NARRATIVA ANDINA POSARGUEDIANA: PROXIMIDADES Y DISTANCIAS. Niel Agripino Palomino

[Luego de las celebraciones del centenario del nacimiento del apo José María Arguedas, con  Enrique Rosas Paravicino y Nilo Tomaylla sembrando  los almácigos, ha ido creciendo, de modo arbóreo, un discurso critico sobre narrativa  andina post arguediana. En la presente entrega, ponencia  en un congreso lingüístico y literario en la Universidad San Cristobal de Huamanga, Niel Agripino Palomino traza lo que serian sus características técnicas, no sin señalar aspectos epistémicos. Cabe señalar que no menos importante es el procesos de reteriolizacion del sujeto y el objeto andino, que  habla en primera persona, sin traducción cultural y -si bien persisten viejas practicas de validarse frente a otros sistemas- con seguridad y autonomía. Al respecto  puede ser util consultar Kachkaniraqmi y a escritura postarguediana, Como señala Niel, hay  que plantear el tema desde una posicion no subordinada. Kayta nispaymi Nielpa qillqasqanta liyiykamusun.]

NARRATIVA ANDINA POSARGUEDIANA: PROXIMIDADES Y DISTANCIAS

  1. Deslinde terminológico y conceptual

¿Cuál es el sustento etimológico del vocablo Ande? ¿Cuáles son sus implicancias semánticas? ¿Lo Andino es antípoda de lo costeño y lo amazónico? Desde la etimología, el término Ande proviene del quechua “anti” (es posible que provenga aún del puquina) y refiere al casquete orográfico o cadena montañosa que abarca casi toda Sudamérica (siete países en total), desde la Patagonia hasta la costa del Caribe. Para ser precisos, el término “anti” no aparece en el Vocabulario aimara de Bertonio, tampoco en el Lexicón de fray Domingo de Santo Tomás. Empero, sí es establecido por González Holguín en su Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del inca, de la siguiente manera: “Ante. La tierra de los andes”. (1952: 28). En la siguiente página consigna lo siguiente: “Ante suyo. Una de las cuatro parcialidades o partes del Perú”. Por su lado, en el anónimo Arte y vocabulario en la lengua general del Perú llamada quichua de 1586, consigna las siguientes entradas: “Anti. Los andes. (…) Anti suyu. Una de las cuatro partes de este reino”. (20014: 51). Más allá de este significado, según el sistema de los siq’is, los puntos cardinales, los mapas y la misma memoria colectiva, “anti” hace referencia al sector noreste del Cusco, específicamente a la selva cusqueña por Urubamba, Calca, La Convención y todo lo que continúa. Por lo que podemos concluir que desde el punto de vista etimológico, ande incluye a la selva. Empero, los vocablos se resemantizan y con el tiempo cambian hasta de significado. Anti finalmente se restringió solo para lo que hoy llamamos sierra. Por otro lado, ¿cuál es la lengua de la novela andina? Hasta ahora diríamos: el castellano estándar, el castellano andino y el quechua. Entonces, concluimos que la narrativa andina es aquella obra escrita por narradores nacidos en los andes o por narradores de otros lares que vivieron o viven en los andes, circunstancia que les permite contar con conocimiento genuino sobre el hombre y el universo andinos. Por cuestión de precisión geográfica y cultural se excluye a la buena narrativa selvática. Son excluidos también de la narrativa andina, los escritores limeños que con una carga ideológica colonial que subyace en su criollismo y sumado a la ignorancia del mundo andino, escriben sobre los andes con muchos yerros que atentan contra la misma ficción. Y, con el vocablo narrativa posarguediana hacemos referencia al cuento y a la novela publicada por narradores andinos o ambientados en los Andes después de la última novela del narrador andahuaylino José María Arguedas.

Con este deslinde terminológico, veamos los conceptos y características a las cuales arribaron los teóricos y teorizadores de la narrativa andina. Bajo el sello de la Editorial Pasacalle, el año 2004, el narrador huancavelicano Zeín Zorrilla publicó su contundente punto de vista en La novela andina, tres manifiestos. En dicho libro dice: “Entiendo por Andina toda manifestación cultural que se genera en el espacio geográfico de los Andes cuyas estribaciones orientales se levantan de las junglas amazónicas y sus occidentales se hunden en las pacíficas aguas del océano que alimentó a nuestros antepasados”. (2004; 15).

