Algunas apreciaciones sobre la novela «Alucinación de amor y memoria» de Federico Latorre Ormachea. Alejandro Medina Bustinza (Apurunku)

                Texto leido en homenaje al patriarca de las letras apurimenas  Abancay 14-08-2021

Nos preguntamos: ¿Se puede hablar de una literatura apurimeña, desconociendo a sus habitantes, al autor, al artista, al escritor que surge de estas tierras de paisajes accidentados lleno de dioses en los corazones de sus montañas, climas variados y de pueblos quechuañol hablantes?… ¿Se puede hablar de la música, pintura, canto, danzas etc. al margen de esta nuestra tierra apurimeña, de infinidades prácticas culturales, permanecidas, conservadas y mejoradas en el transcurso de la historia como herencia cultural de un pasado histórico, al margen de su cosmovisión y sensibilidad telúrica…?  

    Desde los pedestales de estos elementos surgen también las palabras, como vehículos del pensamiento de los hombres que viven en comunidades concretas, identificados con su realidad donde conviven, piensan, sienten, hablan y actúan, por cuanto no hay pensamiento sin palabra, ni la palabra sin los hombres quienes cavilan y proceden cuando se proponen, asumiendo y encaminados por sus necesidades de pueblos colectivos. 

    Y estas condiciones reales y espirituales, han de advertirse en manifiestos evidentes, especialmente, a través de la creatividad en los diferentes géneros artísticos.  En una de sus conferencias Charles Chaplin decía:

 “…Yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino, es ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás y no hacernos desgraciados…”

Aquellas palabras me han hecho recordar a un hombre genuinamente humano, copartícipe con los suyos y con los que no concertaban sus ideales. Sensible de su pueblo, de sus elementos que él amaba. Sincero, sin escrúpulos. Afrontaba al cinismo y desmedro de los demás. Era él, el escritor nacido en esta tierra nuestra de Apurímac, quién entregaba toda su alma en la creación y recopilación de nuestras tradiciones orales literarias, de diferentes rincones de nuestra región, haciendo llegar al conocimiento y servicio de nuestros pueblos. Él, personalmente ofrecía sus creaciones a personas de buena voluntad, aunque algunos le miraban indiferentes, como dijo el poeta Feliciano Mejía:  

“…Muchas veces él luchaba contra la indiferencia maldita de nuestros coterráneos para organizar eventos y llamarme y llamarnos, y buscarnos y traernos a Abancay, para dar nuestro arte y amor a nuestros hermanos…”

Como advertirán estimados hermanos, estoy reseñando a un hermano mayor, patriarca y raro personaje que supo amar y amarnos sin limitaciones. Maestro de profesión, escritor de vocación. Me estoy refiriendo al distinguido y prolífico escritor apurimeño, FEDERICO LATORRE ORMACHEA. Prolífico, porque se desempeñó en todos los campos de la magia escritural: cuentos, fábulas, poesía, teatro, novela, ensayo, biografías, historia, estampas costumbristas, leyendas, Etc.

  Sí pues, un día él se nos fue, pero hoy está aquí, porque recibí una muy grata y singular invitación, de parte de la señora Esperanza Latorre Peña, hija de nuestro ilustre y predilecto escritor apurimeño, Federico Latorre, para hoy dirigirles algunos comentarios, acerca de esta recién nacida novela, inédita y póstuma, de Federico Latorre, intitulada: “Alucinación de amor y memoria”y acaso soy el menos indicado, pero cómo podía negarme. Me llamó sumamente la atención y una inmensa alegría, de que una hija le otorgue y publique, como el mejor reconocimiento y homenaje a su querido padre, dando luz a esta hermosa novela, que por lo general muy pocos hijos lo hacen. Mis felicitaciones por tan hermoso gesto a la señora Esperanza y a su esposo Wilber (favor, merecidos aplausos)

   Al dar lectura desde sus primeras páginas, tuve la sensación de hallar en la novela de Federico,lineamientos de una historia a partir de una sola matriz: la autobiografía o memorias de su propia vida. Como novela, es un trabajo que mantiene su estructura argumental, conservando el equilibriodeorden cronológico de la historia que aparece en capítulos y escenas, en distintas alternativas de tiempo, espacio y acciones de sus personajes, con quienes el autor convivió, en el transcurso de su vida de estudiante de primaria, secundaria, superior y como maestro.

