Breves apuntes sobre las categorias quechuas. Fredy Roncalla

Hay cosas mas urgentes.

Pero debo expresar una preocupacion de hace mucho tiempo: se pueden hablar de categorias quechuas de forma nominal o logocentrica?

Toda vez que en la “palabra” quechua y en lenguas aglutinantes, la raiz nominal o nominal verbal  es solo un inicio, que va cobrando sentido con  los sufijos anadidos, la frase, el discurso y el contexto?

No se trata de la fallida critica postmoderna sino de planos mas concretos.

Al hablar de la  competencia tecnica como criterio estetico, Cassandra Torrico muestra lo absurdo de las preguntas de los antropologos por los simbolos y su significado.

Lo mismo hace Odi Gonzales al notar  la dificultad que tiene Marisol de la Cadena al tratar que el  Altomisayoq Nazario Turpo de le una definicion.

Aciertan ambos en que las preguntas estan mal planteadas. Y aunque no iria al extremo de sostener  que el quechua es una lengua concreta y no abstracta,  esto merece una reflexion mas cuidadosa.

Tanto en la academia como en el activismo se usan varios terminos o categorias que se rigen por la paradoja nawin de la modalidad occidental: la busqueda de la precision semantica dando lugar a la expansion del sentido. Pero en base a la delimitacion del concepto. Es decir, su emergencia cognitiva de estas categorias se rige por el ordenamiento hegemonico y no al revez.

Entonces, en verdad, cual es la genesis de terminos muy en boga, presentados como autenticos y originarios? Kay pacha, hawan, ukun, allin kawasay, etc?

Porque no es posible en lenguas aglutinantes –como ya he senalado–  plantear la cuestion del ser, de la tradicion occidental no solo su piedra fundante, sino tambien de lo que ahora se usa como categorias originarias

Y el uso del sufijo -y como infinitivo y nominalizador verbal puede, segun el contexto, ser imperativo

Tal vez se trate de abstracciones fuera de la lengua, anidadas en los intercicios semanticos y culturales, imposiciones de los politicos, academicos, las oneges, al arte y un largo y sinuoso discurso de autenticidad

chaychus industrias cognitivas kanman

hey suado esas “categorias” en varios escritos y al primero que le cae el guante aglutinante es a noqa.

Nispalla nichkani

 

UKUN RIQ MAYUKUNA KAYPIPAS MAYPIPAS. Fredy Roncalla

UKUN RIQ MAYUKUNA KAYPIPAS MAYPIPAS:
llaqtan llaqtan José Maria Arguedas liyiyqasmanta[1]

Debí leer la Oda al Jet bajando desde Newark, pero mientras en la pantallita del avión James Dean hacía de las suyas en Rebelde sin causa, yo ya estaba metido en la copia de Los ríos profundos que me régaló un wayki en Ithaca. Si en esa película el héroe ancentúa conflictos juveniles exponiendo el vacío existencial de la postguerra americana de un modo lineal y previsible, en Los ríos profundos el joven Ernesto narra su historia personal, dibuja jóvenes y curas del internado, y retrata efectos de luz, sonido, música y movimiento con una profundidad reveladora.
Esta profundidad viene de esos Andes tiernos y violentos que va presentando en la brutalidad de Lleras y Añuco, en la lascivia de la opa disputada por los estudiantes después de un cura, en los pequeños desafíos entre alumnos estratificados, y también en la amistad de Palacitos, del Markasqa y las chicheras. Pero lo que más devuelve la alegría al joven Ernesto, es el sonido y baile del zumbayllo que el Markasqa le regala. El capítulo del zumbayllo es quizá la razón por la cual Arguedas dice que “el canto es seguramente la materia de la que estoy hecho”, y por la cual Los ríos profundos son un largo y extenso poema que, ama waqaspalla, producen en el lector una conmoción ausente en el arte como artificio. Además, el zumbayllo es una prenda mediadora, que reconcilia a Ernesto con un Añuco caído en desgracia y lo aleja de un Markasqa que podría matar colonos sin cerrar los ojos.