En la cita, Zorrilla precisa el significado de andino. En sus manifiestos, afirma que lo andino trasciende lo indigenista. En la categoría andina, lo indigenista es apenas una vertiente cuyos representantes circunstanciales mayores son Ciro Alegría y José María Arguedas. Pero, eso ocurrió en la primera mitad del siglo XX. En la segunda mitad, como testimonio de los decisivos cambios sociales y políticos que sacudieron los Andes y tuvieron repercusión en la Costa, la novela y la misma narrativa andina cambia de temas y tramas.

Lo dicho por Zeín, nos permite concluir que la narrativa andina recibió los efluvios de la narrativa moderna y los empleó para retratar el drama contemporáneo del hombre andino. Ese drama que ya no solo es en la sierra, sino en Lima y en la Amazonía, pues hasta esos lares ha migrado el hombre andino ya sea en busca de la tiranía del gamonal y de la violencia senderista y del estado, como en busca del oro. Así, gran parte de la narrativa ambientada en la selva tiene como protagonista al migrante andino.

El escritor y crítico literario Juan Alberto Osorio, en dos oportunidades ha logrado sistematizar la narrativa andina. En Sobre Literatura Peruana dice: “Lo andino se ha diseminado por todo el territorio nacional, al punto que la costa y la selva pueden ser entendidas como extensiones de lo andino. Por ello, en Lima como en otras ciudades, existen posibilidades concretas de una narrativa desde una perspectiva andina”. (2018; 79). Sobre el mismo tema, el narrador cusqueño Enrique Rosas en su libro Elogio de la escritura radical, afirma:

La narrativa andina posarguediana es la proyección natural del neo-indigenismo, pero con una combinación de nuevos elementos culturales, contextuales y sociales, conforme se torna más compleja la sociedad peruana en el último medio siglo. Como tal es también la continuadora de los postulados centrales del realismo social europeo, cuyos principios de justicia, solidaridad y lucha los asume, teniendo en cuenta las condiciones particulares del Perú y, en gran medida, a través de la interpretación ideológica de José Carlos Mariátegui. En concordancia con esta caracterización, nos interesa aquí lo que se produce luego del ciclo que se cierra con Arguedas y las colindancias que este proceso tiene con las últimas oleadas modernizadoras.

Ciertamente resulta apropiado señalar a Manuel Scorza como el punto de partida referencial de este periodo por cuanto la novelística andina posarguediana se inicia con la saga denominada “La guerra silenciosa” de Scorza. La primera publicación de este narrador, Redoble por Rancas, data de 1971… (2011; 156).

Rosas Paravicino, exponente destacado de la narrativa andina posarguediana, señala algunas características y afirma que esta es una proyección del neoindigenismo; que es continuadora del realismo social europeo por los principios de justicia, la interpretación de la ideología mariateguista; pero, el rasgo más importante que señala Rosas es que la novela posarguediana empieza con Redoble por Rancas, la novela más famosa de Manuel Scorza publicada en 1971. Curiosamente, este mismo año también se publica, de manera póstuma, la última novela de Arguedas: El zorro de arriba y el zorro de abajo.

El escritor y maestro universitario puneño Jorge Flórez – Aybar en su compendioso libro Literatura y violencia en los andes, cuestiona la periodización de la literatura peruana hecha por el canon y propone esta nueva:

  1. Autónomo o prehispánico,
  2. Colonial o hispánico,
  3. Indigenista,
  4. Neoindigenista,

El mismo Flórez – Aybar aclara: “Las periodizaciones o corrientes literarias, en el mundo occidental, se contraponen. En el mundo andino cada periodo es una consecuencia, un arribo unilineal”. (2004: 41).

 

  1. Deslinde cronológico, principales obras narrativas y exponentes

Como se ha venido diciendo, la primera novela posarguediana es la insuperable Redoble por Rancas y el año exacto es 1971. Por el lugar en el cual está ambientada, esta es una novela de Cerro de Pasco. La siguiente novela andina lleva por título Los hijos del orden (1973) del narrador cajamarquino Luis Urteaga Cabrera. En 1974, el narrador ancashino Marcos Yauri Montero publica En otoño, después de mil años. También en 1974 el prolífico escritor canteño Félix Huamán Cabrera publica El pedregal de Yaname. Desde el Cusco, en 1989 el escritor Ángel Avendaño lanza a circulación Los cuervos de San Antonio. Esta es una novela inquietante, que expone todo el aparato de corrupción y mediocridad dentro de la universidad cusqueña.