      Nos invitará a leer desde el principio hasta el final, narrándonos unahistoria de características escriturales con su propio estilo, donde nos relata los sucesosautobiográficos y acontecimientos testimoniales, siendo él mismo el protagonista principal, es decir escribe en primera persona, en otras en testigo presencial y a veces personifica a un tercer personaje de la historia. Escribir una novela, más allá de constituir un acto mágico, producto de una inspiración y de una pasión romántica, es más bien un trabajo de absoluta dedicación, mucha disciplina y mucho esfuerzo.

     Curiosamente, la novela inicia en su primer capítulo, con incidencias de orden confrontacional en el colegio Miguel Grau de Abancay donde él estudió hasta 4to. año de secundaria.  Grupo de estudiantes de su sección se rebelan contra un maestro de química matemática, venido desde Lima, egresado de la UNMSM, por su pésimo manejo de la especialidad. Al final del año, aquel docente toma venganza desaprobando en dos asignaturas a los reclamantes, quienes eran: Piki Escobar, Chicho Oroz, Gustavo Gutiérrez Artica, el cholo Manuel Rodríguez y el Chico Charis. El autor de esta novela que aparece con nombre de Félix, aun cuando él no había participado, por solo verse cerca del grupo, fue también desaprobado.

     A partir de allí para Félix, se presentará el comienzo de una serie de peripecias amargas, enfrentándose contra una sucesión de injusticias y maltratos para solucionar el problema de sus asignaturas desaprobadas, viéndose obligado viajar a Lima, como otros desaprobados hicieron lo mismo hacia distintos colegios y lugares. A él, aun cuando le aconsejaron a no solicitar la recuperación en el mismo colegio y con el mismo maestro, hizo caso omiso, porque de nuevo fue desaprobado. Gracias a su padrino que manejaba un camión de carga petróleo viaja a Lima, y allá fue también mal recibido por su padre con las resondradas drásticas por poseer su libreta con notas rojas, creyendo que era un mal hijo, un indisciplinado e indeseable alumno.

     Soportará correr contingencias en busca de vacante, rendir su examen, ser matriculado por su padre en el colegio La Salle, pero advertido, condicionado y maltratado por otros alumnos. En los siguientes capítulos, el autor hace gala de su pericia escritural para narrarnos de los sucesos en conseguir trabajo en Electro Lima, luego como corrector de pruebas en la Editorial Universo, donde se atrevió reafirmar en una de las publicaciones de la editorial, la procedencia de Chabuca Granda, como apurimeña. Y por ello fue también observado y recriminado por el jefe de impresiones, por cuanto pensaban y deseaban que así sea, es decir, Chabuca como limeña. Allá estudia en un Instituto Pedagógico en la nocturna, de día trabaja, incluso como vendedor de artefactos domésticos. Creemos, por aquellas experiencias de haber trabajado como corrector de pruebas y vendedor, había adquirido destrezas en manejar las reglas ortográficas y habilidades de vendedor. Así se gradúa como maestro de Educación Primaria. 

    Éstas y otras experiencias amargas de agravios y discriminaciones, curtieron su espíritu de un hombre sensible, otorgándole fuerzas para enfrentarse contra las adversidades cuando aquí en Abancay, ya siendo maestro, escritor y promotor de la cultura andina, siempre pretendió hacer partícipe a nuestros pueblos, difundiendo la cultura a partir de nuestras raíces. Muchas veces le cerraron las puertas las autoridades de turno; entonces, Federico se sentía muy mal y cuando había oportunidad de reencontrarnos en Abancay, al preguntarle acerca del proyecto de eventos literarios acordado, me decía:

 “…Apurunku, ya ni siquiera tengo vergüenza ajena, sino es nuestra propia vergüenza como apurimeños que somos. Me dijeron que no se puede porque viajaron los ejecutivos. En otra, me respondieron que habrá recibimiento a representantes ministeriales y gerentes de las minerías, para establecer los convenios y ha sido anticipado con tortas y quema de castillos. Y luego en otra, señalaban que destinaron el presupuesto para auspiciar a las fiestas costumbristas de peleas de galllos, apoyo al arte en el trasladado desde Lima a los banderilleros para las sangrientas matanzas de toros de muerte. Fíjate mi querido Apu, a esas bazofias pos-romanas le llaman arte…”

En estas peripecias de ir y volver, entre súplicas y ruegos (como si fuera limosnero) trajinaba Federico. Sabemos que en los gobiernos locales y regionales existen porcentajes presupuestales destinados exclusivamente para invertir en los proyectos de educación y cultura. Federico, tantas veces fue negado; aunque hubo algunas pocas excepciones, eso es cierto, pero ya de tanta exigencia se conseguía un pedacito de pan quemado que aparecía en la puerta del horno. Esto les digo a manera de la expresión del poeta peruano: César Vallejo Mendoza.