Una parecida total deshumanización del prójimo sucedía en la masacre a los palestinos de Gaza, y se revelaba en los diarios sobre las torturas a campesinos en Cajamarca, cuando volví a leer Los ríos profundos. Ahí el niño Ernesto acompaña a su padre a visitar al viejo y es cuando siente vivas para todos nosotros las piedras incaicas del Cusco. Sabe desde entonces que al final, antes de refugiarse de la peste en la hacienda de un gamonal, se irá arriba el Pachachaca en busca de su padre y la humanidad suya y nuestra.

En Lima abundan homenajes arguedianos. Dicen que son respuesta a la globalización y el neoliberalismo. Y duran más que las serenatas a la capital, que comparte con el autor el mismo santo capricorniano. El duelo de su suicido parece convertirse en una celebración de la lloqlla migrante que anuncia en sus poemas, para decir que después suyo habrá un país “en [el] que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir feliz todas las patrias”. O todas las sangres en su acepción inicial, aquella no afectada por la manipulación neoliberal de los significantes. Contra el encuentro de lo andino y lo neoliberal es la queja de un sociólogo del IEP frente a las arperas del norte chico. Y coincide Julio Humala hablando en la casona de San Marcos. Si en su escritura es eje referencial, fuente y cumbre, es en la música andina donde el aporte de José María Arguedas llega plenamente a través del pueblo. Hablando de “El huayno en la obra de José María Arguedas” Julio explica el impulso del funcionario público a las primera grabaciones fonográficas, donde aconseja a los grupos mantener su sabor propio. Dice también que en su momento la forma tradicional no necesitaba de cambios, pero que con el tiempo se imponen innovaciones ya previstas y apoyadas en los estudios de Arguedas. De ello también hablamos en un conversatorio sobre el You Tube y la música andina con Leo Casas, Roger Rumrrill, Walter Ventosilla y varios tigres del sur. Lo que sigue es la explosión global de infinidad de variantes de música que van desde el violín hasta la electrónica, y desde los circuitos locales a los globales. Sólo que la acertada crítica al neoliberalismo parece ir en contra del gusto indígena ahora también urbano, que es de donde supuestamente brota el ñawin puqyo de la tradición.

Pero si en Los ríos profundos los momentos de plenitud musical en las chicherías están a un paso a períodos de caos, represión y violencia, ello implica que la tarea es desentrañar cómo se da esta pujanza andina en momentos que cunde el neoliberalismo, la comunidad podría ser desarticulada, el agro va a su destrucción, desde las minas nacen ríos muertos, y un país del sur compra tierras y negocios al ritmo que aumenta sus fuerzas armadas. No por gusto la Carretera de Lima a Abancay, llena de peajes infames a cada milímetro, está llena de huecos y baches en el tramo de Lucanas y Galeras Pampa a Puquio, las paqarinas de José María Arguedas.

“Hatun antiman mayuqa apanman karqa. Almakunapa llaqtanman. Chay Lleras hinallata.” Con estas palabras, referidas a la opa doña Marcelina, podría terminar la versión quechua de Los ríos profundos, que al comienzo diría “Manchay niraqmi karqa wiswi machullaña kaspapas”. Pero he terminado el texto en una picantería abanquina al son de una tonada de rock. Luego de la represión a las chicheras y lejos de Huanupata una banda militar acompaña los paseos excluyentes de jovencitas y principales por las aceras de la plaza. Voy ahí para imaginar como Ernesto graba cada sonido mientras el markasqa busca nuevas amistades. Ahí donde se ha dado la primera prohibición municipal contra el racismo, la plaza ha dejado de ser un lugar exclusivo. Varios lustrabotas y una heladerita conversan cerca de mi banca. Al rato de sienta un joven. Estudia ingeniería de minas y ha sido lustrabotas. Sabe que no hay trabajo y el futuro es endeble. So much for Las Bambas. Es de Andahuaylas y ha leído Los ríos profundos en el colegio. El cuerpo del escritor ya está en su pueblo, le recuerdo. Sí, pero qué ha cambiado en Andahuaylas? Se va con una crítica radical a la apropiación estéril del cuerpo del escritor. Me pregunto si pasa lo mismo en la academia, con la diferencia que ahí el cuerpo es simbólico y el vacío se llena de palabras bambas sobre el otro, como si lo que Ernesto dice no estuviera tan cerca de nosostros chalhuanquinos tuykuq motes, abanquinos piki chakis y llapan llaqta puripakuq andinos.