En la década de los 80 se produce el boom de la narrativa andina. Primero con cuentos cuya temática es la violencia, aparece Luis Nieto Degregori con Harta cerveza y harta bala (1987) y Como cuando estábamos vivos (1989). Enrique Rosas publica Al filo del rayo (1988). Para completar la trilogía de cusqueños, Mario Guevara Paredes publica en 1988 su libro de cuentos El desaparecido y, en 1995 su más famoso libro Cazador de gringas y otros cuentos. El escritor huanuqueño Samuel Cárdich, en 1986 publica su volumen de cuentos Malos tiempos. El escritor chalaco Dante Castro Arrasco publica en 1986 Otorongo y otros cuentos. A este volumen le seguirán Parte de combate (1991), Tierra de Pishtacos (1992). Este último libro mereció el prestigioso Premio Casa de Américas en 1992. El escritor piurano Cronwell Jara publica Las huellas del puma de 1990. Jaime Pantigozo para 1998 publica Y se fue con el viento, su primer volumen de cuentos. El escritor ancashino Macedonio Villafán publica en 1999 Los hijos de Hilario, un volumen de cuentos. La mayoría de estos narradores fueron galardonados por el Premio Copé, en sus distintas versiones.

Para la década de los 90, algunos de estos mismos escritores pasan del cuento a la novela con gran acierto y otros publican sus novelas más consagratorias. Así tenemos La violencia del tiempo (1991) del narrador piurano Miguel Gutiérrez, País de Jauja 1993 del narrador huancaíno Edgardo Rivera Martínez. Ximena de dos caminos (1994) de la narradora juniniense Laura Riesco y Rosa Cuchillo (1997) del ancashino Óscar Colchado Lucio. Estas cuatro novelas andinas, son las novelas peruanas más importantes de la década de los 90 del siglo pasado. Asimismo, recuérdese que En otoño, después de mil años obtuvo el premio Casa de las Américas de 1974, País de Jauja fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos de 1993 y Colchado obtuvo el prestigioso Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo e año 2016. A estos, le siguen otras de la misma calidad. El año 1994 el cusqueño Enrique Rosas Paravicino publica El gran señor, su primera buena novela. Le seguirán a esta, Muchas lunas en Muchu Picchu (2006), Suenan las campanas de Cusco (2015). El año 2003, Luis Nieto Degrogori publicó Cuzco, después del amor. La primera novela urbana del Cusco cosmopolita. El año 1996, el narrador huancavelicano Zeín Zorrilla publica su novela Dos más por Charly. El cajamarquino Miguel Arribasplata Cabanillas publica en 1986 su novela Los tres estamentos, el año 1898, Obdulia de los alisos y el 2001, Bajada de reyes. El narrador apurimeño Nilo Tomaylla publica en año 2005 su novela Crónicas del silencio. El 2006 el ya consagrado narrador apurimeño Feliciano Padilla, publica ¡Aquí están los Montesinos!, su primera excelente novela. El escritor puneño Christian Reynoso para el año 2007 nos sorprende con Febrero Lujuria, novela de la festividad de la Virgen Candelaria y todo acto que ello congrega. El año 2017 aparece Aqupampa, la primera novela quechua del país del huancavelicano Pablo Landeo. Arribamos al año 2018, se publican dos de las más representativas novelas del país de la década 2010 – 2020: El espía del inca de Rafael Dumett y Los Túpac Amaru de Omar Aramayo. Estas últimas son, acaso, la mejor novela del bicentenario.

 

  1. Temática de la novela andina

A nivel del tema, la narrativa andina es diversa. A continuación exponemos las principales:

  • La minería irresponsable que despoja a los campesinos sus tierras comunales y destruye la Pachamama.
  • Persistencia del latifundismo confabulado con el poder judicial y político.
  • Las luchas campesinas por recuperar las tierras despojadas por el latifundismo.
  • El ayni o trabajo colectivo del hombre andino para afrontar las desgracias naturales.
  • El cacicazgo abusivo de las autoridades políticas y judiciales.
  • La universidad, sus tres estamentos, relación maestros alumnos y la corrupción de grupúsculos que se enquistan en el poder dentro de la universidad.
  • El país mestizo, en el cual, fiel a sus raíces andinas, pero abierto a la modernidad y a otras culturas, y enriquecido por ellas, se forje un Perú integrado.
  • La frustración de un joven migrante que no puede lograr su ingreso a la Universidad Nacional de Ingeniería.
  • El rostro cosmopolita de las capitales de las provincias producto del flujo del turismo: el brichero.
  • La violencia político social de la década de los 80 y 90.
  • La teogonía andina o la deidad andina en el kay pacha y el hanaq pacha.
  • Las festividades religiosas sincréticas y todo lo que implica dicho evento.
  • El drama del mundo rural piurano: temores, amores, venganzas, etc.
  • La formación de las barriadas y vida azarosa de los migrantes en los pueblos jóvenes.
  • La historia andina o la historia incaica: sus personajes, sus revolucionarios y mártires.
  • La lucha de una familia de terratenientes contra el centralismo limeño.