     Federico, lo único que solicitaba era el de llevar la presencia de la cultura, la ciencia, el arte, hacia otras partes de nuestra geografía apurimeña, con representantes directos de los trabajadores de la cultura, encargados de descifrarnos el espíritu vivencial de nuestros pueblos, para que nuestros infantes y adolescentes pudieran ver y escuchar directamente las palabras de los escritores. Los colores con quienes se manifestaban los pintores, los sonidos con los que trabajan nuestros músicos, Etc. Sobre todo, para hacer conocer con los entendidos, a nuestros grandes personajes de nuestra historia y de la literatura nacional y universal. A los personajes importantes y artistas Apurimeños, los que ya no están físicamente y a los que aún nos acompañan. Eso fue siempre su propósito.

      En la narrativa de Federico, encontraremos su trabajo comprometido con la palabra indagada desde las raíces vivenciales de nuestros pueblos rurales, luego él lo representaba, a través de la literatura, con un lenguaje llano, sazonados con condimentos de jocosidades, formal y ceremonioso, con tornasolados términos irónicos, como silbidos de vientos enamorados, al leer nos producirá emociones múltiples de goces anecdóticos, lleno de  cantos y creencias populares de nuestras comunidades andinas, haciendo mención sus ríos, Apus, costumbres  tradicionales, etc.  Ojo,Federico hace de su obra de arte, la esencia de su cariño, de su plena voluntad e identificación, los cuales le permiten compenetrarse en el alma de los pueblos para extraer sus contenidos culturales conservados en sus mitos, leyendas, historias, trovas, y en sus prácticas colectivas, que felizmente aún se conservan en los aynis, minkas, en sus fiestas y creaciones musicales. 

    Ya siendo maestro en Tintay-Aymaraes, en Lima al encontrarse con Pike Escobar o aquel Daniel Alvites, odiado y desaprobado por el maestro químico, fue todo un acontecimiento entre excompañeros de estudio secundario del Colegio Miguel Grau. Ambos, víctimas del maestro Químico. Fue un encuentro de entera felicidad, Daniel Alvites había llegado ser catedrático principal en la UNI, y Félix, pedagogo, ambos profesionales. En el libro encontraremos en uno de los capítulos, la historia de Pike Escobar, de cómo se escapó de su casa hacia Cusco, solo teniendo 12 años de edad a causa de humillaciones, también de su propio padre. En Cusco cayó en manos del esclavista Bernardino Perdiz, que lo condujo hacia la selva. Es toda una historia trágica y conmovedora. Ya entenderán cómo fue la historia cuando compren y lean el libro.

    En otro capítulo, hace mención y reconocimiento a su esposa doña Gerarda Peña, a quién distingue como a la mujer más bella de Abancay. Pues ella cuidaba con esmerada preocupación por la salud de su esposo, comprensiva, apoyando y deseando a Federico su buen desempeño como maestro. Principalmente apoyaba a su vocación de escritor. Entendiendo su afanosa visión de su esposo, a veces ella se ponía a narrar desde el borde de la cocina, tradiciones orales de los pueblos, relatando anécdotas y cuentos fantásticos para deleite de su esposo y aun de su tierna hija, Esperanza. Tanto en las mujeres o en los hombres es difícil apoyar a un artista o una artista, solo se buscan conveniencias, en especial de los hombres, el machismo y otros prejuicios. 

