Esta historia la escribimos nosotros. Yaneth Sucasaca

Quizá esta sea la imagen más compartida de la segunda marcha nacional, allí un grupo de jóvenes se preparan para luchar, luchar por todo y con todo. Han pasado varios días desde que la vi y aún hoy hace que la respiración se me entrecorte, que mi corazón se arrugue al grado de sentir que no puedo seguir más. Observo y observo y pienso tantas cosas, en Inti Sotelo Camargo (24) y Bryan Pintado Sánchez (22), en los heridos que quizá pierdan la vista o no puedan volver a caminar. 

 

En los policías que olvidaron el respeto a la vida, que dejaron en quién sabe dónde su humanidad y no tuvieron reparos en disparar, en las desconcertantes e inaceptables respuestas de un ministro cuyo nombre debemos borrar de nuestra historia para siempre, en la indiferencia y la negación de 105 congresistas que no son capaces de cuestionarse, de pedir disculpas, en los candidatos políticos que de pronto se quedaron en silencio, en los otros candidatos convenidos que primero no apoyaban al farsante y luego lo respaldaban y luego ya no lo apoyaban… en el silencio y la apatía de gente que se pasó tildando de irresponsables a los marchantes y que hoy celebra a su presidente “culto”, en las bombas lacrimógenas que tragamos y que fueron pagadas con nuestro dinero, en los periodistas que se llenan la boca llamando resentidos a los marchantes, en la prensa hipócrita (si sabemos quiénes son) que de pronto se llenaron la boca reivindicando la lucha que defendía “su orden”, en su perversa estrategia para vaciar de contenido la protesta y lograr que todo vuelva a su amada normalidad. 

 

En el congresista responsable de la creación del grupo terna, en el otro congresista que decía que éramos 300 gatos, aquí estamos aún los 300 gatos que nos aseguraremos de que nunca vuelvas, que estaremos jodiendote y recordándote lo que pueden hacer 300 gatos.

 


Pero también pienso y recuerdo lo que significaron esos días, en quienes fuimos a todas o casi todas las marchas y descubríamos día tras día como nos multiplicábamos, nos acercábamos, nos cuidábamos y nos dábamos fuerza. En la creatividad, compromiso y fuerza con la que combatimos por aquello que decían que era imposible, que ya nada se podía hacer, que seamos realistas y sí que lo fuimos y nos la fajamos con todo. En aquel jueves de la primera marcha nacional que desbordó las calles de todo el país, en la que infiltraron ternas y bloquearon la señal telefónica, en la que entendimos que debíamos comunicarnos y organizarnos.

 


Pienso también en lo rápido que respondimos juntos, como nos organizamos y asumimos roles, en el fundamental rol que juega la primera línea de defensa contra la policía (de la que por cierto hoy la prensa hipócrita evita hablar), en la importancia de los grupos encargados de desactivar bombas lacrimógenas, en el apoyo crucial de la brigada médica tan decisiva para minimizar nuestras víctimas, en los abogados que recorrían comisarias para apoyar a los detenido, en los cantos y bailes vividos, en el resonar de los tambores que hoy siguen sonando con alegría y tristeza, en la emoción que sentimos en nuestros barrios viendo como cada día los cacerolazos sonaban más y más fuerte.

 


Pero luego vuelvo y no puedo dejar de pensar en aquel sábado 14 en el que recibimos la noticia del brutal asesinato de Inti Sotelo Camargo y Bryan Pintado, en la tristeza que nos invadió, en la impotencia que nos inundó, en el silencio que se instaló por unos segundos en nuestros corazones, en tantos sentimientos compartidos en aquel momento.

 


En las imágenes que seguramente quienes tenemos tv pudimos ver la madrugada del domingo, en donde un grupo de manifestantes que decidió seguir la protesta pese al riesgo que implicaba para su propia vida, logró por primera vez en mucho tiempo pasar la valla que nos prohibía acercarnos al congreso, aquel momento que sentimos que estábamos logrando de puchitos que algo cambiara, en el abrazo hipócrita del policía que los recibió y permitió que se sentaran allí y que segundos después los volviera a llenar de bombas lacrimógenas.
Pienso sobretodo en el domingo más ajeno que nos tocó vivir, aquel día de dolor por la sangre derramada de nuestros compañeros, amigos, hermanos, porque una cosa es segura, ese día fuimos hermanos todos, nos pusimos el alma y juntos despedimos a Inti y Bryan. En que en esos momentos olvidamos camisetas, colores, géneros, clases y vimos los fuertes que podíamos ser. En la empatía, compromiso y solidaridad que mostramos y que cuestiona e invita a terminar con la apatía e indiferencia que permitimos que nos absorbiera y que aún hoy reina en algunos de nuestros “compatriotas”.

 


A esos, solo nos toca recordarles siempre, que a Inti y Bryan los asesinaron, no solo unos policías, lo hizo un estado que cada vez se manifiesta más ajeno e indiferente. Pero eso sí, no pudieron asesinar sus sueños, esos viven ahora en nosotros y se multiplican y seguirán multiplicándose. Al igual que los sueños de Jovi Herrera y Jorge Huamán, Alexandra Porras y Gabriel Campos, de quienes fueron asesinados en Bagua, Conga, Espinar, Tía María, y en tantas otras luchas que solo buscaban una vida digna, una sociedad justa. Y no, no nos equivoquemos hermanos, los policías no son nuestros amigos, ellos asesinaron a nuestros hermanos desde siempre.

 


Finalmente vuelvo a pensar en la prensa vendida, hipócrita y aprovechada que se la pasó sintiendo pena por los cajeros y las paredes. En los aprovechados que fueron de madrugada a dizque “limpiar el patrimonio, porque es nuestro y debemos cuidarlo…” será de ustedes escuelita naranja, porque esas estatuas a nosotros no nos representan, porque esa Historia nos es nuestra, porque estamos hartos de que se valgan de su patriotismo trasnochado, porque hoy más que nunca sabemos que estamos unidos, porque este pueblo está aprendiendo “a no dejarse alucinar por la grosera farsa del patriotismo y a reconocer que en el mundo no hay sino dos patrias: la de los ricos y la de los pobres”, de los que tiene el poder y del pueblo, como nos lo diría Manuel González Prada. Porque hoy sabemos que juntos les damos miedo, que juntos podemos con todo.
No crean que esto ha terminado, no se equivoquen, esta generación va por mucho más, no está para hacerles favores y ayudarles a mantener el orden como a ustedes les gusta, esta generación busca cambios reales, no nos engañan.

 


Y sí, salimos por el asco y repudio que nos provocaron un grupo de impresentables que dicen ser congresistas, por el rechazo a un tipo que quiso ser presidente, por el hartazgo de tanto angurriento haciendo y deshaciendo a su antojo, pero ahí no se terminan las luchas, hoy vamos por más por mucho más.
Hoy, esta generación exige que los responsables paguen y no se detendrá hasta conseguirlo, exige que las reglas cambien, que sean hechos por y para el pueblo.


No, no se equivoquen esta lucha apenas está floreciendo. Y no les dejaremos dirigir nuestras luchas, no les dejaremos escribir nuestra historia, nuestras alegrías, nuestros sueños.


A Inti Sotelo y Bryan Pintado, hoy les decimos que sus sueños abreviaron las rutas del miedo, que ustedes sacudieron el mundo y su sangre inspira nuevas luchas, que no están solos, que hoy somos millones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s