Al respecto, el buen narrador andino Zeín Zorrilla afirma: “Los temas de la novela andina contemporánea, no son más los temas de la novela indigenista. Andino no es más sinónimo de Indigenista”. (2004; 16).

Estos narradores tuvieron también críticos y reseñadores desde los Andes como Manuel J. Baquerizo, el puneño Jorge Flórez – Aybar, el norteamericano Mark Cox y desde la costa como Tomás Escajadillo. Están también revistas como Sieteculebras, Apumarka, Revista de Literatura Peruana, esta última con ediciones dedicadas íntegramente a la literatura de las provincias. Desde la San Marcos, está Gonzalo Espino Relucé y desde la Católica, Ricardo Gonzáles Vigil. Desde el predio del periodismo, fue fundamental el papel del narrador limeño Maynor Freire. Se reconoce, también, editoriales como Lluvia editores, Arteidea y, últimamente, Pakarina que ha optado por la producción literaria en quechua o sobre producción literaria en quechua.

 

  1. Nuevas técnicas para la nueva narrativa andina

El vocablo “arte” deriva del griego “techné” = técnica, luego pasó al latín “ars” o “artis” como equivalente a talento, predisposición y habilidad. Con el tiempo, llegó a restringir su significado al acto de esculpir belleza. Como sabemos, la obra literaria está constituida por un fondo o tema y por una forma. La forma es lo que otorga la cualidad estética a una expresión, no el tema. Se puede escribir sobre un mismo tema un texto informativo, instructivo, expositivo o narrativo, pero solo si está narrada de forma estética adquiere el rasgo de arte. Es decir, la técnica es arte o viceversa. Ahora bien, la narrativa de José María Arguedas es única en cuanto a técnica. Dicha técnica consiste en fusionar la exposición y la descripción antropológica y la narración literaria en connubio mirífico. Eso es lo más resaltante de su técnica. Lo demás es el empleo de las muy manidas técnicas de la narrativa decimonónica europea: narración lineal, monotonía en el punto de focalización, una sola historia con un solo protagonista en toda la novela. No hay uso del in media res, ni iceberg o del dato escondido, no hay tensión dramática, ni suspenso, ni sus narraciones tienen finales sorpresivos. Ni siquiera emplea las modalidades de la narración oral quechua como el “Me dijo mi abuelo, Dicen que”, ni la representación de las onomatopeyas, procedimientos propios del relato oral. El mismo José María, en el Primer Encuentro de Narradores Peruanos, reconoce su desconocimiento de las técnicas narrativas. “La realidad es que cuando yo empecé a escribir yo no tenía la menor idea de que hubiera técnicas para escribir”.   Su última novela El zorro de abajo y el zorro de arriba, en la cual intenta modernizar la técnica, es una novela trunca. Afirmar que el final de dicha novela es su muerte, es una falsedad hiperbólica, un subjetivismo notorio, no de parte del tayta Arguedas, sino de los críticos y estudiosos arguedianos. ¿En qué termina las historias de Chimbote? ¿Cuál es final de la historia de los zorros? Arguedas, empieza a escribir la novela con el propósito de darle otro final, lo escribe como una terapia, no, con la intención de que el final de la novela sea su lamentable suicidio. La incorporación de sus diarios, no es parte de un plan inicial en la novela, sino una decisión tomada a última hora. En la carta fechada en Chile el 29 de agosto de 1969, que JMA escribe al editor argentino Gonzalo Lozada, textualmente dice Arguedas:

Esta carta se la entregarán junto con el “¿Último diario?” de los “Zorros”, documento que acaso pueda, como pretende, aliviar la novela de su verdadero aunque parcial truncamiento. Tendencias y personajes ya definidos –el proyecto era amarrar y atizar en la Segunda Parte- y símbolos apenas esbozados que empezaban a mostrar su entraña han quedado detenidos. Así los capítulos de la Primera Parte y los episodios de la Segunda, llegan creo, a formar una novela algo inconexa que contiene el germen de otra más vasta. (2011: 222).

Poquísimos han estudiado la técnica de la narración arguediana. Uno de ellos es Miguel Gutiérrez, quien en su tesis Estructura e ideología en Todas las sangres, exactamente en su capítulo III concluye que la técnica en Todas las sangres es aristotélica, desde la maldición y la muerte del personaje, Arguedas emplea la técnica de la tragedia griega. Jean Paul Borel, concluye sobre la novelística arguediana: “Esas novelas, por ser buenas como tales, no tienen nada que ver con la tradición oral: ni el contenido, ni el estilo o la técnica, ni el tamaño, ni la relación con el mundo y la sociedad” (1984: 80).