   La igualdad de desempeños y derechos de los géneros, pese a los avances, aun los prejuicios contra la mujer siguen siendo extendidos en la mayoría de los países. Acerca de este punto, Manuel González Prada, en “Las Esclavas de la Iglesia”, nos dice: 

“No se conoce bien a un pueblo sin haber estudiado la condición social y jurídica de la mujer” “La elevación moral de un hombre se mide por el concepto que se forma de la mujer: para el ignorante y brutal no pasa de ser una hembra, para el culto y pensador, la mujer es un cerebro y un corazón…”

      Para Federico, narrar las vivencias populares de nuestros pueblos, describiendo los lugares con sus nombres toponímicos era su deleite y compromiso de amor a nuestra cultura legítima. Hacer literatura para él constituía una necesidad de crear nuevas posibilidades de emociones humanas y conocimientos, a través de las combinaciones de las palabras, haciendo buen uso del lenguaje narrativo. No recurría a conjeturaciones, a imágenes ni a historias distorsionadas de nuestra cultura andina, como lo hace aquel Vargas Llosa, en su novela Lituma en los Andes, donde para él lo andino es primitivo, salvaje, cavernario, ingenuo, con más de veinte siglos de retraso. Con su novelucha quiere hacernos desconocer el proceso de la cultura andina que el hombre de estas tierras hizo surgir: Caral, Chavín, Tiyawanaku, Wari, Nazca, Mochi, Inca, etc. 

    En los últimos capítulos de la novela de Federico, encontraremos evocaciones a su amigo de infancia, Aníbal, un niño hiperactivo, inquieto, que paraba en la plaza de Armas como animador e imitador de voces incontables. Luego culmina con Resonancias Abanquinas, donde con un humanismo y amor a los suyos, narra y trasciende el drama vivido y las durezas que atravesó su amigo Cesar Enrique de los Bravos, también compañero de estudios. Inmediato, Federico nos habla de las competencias carnavaleras en Abancay. Culmina su novela narrándonos su decisión de echar raíces en su Abancay donde nació, encontró el amor, tuvo su única hija, fue aceptado como profesor de Lengua y literatura en el Colegio Cesar Vallejo. Pero allí también fue censurado y malmirado por algunos maestros de ciencia y química, aduciendo de cómo un profesor de primaria enseñe en secundaria. Federico, ya teniendo más de 50 abriles, resolvió estudiar complementación en la Univer. Tecnológica, la especialidad Lengua Literatura, incluso, junto con sus otros exalumnos. Dando lección de perseverancia y respuesta contundente a sus equivocados opositores.  

  Ya siendo cesante, Federico nunca dejó de ser maestro. Pensar que la miopía y perversión del míster miedo, tan igual como algunos escupidores desde la ventana, se encargaron de calumniar al magisterio peruano, de manera personal, social y profesionalmente con agravios humillantes, aduciendo que los maestros no leemos, ni escribimos y que somos simples comichaus. 

     No sé cuánto tiempo pasará para que vuelva otro Federico Latorre Ormachea, los patronos de los nichos de la crítica oficialista, jamás aceptarán, que, en el interior de nuestro país, se vino y se sigue escribiendo una literatura elevada, cumpliéndose así la herencia genuina de la tradición narrativa y poética de nuestros pueblos andinos, amazónicos y costeros. Federico, es heredero y parte de esta tradición, más aún, siendo coterráneo del más grande intelectual de nuestro tiempo: el tayta José María Arguedas.

      Publicó más de 21 libros, y deja 18 obras inéditas. No se trata que del arte surjan soluciones y cambios de este sistema inhumano en que vivimos. El papel del artista es facilitar la toma de conciencia de la sociedad.  En el caso de los escritores, es de anunciar a través de la palabra creativa y activa, el despertar de la razón colectiva, incluso de nosotros mismos, revelando que la educación y la cultura de nuestros pueblos tengan mayor preocupación en sus aspectos sociológicos, psicológicos y científicos, antes que los recreos contabilizados y desempeñosenmascarados. (Cambios…)

      Federico, sé que estás con nosotros, he aquí tu nuevo bebé, desde que te fuiste, ya no tengo quien me espere en la Plaza de Armas, donde en total contento me recibías cuando yo llegaba. Ya no hay con quién emocionado improvisaba, saltos carnavaleros como cuando sucedía en cada encuentro nuestro. Yo era feliz, no estaba solo, aún tenía a alguien que se atrevía a soportar mi tosca y desamparada presencia. Vive amigo mío, siga viviendo para siempre, los poetas no sucumben. Siga viviendo en el murmullo transparente de las aguas del río grande; en las piedras mágicas de las alturas, en los corazones eternos de nuestros amados pueblos. ¡Ah…no te olvides de esperarme siempre cuando yo arribe a Abancay, tienes que acompañarme al mercado a repartir nuestros sueños…! Por ahora eso es todo…muchas gracias.       