Por eso el profesor de Cachora ha tenido Los Ríos profundos cerca suyo cuando luchaba con autoridades de su pueblo, y siente que Arguedas está con él cuando visita a un alumno preso por seguir el mismo deseo de justicia. Lo dice Eliazar Rodríguez Espinoza, quechua hablante, comunero y escritor, en la sección Arguedas y mi mundo de un ladrillo del IEP, el mismo que condenó Todas las sangres en una mesa redonda de 1965, sólo para que, décadas después, Aníbal Quijano dijera que occidente es también producto del trabajo y la riqueza indígenas.

Del antiguo internado, donde Ernesto cuenta de jóvenes mestizos con diferentes grados de cercanía y distancia a lo indígena, no queda nada. Los curas, últimos socios still in bussiness de la conquista, han puesto un colegio de mujeres. A unas pocas cuadras, que en la novela son una inmensa distancia social, está el mercado de Huanupata. Y más abajo, junto al Terminal de buses cama, y al lado de la casa del cantautor Wilbert Tamayo, las ruinas de Patibamba darían la impresión que el gamonalismo ha acabado, si no fuera porque aún existen grandes brechas aquí y en todas partes.

Pero ha llegado el primer ministro y habla cosas que no se entienden en el sonido borroso de la televisión analógica del hotel. Será que por ahí se quieren meter los moscardones de la novela cuyo vuelo describe Arguedas casi en cada movimiento de alas. O que Rosita de Espinar, los carnavales abanquinos, y Rio grande de Chalhuanca están sonado por todas partes.

El poeta Hernán Hurtado me ha encontrado en una cabina de internet y hemos hablado de literatura sin parar. De Federico la Torre, del Chillico, de Sara cosecho de Manuel Robles Alarcón, de James Oscco asesinado prematuramente, del Lunarejo comentando a Góngora, de la música en chicherías llenas de moscas, del aplastante sermón del cura a los colonos de Patibamba, y de la violencia en el internado que Hernán estudia en un artículo. El personaje que lo cautiva no es la suni chuqcha que auxilia a Ernesto en Patibamba, pero la rebelde doña Felipa, que desenmascara a los curas, dirige la rebelión y reparte sal a los más oprimidos. Desde cerca Arguedas se entiende a partir de las contradicciones sociales, y desde lejos bajo el supuesto que lo indígena es intraducible. Mas tarde, con Wilbert y Hernán nos hemos metido en una discusión sobre lo tradicional en el huayno. Acalorada, honesta, y fluctuante entre el temor de no perder lo ancestral y la sirena irresistible de lo nuevo.
Carnavales en la Pza. de Chalhuanca.

Hemos bajado al Pachachaka. Al puente sobre el río puente del mundo. Nombres yuxtapuestos como enigma en quebrada profunda sagrada desde antes. Chaytaqa musianallayki kachkan. Hasta ahí llega Ernesto en momentos cruciales, y por su arco liminal pasan doña Felipa y doña Marcelina. Una rumbo a la libertad y la otra a la muerte. Río, puente axial, canciones en quechua y el zumbayllo winku remiten en Los ríos profundos a lo sagrado, al claro espejo de nuestro ser personal y colectivo, a aquello que nos habla sacando de nosotros una ternura humanizante. Producto de una amplia inteligencia cósmica, esta sacralidad, que viene de una zona de inocencia incubada en el entorno indígena de Lucanas, y es acentuada por la articulación artística de un escritor profundo, contrasta tajante con la violenta religión oficial de los curas. Contrasta también con un mundo jerárquico e injusto.