Pero, no por esto la narrativa arguediana pierde valor, ni es menos que la de los demás, ni de nadie. ¡Es única! Tan singular, que algunos narradores andinos posarguedianos le han imitado y, con ello, se han opacado y se opacarán en la luz del estilo arguediano. Conocedores de ello, un gran sector de narradores andinos, se ha alejado del estilo de narrar a lo Arguedas y han optado por otras modalidades más moderna. Ese es el primer rasgo esencial de la narrativa andina posarguediana. El segundo es lo que dice el poeta apurimeño Fredy Roncalla, “la narrativa posarguediana asume su propia personalidad, ya no es una traductora de la cultura andina, ya no es una explicación de lo andino al otro”. Así pues, los narradores andinos posarguedianos escriben para todos y, principalmente, para los mismos andinos. Y como hemos dicho, tanto en los cuentos como en las novelas, los narradores andinos posarguedianos hacen gala de las técnicas más experimentales y modernas aquellas aprendidas de las lecturas de Joyce, Faulkner, Hemingway, Onetti, Thomas Mann, Onetti, Borges, Rulfo, García Márquez, MVLL. Los cuentos de Cronwell Jara recurren al in media res (desprecia las típicas presentaciones de espacio y lugar) y opta por un inicio ya desde el conflicto, mantiene una situación dramática durante toda la historia y los finales de sus cuentos son sorpresivos. Óscar Colchado va mucho más allá y experimenta la narración polifónica o coral en su cuento El huacrayo; de esta manera, un solo hecho (la muerte del profesor) es narrado por varios. En el plano de la novela ocurre lo mismo desde Redoble por Rancas de Scorza hasta El espía del inca de Dumett pasando por Aqupampa, la famosa primera novela quechua. Veamos la técnica de las novelas de Scorza: fragmentación temporal, narración intercalada, realismo maravilloso, narración hiperbólica, la titulación cervantina de los subcapítulos. El narrador cusqueño Enrique Rosas Paravicino en su novela El gran señor emplea con bastante acierto la técnica de la narración intercalada. Así, en una sola novela se cuentan cinco diferentes historias con distintos protagonistas, que ocurren en tiempos y lugares diferentes al inicio, pero al final todos coinciden en el lugar meta de la peregrinación al Señor de Quyllur Tit’i en Cusco. El narrador apurimeño – puneño Feliciano Padilla Chalco en su novela ¡Aquí están los Montesinos! emplea la narración circular, esto es, empieza con su personaje central en Quellouno – La Convención –Cusco y termina en el mismo lugar con la muerte del personaje. Hay mudas espacio – temporales (Abancay, Cotabambas, Cusco), cambios de punto de focalización, icebergs, analepsis y prolepsis, todos empleados con gran acierto. Criba de Julián Pérez, empieza con unos amigos adultos en una cantina, luego a través de saltos, se retrocede a los hechos del pasado (cuando eran niños durante la violencia política), se narrado tres historias con diferentes protagonistas, hay empleo acertado del iceberg, el diálogo directo, cambios de narrador, realismo mágico, monólogo interior. El narrador cajamarquino Miguel Arribasplata en su novela Obdulia de los alisos, lleva al extremo del monólogo interior, la oralidad del poblador cajamarquino. Rafael Dumett en la excelente novela El espía del inca recurre a la narración fragmentada, a las modalidades de las novelas de espionaje, a la narración cinematográfica, cambios de narrador, iceberg, bloques superpuestos, etc. técnicas que hacen de esta la novela total, aquella que encierra toda la experiencia humana. Esto es, existe una formidable narrativa andina, poderosa e invencible, que avanza como un río que surge en lo más alto de los andes y cuantas veces quiera llega a la costa, a Lima, alborotando el gallinero, a veces como una lluqlla, en otras como relámpago; pero siempre hialino, sabroso y vigoroso, para con esa misma intensidad, tomar vuelto mundial. Ahí están las traducciones a otras lenguas, ahí están los premios nacionales e internacionales, ahí las ediciones en otros países. La narrativa andina es la mejor que tiene esta patria, sin ninguna duda.

 

REFERENCIAS

Arguedas, José María. (2011). El zorro de arriba y el zorro de abajo. Lima: Editorial horizonte.

Cox, Mark R. (2004). Cincuenta años de narrativa andina, desde el año 50 hasta el presente. Lima: Editorial San Marcos.

Flórez – Aybar, Jorge. (2004). Literatura y violencia en los andes. Lima: Arteidea.

Gutiérrez, Miguel. (2007). Estructura e ideología en Todas las sangres. Lima: Fondo editorial del pedagógico San Marcos.

