velásquez!, y arribo al poema “Luto del vino/ memorias conversadas con el poeta Brózovich”. Se trata de un bello homenaje para el vate cusqueño Raúl Brózovich, quien fuera, su amigo y mentor. Poema tras poema he llegado al último poema que justamente titula “Poema que no es de amor, sino sugerencia para beneficiarse de lo nuevo por obtener”. Entonces, para obtener en alguna medida, el sentido arcano de este libro, me inquiero, ¿por qué Ordenamiento de la ocultación?

Para aproximarnos al propósito del autor en el poemario, es importante detenernos y desentrañar los dos sustantivos del título: ordenamiento y ocultación. Bien, etimológicamente, “ordenar” proviene del latín ordinari y en el buen castellano equivale a “poner orden”. Ocultamiento no requiere más exégesis. Desde esa perspectiva, podemos conjeturar tres ideas: poner orden a lo que estaba oculto, ordenar lo escondido u ocultar el orden. Pero, ¿qué estaba escondido o qué debemos ocultar? Aunque, como ya dije, el procedimiento poético de Carlos Velásquez, es siempre el ocultamiento de las ideas, este poemario es una revelación de lo que los españoles no pudieron entender y por no comprender ocultaron nuestro saber, nuestra filosofía, nuestra cosmovisión, nuestra historia, nuestro ser. Para demostrar ello, cito palabras y frases clave que aparecen en los títulos de los poemas: “Respuestas a las interrogantes sobre nosotros, descubiertas en el Atlas Catalán como gráfico de anatomía astrológica del mundo y de las regiones que hay …”, “Revelación en Puerto de Palos y otros sentimientos: consecuencia de dos metros de distancia”, “Aniversario bicéfalo de la fundación recreada en forma de invasión que nos obligan a reconocerla bajo pena de olvido”.

Aunque hay otros temas en el poemario, el propósito principal del libro es el de mostrar lo que aún queda de nosotros los runas. Para ello, el poeta acude a los mitos prehispánicos que los invasores nunca pudieron entender para recrearlos y con eso, ocultar más. Sus poemas son un desafío a la lógica occidental, son la lógica de la intuición más que de la razón cartesiana, algo que solo puede expresarse desde el mundo oculto de lo barroco y el surrealismo, estilos que Velásquez Iwaki, supo andinizarlos con mucho acierto.

 

 

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