Lo “sublime” designa un temor sagrado que repele, atrae y lleva a otros límites. Dudo en aplicarlo al Pachachaka, no sólo porque está asociado a un atávico goticismo rock, propio de los bares al lado de la Avenida Arenas, sino porque nada más lejano a la estetización gótica de la muerte, y el posterior romanticismo agónico, que la sacralidad de un lugar tallado por las aguas de millones de años. Cuál sería el término quechua que designa la belleza que remite a lo sagrado y el alma de una cultura? Qué nos dicen esas aguas cargadas de vida sobre la novela que las alude? En qué registros de epifanía menor se reunen tres creadores apurimeños hablando sobre el maestro? Tras sendas fotos emprendemos el retorno mientras pasa un auto con un abogado y una estudiante de Hernán rumbo a recodos placenteros de la otra banda.

Y ha llegado el momento de cerrar del todo el socavón iluso de la lectura utopista de nuestra cultura. Herramienta útil en los setenta, el “mesianismo andino”, que también alimenta Buscando un inca de Flores Galindo, ha devenido en recurso reaccionario para intentar encasillar al ande a un pasado estático. Si en la historia su secuela más brutal es negar la legitimidad del Taki Onqoy y las rebeliones indígenas, en la actualidad subyace a la antimetáfora del “perro del hortelano” y la “ley de la selva” que amenazan el centro vital de la comunidad: la propiedad colectiva de la tierra. Ahí se esconde una nostalgia señorial incapaz de contener las actuales articulaciones de sujetos dueños de su propios enunciados vitales y culturales. Al hacer más asequible la supuesta alteridad andina a la escritura, Arguedas ha abierto un camino donde ampliamos la univocidad de lo moderno a varias temporalidades simultáneas. Los andinos no buscamos ni un inca ni una teta asustada.

Ya en casa, Wilbert toca su temple baulín de corazón amplio. Cantamos Kondurchallay Aymaraes y Expreso Puquio Perez Albela. Hernán habla del tema de la despedida en las canciones antiguas. Me siento en casa. Pienso que desde Kuniraya Wirakocha, los doscientos pueblos de Ernesto y su padre, el cantor itinerante de la Mamacha Cocharcas, hasta los pasos golondrinos de Juan Ramírez Ruiz, el caminante casi forastero tiene mucho que decir y aviva la cultura. No puede, sin embargo, transitar páramos de lo intraducible. Pero es el rondín de Palacitos yendo quebrada arriba en busca del padre de Ernesto lo que marca la pauta. Vuelvo desde donde volví pasando por Chalhuanca rumbo a Lima y New Jersey, que es apenas una larga estación de tránsito.

2-18-09

(1) Una lectura multilocal de los Rios Profundos

Huellas y presencia de Juan Ramirez Ruiz. Fredy Roncalla

Con breves modificaciones copiamos una nota de 2015  en  Ancash 444: aproximaciones a Juan Ramirez Ruiz gracias al interes de Javier Valencia por la obra de nuestro amigo. Tambien cumplimos con informar que Revelacion en la senda del Manzanar: homenaj a Juan Ramirez Ruiz ya se encuentra en la libreria MacNally Jackson de Nueva York. Van aumentando las gotas que profundizan la huella. Los estudiosos del poeta siguen invitados a compartir su trabajos finalizados, bocetos y homenajes en Hawansuyo

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Va aumentando el reconocimiento de Juan Ramirez Ruiz y su obra. Hace poco se le hizo un homenaje en el local de Culture Fix de Nueva York, a un par de cuadras donde un trozo de la calle 3 lleva el nombre del reverendo Pedro Pietri. Y esta semana, en la Universidad Villareal, en la que Juan y Jorge Pimentel idearon e impulzaron Hora Zero, unos jovenes organizan el 1er Atropello poético y vital: JUAN RAMIREZ RUIZ evento al que me gustaria ir, pero ando varado en los calurosos paramos de New Jersey. Pero lo que si se puede hacer, es senalar que, mismo politiempo, en esta semana el trabajo de Juan, sobre todo en Las Armas Molidas, resuena en otros campos de estudio. Precisamente porque la poesia de Juan Ramirez Ruiz es un vasto universo que merece la misma atencion que, digamos, Cesar vallejo, Jose Maria Arguedas, Juan Jose Flores y Waman Poma. Releyendo la valiosa Escritura Quechua de nuestro wayki Julio Noriega, di