Osorio, Juan Alberto. (2018). Sobre literatura peruana. Arequipa: Quimera editores.

Rosas Paravicino, Enrique. (2011). Elogio de la escritura radical. Cusco: Editorial Universitaria de la universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.

Zorrilla, Zeín. (2004). La novela andina: tres manifiestos. Lima: Revista Peruana de Literatura.

https://www.persee.fr/doc/carav_0008-0152_1984_num_42_1_1669: Arguedas o la literatura imposible por Jean Paul Borel.

https://hawansuyo.com/2013/12/04/arguedas-y-la-cultura-andina-nilo-tomaylla/?fbclid=IwAR2tRFgkr4Ygrg-g-0bkOESr_WSjHs5juy2rAiAQGuIUtsOB66-uCxedbeg

 

https://hawansuyo.com/2012/12/21/yawar-willay-jose-maria-arguedas-en-traduccion-de-gloria-caceres-vargas/?fbclid=IwAR1JAbQQCBcnKTFLO5vJeckZJ8cF2hC8-sM_s0HH2A0ikZhg11cFc2Fu7k0

 

Katatay, distribucion gratuita el lunes 1 de Diciembre

Con motivo de las cinco decadas del sensible viaje del Maestro Jose Maria Arguedas, el diaro la Republica, junto a la Casa de La Literatura, el Ministerio de Educacion, la Fundacion Gustavo Mohme y la PUCP distribuiran gratuitamente Katatay, con prologo de Julio Noriega Bernuy, e ilustraciones de Josue Sanchez.

Ya no ya!

Gracias a la acertada e incansable labor de Dante Gonzales.

No todas las noticias traen los vientos involutivos del clima politico de los Andes. Ir al puesto de periodico temprano, mas que sea en vuelo de condor.

Companamos la entrega con “la Agonia de Rasu Niti” interpretada por don Maximo Damian, que le dio la melodia profunda a la escritura del tayta Arguedas y muchos mas

Kachkaniraqmi y la escritura post arguediana en Niel Agripino Palomino. Fredy Roncalla 

“Santuyuqmi nisuptink

Waka chutaschallay”

Hace poco, Niel Agripino Palomino ha vuelto a circular una entrevista a Enrique Rosas Paravicino en torno a su novela “Muchas lunas en Machupiqchu”[1], escrita en parte para responder al no tan escondido racismo de la pregunta “el hombre donde estuvo” que Pablo Neruda, viendo cimitarras ciegas y escuadras equinocciales , plantea en Alturas de Machupiqchu. En esa reveladora conversación, hecha a vísperas del centenario del maestro JMA, Enrique Rosas habla sobre su obra y parece dar los lineamientos de la posterior producción narrativa andina en general y la de Niel Agripino en particular.

Pero si “Muchas lunas en Machupiqchu” puebla el vacío arqueologizado de nuestra historia con personajes de carne y hueso, y abre la veta de novelas históricas andinas como, entre otras, Las tres mitades de Ino Moxo (Cesar Calvo), El paraíso del arcángel San Miguel (Mario Suarez Simich), Incendiar la pradera (Feliciano Padilla), Cronicas del Silencio (NIlo Tomaylla) El espía del inca (Rafael Dummnet), y Los Tupac Amaru (Omar Aramayo), en la misma entrevista Enrique también hace referencia a una literatura post arguediana, aunque no he podido consultar su texto inicial.

A nivel teórico, la propuesta post arguediana parece haber tenido poco atractivo mas allá de la opinión de Nilo Tomaylla respeto a que ya es necesario, para el escritor andino, dejar de escribir como traductor cultural: adecuándose a la validación de la letrachayoq llaqta. En una comunicación personal, que esperamos sea desarrollada en un articulo, el mismo Niel Agripino, señala que un elemento central de la literatura post arguediana es la estructura no lineal y moderna a partir del Boom[2]. En todo caso, el florecimiento de muchos registros narrativos, poéticos y artísticos andinos en las ultimas décadas nos hace ver que los territorios de la narración caminan ya en otros espacios que la aparente alteridad absoluta ente cultura originaria y “occidental” subyacente en la producción del tayta. Un rasgo central de ese espacio postarguediano es que el sujeto andino e indígena habla en primera persona y va dejando de poner al campesino, el indígena, el cholo, el quechua y los registros híbridos entre comillas, como algo “otro”. Somos, kachkanchik, kachkayku, porque poblamos la página en blanco como antes /ahora habíamos poblado la geografía, el tejido y los espacios acústicos de poesía concreta.