                                                                                  Abancay, 14 de agosto del 2021                                                                                                         

Alejandro Medina Bustinza(Apurunku)

Aymaraes – Apurímac. Poeta, narrador, docente.Estudios primarios en Apurímac y San Juan de Miraflores Lima. Secundaria en G.U.E. Ricardo Palma, Surquillo-Lima. Superiores en las Universidades del Cusco y Huacho. Postgrado en la Cantuta.Estudios de Quechua en Centro de Idiomas de la UNMSM, 2016. Fundador de la Asociación de poetas AEDOSMIL, miembro y ex-vicepresidente del Gremio de Escritores del Perú. Afiliado a Poetas del Mundo. Maestro cesante de aula de la I.E. Sarita Colonia Callao. Fue docente en Colegio peruano japonés Callao; Instituto Pedagógico Superior San Marcelo – Lima; Univ. San Ignacio de Loyola, Facultad de Educación, carrera “Educación Intercultural Bilingüe” donde dirigió “Taller de aprendizaje y socialización de las lenguas quechua – español peruano”y en otros.

Premio Nacional de cuento primer puesto en el II Concurso Nacional de Literatura Infantil Ministerio de Educación, con el cuento “Camino a Mucayu”.

Finalista en el concurso nacional “Maestro que deja huella” 2018 representando a la Región del Callao, promovido por INTERBANK, y otros logros. 

Libros publicados:

 –“El despertar de los míos”,poesía.  1988

– “Apu Runco”,poesía y narrativa.  1991

– “Conversaciones desde Tiaparo”, epístolas y cuentos. 1994

– “Despojados” y“6 poetas peruanos”,coautor poesía AEDOSMIL. 2001 

– “Ojos tocuyo”,poesía.  2004

 –“Brevísima antología personal”,poesía. 2006 

– “Se prohíbe estar triste”,y algunas técnicas pedagógicas para crear y escribir poesía. Ensayo 2008 

– “Camino a Mucayu y otros cuentos”, cuentos. 2008 

– “El vuelo de la palabra”, entrevista y aclaraciones acerca de la lectura.  2009

– “Kochito, el laceador de Canín”, relato. 2011 

– “Frutas de Cristal”Revista de Innovaciones Pedagógicas y Cultura, 2012

– “Chuya Ruru” (Frutas de cristal) Revista de expresiones literarias y culturales, en Lengua Runa -Simi, Centro de Idiomas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2017.

– “Killinchus, pateadores de precipicios” Novela,febrero 2018 

– “Historia del Himno de la I.E. Sarita Colonia Callao” Historiajulio     2019 

– Y otros por publicar.

                                            Poeta: Alejandro Medina Bustinza APURUNKU

                                              apurunco@homail.com              

Alguien dijo: Los sabios nos enseñan, que no esperemos resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo. El cambio asusta porque es abandonar lo conocido, lo cotidiano. Pero la vida y la historia no esperan, cambiar no es una opción, es una necesidad.

El libro me alcanzó recién faltando una semana o menos, tuve que leer, extraer conclusiones y combinar con la que escribí alguna vez sobre Federico cuando falleció. En el prólogo, estando en Lima la señora Esperanza me pidió aquellas páginas que escribí, a ella le habría gustado… eso está en el prólogo de este libro inédito de Federico. 

Un comentario en “Algunas apreciaciones sobre la novela «Alucinación de amor y memoria» de Federico Latorre Ormachea. Alejandro Medina Bustinza (Apurunku)

  1. Estimados solicito no enviar más información a este correo.Lo recibo por otro medio.Gracias.Saludos.

    El lun, 23 de ago. de 2021 a la(s) 10:39, Hawansuyo ( comment-reply@wordpress.com) escribió:

    > hawansuyo posted: » Texto leido en homenaje al patriarca > de las letras apurimenas Abancay 14-08-2021 Nos preguntamos: ¿Se puede > hablar de una literatura apurimeña, desconociendo a sus habitantes, al > autor, al artista, al escritor que surge de estas t» >

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