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Gaspare Allagna frente a la antigua casa del poeta

con una nota al pie de pagina, donde Edmundo Bendezu, al hablar de la poesia quechua, senala la posibilidad que esta pueda encontrarse en otros codigos semioticos aparte de la escritura alfabetica. Ello tiene relacion directa con la introduccion de las Armas Molidas donde Juan presenta una serie de andigramas, o rastros signicos de las culturas ancestrales. Pero he ahi que releyendo la primera parte de La otra Literatura peruana de Edmundo Bendezu, aquella relativa a la traduccion y el ocaso de la literatura inca – donde concidera a Manko Kapaq como poeta- encontramos vasos comunicantes  con las Armas Molidas. Bendezu habla de la huella y de la archihuella de la literatura inca, que nos llegan solo porque Betanzos es casado con Angelina Anas Yupanqui – otrora concubina del vil Pizarro-. Nos dice que al buscar la huella mediante los contactos de su esposa, Betanzos produce un texto que difiere estilisticamente de las demas cronicas. Al respecto Lydia Fossa – en Narrativas Problematicas: los incas bajo la pluma espanola- ha escrito una valiosa deconstrucion de Betanzos y otros cronistas que valdria la pena revisar. Pero lo que aqui importa es el concepto de la huella, que es eje central de la busqueda y el viaje del hombre de las Armas Molidas en su camino al gran sur y la dimension hanan. Y de donde vienen las fuentes?. Mejor: en que momento es que la poesia estuvo en la dimension hanan, que el Kapaq Apo Juan Ramirez Ruiz busca en todo su sistema poetico que viene de Un par de vueltas, pasa por Vida perpeta y continua en las Armas molidas como culmen de la poesia integral? La repuesta la da el mismo Bendezu al hablar de Manko Kapaq como poeta orando a Tiqsi Wiracocha y pregutando maypim kanki, para dar cuenta que Wiracocha es el equilibrio de la dualidad fundamental del cosmos. Ello basado en la cronica de Pachacuty Yamqui – que da la matriz tetrasimbolida para la escritura alfagramatica de las Armas- y apoyado mas tarde por Waman Poma, que al hablar de la generecion wariwiracocha runa repite la misma oracion. La poesia como soporte del cosmos, del orden terrestre y hanan. Sabido es que Juan Ramirez Ruiz busco una escritura propia y hurgo bastante en las tradiciones signicas originarias. Al momento que escribo esto, en Arequipa se esta realizando un simposio sobre Qeros, signos tocapus y la escritura andina, con la participacion de varios especialistas nacionales, norteamericanos y polacos. Esperamos que esta area de estudios tienda puentes con los estudios ramirezruizerianos.

Donde si hay un puente claro es en la presentacion del The Oxford Book of Latin American Poetry donde Celicia Vicuna antologa entre los poetas canonicos textos ceramios, quipus quipus y danzas a parte de reconocer a Waman Poma como lo que siempre fue: un gran poeta. El trabajo de Cecilia Vicuna que habla de la relacion del hilo, el tejido, la vida y la poesia tiene grandes vasos comunicantes con el de Juan Ramirez Ruiz. Lo mismo que su concepcion de los seqes como poesia espacial . Algo que tiene resonancia con la propuesta de los nombres del entorno geografico como poesia concreta, y del paisaje sagrado como texto de resitencia relogiosa, como menciona Rebecca Carte respecto a la a la presecucion empredida por Francisco de Avila contra quienes practicaban su libertad de culto.

Todo lo arriba mencionado aumenta el caudal de un esfuerzo colectivo de reconocimiento y presencia de Juan Ramirez Ruiz que se dio inicialmente en el libro

progresivo en linea Ancash444: homenaje a Juan Ramirez Ruiz que muy pronto, con vario anadidos, saldra en forma del libro impreso: Del jubilo a Hanan: homenaje a Juan Ramirez Ruiz [ que salio como Revelacion en la Senda del Manzanar: Homenaje a Juan Ramirez Ruiz]. Libro que cuenta con numerosos homenajes, estudios academicos y testimonios sobre la obra de Juan Ramirez Ruiz no solo de sus amigos y gente de su generacion sino de amantes de su obra fuera del pais. La edicion de este libro ha sido hecha por Fredy Roncalla con el valioso apoyo de Roger Santivanez y Marithelma Costa y sera publicado muy pronto por Pakarina Ediciones y Hawansuyo. Para lo cual pedimos al amable lector y a los amigos de Juan que nos proporcionen todas las fotos que tengan del poeta. Ojala tambien, que en un tiempo no muy lejano el publico en general tenga acceso a la republicacion de la obra de nuestro recordado amigo, ama hina paspalla.