Sin ir por las vertientes, la entrevista nos permite plantear que Todavía somos de Niel Agripino, se desenvuelve a partir dos ejes simbólicos que vienen del maestro: kachkaniraqmi o el impulso de permanencia, y el espacio post arguediano.

Junto a las metáforas sobre los zorros y todas las sangres, kachkaniraqmi, es tal vez el acierto simbólico mas imperecedero de JMA. Su peso solo es comparable a “mundo al revues”y “no hay rremedio”de Wamán Poma, “hay hermanos mucho que hacer”de Cesar Vallejo, “el mundo es ancho y ajeno” de Ciro alegría y “no podrán matarlo” de Alejandro Romualdo. Esa poderosa alusión a la capacidad de sobrevivencia cultural quechua frente a la hegemonía social y cultural hace eco a nivel personal y en la vida cultural y política del Perú. Que Todavía somos lleve por titulo la versión castellana de aquel símbolo es testimonio de su huella, como lo son innumerables homenajes nominales antes y después del centenario del tayta.

Pero mejor rastrear las connotaciones de estos ejes en los propios cuentos. Ambos están claramente presentes en “ El retorno de JMA” que abre la colección. Ahí el espacio post arguediano, fuera de la especulación teórica, es el territorio recorrido por la abuela Justina, que al fallecer se junta con el espíritu de JMA. Y la sobrevivencia, todavía soy, es el lapso va de la imposibilidad de unión entre los amantes juveniles y su posterior viaje a un territorio Hanan, que cobija sus flujos narrativos, vitales y espirituales. El nieto que cuenta la historia se nueve en varios espacios preparando al lector a un final sorpresivo para el cual Mama Justina viaja a Lima pese a estar anciana, enferma y ciega para luego encontrarse con el espíritu del tayta con el cual asciende a hanan convirtiéndose ambos en zorro y laguna de Pacucha. Esta misma laguna tiene gran poder simbólico en la narrativa oral y también en Anqhas Wayta, reciente novela de Hugo Carrillo. Si en general la alusión mítica es característica de las poéticas indígenas del continente lo novedoso de Niel es que es capaz de condensar varios ejes simbólicos en relatos breves desarrollados con técnicas no lineales que sin embargo remiten a hanan. 

En momentos que varios discursos parecen liberarse de la lectura utopista de la cultura andina, tal vez sea necesaria una mirada más puntual del flujo símbolo-literatura en las escrituras indígenas y andinas en general y las de Niel Palomino en particular. Sobre Niel ya contamos apreciaciones de Jorge Terán Morvelli, Juan Alberto Osorio y la reciente lectura hecha por Gabriela Isabel Cordero San Martin usando la teoría de colonialidad del poder de Aníbal Quijano y Walter Mignolo.  

En el Cantar de Vitkus, relato de apenas algunas páginas, lo primero que resalta es la capacidad del narrador de contar una historia de larga duración centrándose en un periodo relativamente corto pero que alude a varios símbolos centrales y de e la historia peruana. Si el articulo de Gabriela Isabel Cordero ha señalado las luchas de los jóvenes cusquenos contra los ispanas (sic) como acto decolonial, pienso que es también profundamente decolonial el que la historia es narrada en primera persona: el otro son los ispanas y los diversos grupos que los apoyan y dan la cara en sus lucha contra los jóvenes cusqueños. Abriendo el relato con una alusión al yana kuychi del Apu Inka Atahualpaman, la historia cuenta varios momentos de la resistencia que el Inka organiza desde el querido Yucay. Se relatan las campañas de resistencia en el Cusco y en Lima, que se perdieron por el apoyo de cañaris, wankas, waylas, chachpoyas y otras naciones le dan a un conquistador que esta siempre al trasfondo, como una garabato al pie de página del relato central. Resalta el fracaso del sitio de Lima a causa de apoyo de la cacica huaylas en apoyo a su hija, que era concubina del vil Pizarro. Pero en ese mismo episodio vemos que las jóvenes guerreras del Cusco han participado activamente. La historia se cierra con la muerte del Inca a manos de unos traidores ispanas. Pero antes de morir el Inka le encarga al joven narrador adentrarse a la selva y organizar la resistencia. Un final abierto en el que la imaginación puede elegir entre Juan Santos Atahualpa e Inkarri. Tal vez mas mejor Juan Santos, en cuya leyenda la mano del antropólogo y el etnólogo ha intervenido menos. Es acaso ese joven que ha recibido el mensaje de supervivencia del Inka –kanki, kanaykipunim- el que ahora habla kachkani en primera persona (colectiva) en el espacio postarguediano y post indigenista, como se ve en el actual florecimiento de las artes en lenguas originarias hibridas y en varios registros de español en los espacios andino amazónicos?

En todo caso, el “otro” va camino a ser un atavismo.

Hay que cantar. El canto es la materia de la cual estamos hechos, como dijo el Tayta. Y Niel es un wakachuta que canta y compone waka takis. Como grauino seguro ha escuchado la música de los Chankas, cuya belleza te jala a recorrer los espacios abiertos de las punas altas de Grau, Cotabambas y Chumbivilcas. De este acervo y espacio proviene la cancion Barbarita sobre cuyo origen escribe Niel como antes lo había hecho Felicano Padilla con Laulico Montesinos.

Si en el Retorno de JMA el nieto es el narrador, ahora es la abuela, enferma también, que narra a su nieta el origen de la canción inspirada en ella. La historia empieza en el tikapallana de Progreso, continua con los amoríos a lomo de caballo de la joven con un profesor y se trunca cuando este no acude a una cita en Abancay que hubiese hecho posible que ambos se fugaran y vivieran juntos. Tiempo después, ya en Lima y casada con un buen hombre, escucha de Los Chankas la canción en su nombre, que este conjunto había grabado en tiempos de Velazco. Ese disco le va a hacer recorrer los recuerdos una y otra vez. Si bien este relato no tiene los mismos niveles etnográficos que la tradicional novela arguediana e indigenista, no deja de dar testimonio del desplazamiento cultural del ande a la costa, y del rol central que la música juega en todo ello. Por muchas razones las historias vitales de maestros, empleados y artistas del pueblo, terminan en condiciones precarias e inhumanas en el hospital, que es quizás uno de las caras más oscuras de la llamada modernidad. Y en el caso de Babarita, anciana diabética y solitaria, nada mas desolador que contarle su historia a la hija de un inquilino porque sus propios parientes no venían a verla.

Si Niel es narrador en castellano y poeta cantor en quechua, también maneja el registro hibrido, chapu chapu, que Zein Zorrilla acaba de llamar Clave Huambar: huella de las diversas zonas de intercalación e influencia lingüística entre el español y varios idiomas originarios. Si bien es entendible, ver a esta zona a partir de la diglosia tal vez a obstruido la valoracion y el cultivo de su potencial creativo. Pero no es el caso del relato El color del desarrollo en el cual el narrador cuenta la depredación minera a mártir de la metáfora de un gusano que come la tierra. Aquí el relato en español acusa marcada influencia del quechua en su composición morfológica. Se aumenta asi un corpus que empieza por Waman Poma, Huambar, Churata, Arguedas como predecesores y ahora aumenta en los trabajos de Virhuez (Volver a Marca), Oscar Colchado (Kuya Kuya), Apurunku (Killinchus pateadores de precipicios) para dar unos ejemplos. También esta zonas de creación hibrida, que ya la canción del ande ha practicado unaymanta, tendrían que tomar en cuanta experimentos multilingües como la ultima poesía de Odi Gonzales y la narrativa de Reyna Esther Aguilar y Jorge Muñez del Prado. Ello sin negar la floreciente actividad escritural tanto en quechua, español y en lenguas originarias con o sin traducción. Esta diversidad de recursos y universos creativos en constante dialogo es tal vez la marca mas notoria del espacio postarguediano en los andes. El color del desarrollo nisqan.

Transitada una suerte de lectura de arte poética en los primeros cuatro relatos de Todavía somos, la lectura se abre a la celebración de varios aspectos del tejido vital que al autor comparte con una gran cantidad de narradores para los el motivo del “otro” ha dejado de existir . En la confesión de Ofelio Uscamayta Niel nos cuenta una historia de violencia domestica, decepción , alcoholismo, celos y conversión en que al final el pastor evangélico navega con bandera de pendejo, pero se afana a la mujer del celoso, que ahora es un fiel seguidor de la secta. Puro humor, del que hay de sobra en los andes. Las historias de amoríos escolares y del alumnos pícaros y mataperros no podrían faltar. En Colegiala de mi primer latido se nos cuenta todo ello. Y también un partido de futbol entre los colegios Encinas José María Arguedas que poniendo los nombres de los maestros en la cancha los hace jugar pelota qaytaspapas en los nuevos espacios de la creatividad en el ande, como es en el caso de la narrativa postarguediana de Niel Agripino Palomino.

Casino Borgata, Atlantic City

14 de agosto de 2019

Terminado hikutallana por culpa del santo de Niel

Sasa qellqanam Todavia Somosmanta Kasqa

 
[1]

[2]Pero la no lienealidad, entre otros aspectos que Churata es el primero en reconocer, viene de Waman Poma.