Hacia una escritura trilingue en la diaspora andina. Fredy Roncalla

En el Jalla Cusco de 1999, me inscribí para participar con una ponencia sobre escritura trilingüe quechua ingles español, en un viaje que me retornaría a mi natal Chalhuanca después de 27 anhos. Llegué presto y pase todas las inscripciones del caso. Pero cuando busque mi famosa ponencia, chinkarapusqa. No había nada en mi maletín. Con las justas, en una de las pocas cabinas de entonces, pude recuperar el poema que le acompañaba -que en su momento lo voy a librar del pinche scribd-. Manos mal ya William Rowe había leído el poema, y me recomendó presentarlo con el acompañamiento del querido maestro Don Máximo Damián, gracias a quien la lectura salió muy bien, siguió en  Lima  con una lectura de Muyurina en el aniversario de Chirapaq, y la idea de la poesía trilingüe  tuvo cierto eco en algunos espacios. Pero chayqallariyniny qamutayqa chinkarapun. Hasta que  hace unos días, en medio de la mudanza de New Jersey a Upstate Nueva York, he encontrado el borrador de la famosa ponencia, que habiay sido impresa al reverso de un print out del articulo mas largo de Escritos Mitimaes dedicado a Wamán Poma. De lo mucho que tuve que dejar al recorrer memorias y olvidos de tres decenios en esta mudanza, este escrito es algo que comparto cariñosamente, toda vez que estuvo guardado en un archivo junto una de las pocas fotos de mi padre, y a dos días del cumpleaños de mi madre. Descargar el documento hacia-una-escritura-trilingue. Imagen de la portada: Manto Paracas, por FR

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Kaypitaq chay poemacha:  tradiciones libres traducciones

Killincho pateador de precipiciosmanta. Fredy Roncalla

Manaraq mosoq wata chayachkaptin, aswan kay qayna wata qellqasqay hamutayta qespichisaq. Icha nan wayki Alejandro Medina Bustinza (Apurunku) novelantan reqsichirqana. Imaynapas kaptinqa, dicen las malas lenguas que el Guardia Tamayo y su sobrino habian estado en la jarana de Adelaida y dona Felipa en Wanupata, y que ya llegan, tomados de la mano de Aurunku, Tulancha, Canciocha y el joven narrador de esta  novela, que ha caminado los mismos pasos que el nino Errnesto, pero como waqcha de la kikin comunidad. Kuska chiki iman aqa wasipi pasasqanta rikunqaku. Antes y ahora la vida es dura, pero acaso somo killinchos pateando  precipicios congresales.

 

Sobre Killinko pateador de precipicios de Alejandro Medina Bustinza (Apurunku)

 

Fredy Roncalla

 

 

 

Conversando acerca de su artículo sobre los cambios en la narrativa quechua reciente, donde primero comenta “Memorias de un soldado desconocido” de Lurgio Gavilán, Ulises Juan Zevallos sostiene que se trata de una narrativa quechua escrita en español, coincidiendo acaso con el planteamiento de Hugo Carrillo, en el sentido que al contar los quechua hablantes en el Perú, hay que tomar en cuenta los quechua pensantes. Que no hablan la lengua, pero tienen un español de evidente sustrato quechua en la fonética, morfología, y sintaxis. Estos tres niveles espero en un futuro no muy lejano sean cimiento del análisis no solo temático sino estilístico de la literatura quechua escrita en la actualidad. Porque si hay algo que define la narrativa de Apurunku, es un estilo donde actos y desarrollos narrativos son presentados con una serie de modificadores del núcleo verbal discursivo trazando matices no solo con la adjetivación, sino con una serie de frases subordinadas que conducen a la imaginación a infinidad de tonalidades que reflejan la sintáctica y la morfología aglutinante del quechua:

 

Inmediato, interrumpiendo los instantes lúgubres del silencio, otra vez los grillos empezaron entonar sus habituales jaranas bulliciosas, dejándose escuchar sus bandurrias chillosas por todos los rincones de los caminos extendidos. Se les oían por las calzadas rigurosas y zigzagueantes, que se iniciaban o culminaban en el centro de la plaza de armas del pueblo. Hacían sentir sus singulares chirridos desde agujereadas paredes de adobe de las casas añejas, incluso, desde entre piedras de los perímetros espinosos que bordeaban a las chacras alejadas de la población

 

Antes de recalcar en la dulzura y la musicalidad del lenguaje de Killinchus… es necesario incidir sobre un aspecto poco estudiado de la presencia quechua en la escritura en español: en la narrativa de Apurunku el español quechua es de permanencia. Me explico. Si algo caracteriza a la escritura literaria andina, de autores bilingües o monolingües de entorno quechua, es el esfuerzo intencional por acercarse a un español “limpio”, concordante con las norma narrativas del momento, con la posibilidad de retornar al quechua posteriormente. Un antiguo viaje de ida empezando por Garcilaso, El Lunarejo, José María Arguedas, y narradores y poetas andinos mas recientes. Incluso Juan José Flores, cuyo Huambar aborda el quechua y el español mejorado desde planos narrativos de un español estándar impecable. Siguiendo el hilo, el viaje de vuelta sería la incorporación por estos autores del universo lingüístico y temático quechua, como se puede ver en los tardíos textos quechuas del Lunarejo, o en la opción de segundo momento por la literatura quechua en autores más recientes. Pero hay un viaje de permanencia, que no necesita el refinamiento estilístico en el estándar para dejar su huella. El primer caso es el de Wamán Poma, pasando acaso por Gamaliel Churata y continuando en narradores como Apurunku.

 

Pero chay palta rimayqa qallarinallan kachkan. Porque la narrativa de Apurunku es una fiesta del lenguaje, hasta tal punto que el idioma es casi un personaje del relato. La descripción del chillido de los grillos, inicia el relato al momento que anochece sobre Tiaparo y sus habitantes, mientras un pesar silencioso cae sobre el narrador personaje. Un niño recién llegado que vive con su abuela Mamay Anqui, y que acaba de desafiar al hijo privilegiado con el guardia del pueblo, Gonzalucha Tamayo. Si bien de entrada la novela nos sitúa en ese lugar lleno de conflictos y divisiones sociales y lingüísticas como es el de una escuela rural, lo que afecta al niño no es tanto el temor a pelearse con el hijo del guardia un par de días mas tarde, sino la insistente pregunta de si el hecho mismo es un acto correcto, ético. Esta indagación ética lo mueve a explorar el mundo interno de su abuela, del guardia Tamayo, de sus amigos comuneros, del profesor cusqueño, y de los hijos del guardia. Pero como en el Ande el mundo ético no está solamente ligado a las personas, la mirada también explora lugares sagrados y peligrosos como una antigua cueva o una piedra encantada camino a Tiaparo. Y el canto, que es cimiento espiritual de la geografía ética del Ande, es presentado en varias transcripciones y traducciones excelentes, de un narrador en constante reflexión sobre el lenguaje.

 

No solo el de la discriminación, por parte de los “principales”, sino las zonas intermedias, de presencia precaria del español en un entorno quechua, que produce efectos risibles en los limacos, y dificultades expresivas en los comuneros. Que sin embargo al momento de hablar en quechua despliegan estrategias verbales ético poéticas que sustentarían el ideal del “buen vivir” de una comunidad quechua aymarina. Feliz paradoja de la primacía expresiva del quechua comunero relatada en español andino. Aquí destacan las reflexiones en torno a Tulancha Huamani, a un anciano moribundo que resuelve el conflicto con Gonzalucha al final de la novela, y Mamay Anqui, cuyo rezo viaja desde el territorio de los vivos hacia aquel de los difuntos y los Apus locales.

 

Uno de los momentos mas bellos es cuando se describe el inicio del conflicto con Gonzalucha:

 

La pelota rodaba, conduciendo su figura esférica hacia el área donde nos hallábamos brincando con nuestro juguete hecho de harapos, pero firme y resistente. Mi curiosidad mostraba expectativa por aquella pelota extraña de jebe, entrometida, desde su aparición inesperada en nuestra cancha; con su girar suave sobre el pasto, parecía dirigirse precisamente hacia la dirección mía. Siendo notoria las maniobras indiferentes de los majktillos de los dos barrios, frente a este hecho que ha de suscitarse, en ningún momento ningunos intentaron detener el recorrido del balón. Algo muy extraño sucedía. Mayor fue mi impresión al advertir las actitudes evasivas de mis amigos de calle arriba con respecto a la pelota intrusa. Ésta, venía rodando hacia donde yo me hallaba. Ya estando a mi alcance, no me quedó otra opción y detuve su marcha mediante un pisotón firme; con la seguridad de haber atajado su girar esférico. Así pues, prensándola con mi pie diestro, de inmediato frené su recorrido.

 

Efectivamente, aquella pelota agraciada, traída desde la ciudad, con su desplazamiento globular había llegado hasta mis pies. Yo, lo que hice fue, cualquier otro lo habría hecho igual, es decir, contuve su recorrido con un pisotón contra el suelo. Qué mansito sentí el círculo de la pelota bajo mi pie. Los chiuchis de Uman Calle siempre habíamos soñado en poseer algún día, una pelota similar para nuestros juegos comunes. Ahora, yo la tenía bajo mi pie. Consideré apreciada la delicadeza de su cuerpo de goma, su matiz verde retama, tamaño regular. Qué duda cabía, con una pelota similar los chiuchis jugaríamos igual que los campeones de las provincias; segurito pues nuestros juegos serían maravillosos. Nos enfrentaríamos a cualquier equipo.

 

Pero tocar la pelota de hijo del guardia Tamayo es una trasgresión. Eso lo deja claro Gonzalucha Tamayo que se acerca con su hermano y sus empleados. Su tono es agresivo e insultante. En parte porque el narrador es un niño recién llegado y no esta al tanto de todos los modales de la subordinación, enfrenta a Gonzalucha y patea la pelota de hule hacia más abajo, cual killlincho enfrentando al gavilán en los abismos de la discriminación. Sigue una confrontación y el acuerdo de resolver la pelea un par de días después.

 

Como ya se ha dicho antes, este incidente mueve al narrador a buscar resolver sus dudas con una observación minuciosa de la vida de los comuneros quechua hablantes de Tiaparo desde el punto de vista de un niño de padres separados. Ir a recoger pasto para los cuyes, por ejemplo, le permite explorar la interrelación y sicología de sus compañeros, entre los cuales destaca el Tulancha Humani, que es un joven estudiante ejemplar (cría a sus hermanos huérfanos) y Canciocha, que tiene una gran habilidad verbal, heredada de su tío Sinforiano Huillca Huamani:

 

Viejo libidinoso, chanzador y pícaro. Poseía voluminosas mañas para construir frases insinuadoras y lujuriosas cuando se dirigía a las pasñas más bonitas del lugar. Ninguna mujer, casada o soltera escapaba de sus piropos carnales. Fue una vez, cuando vimos y escuchamos su actuación frente a una moza tiaparina, al entrecruzarse en medio del camino, le oímos decir al viejo Sinforiano:

 

― ¡Añañau sumac warmicha, (que sabrosa eres hermosa mujercita)… si pajarillo yo fuera, a tu huertita buscaría para dormirme allí, bien calientito abrigadito nomás…!

― ¡Duerma pues en tu huerto, para eso tienes lo tuyo…! ― Respondía la mujer piropeada.

― Ay negra…ay zamba,… en mi huerto ya ni ajenjo, ni hierbita buena crecen, tampoco la rosascha ni las chirimoyas dulcecitas como las que tienes. Por eso nomás estoy queriendo ser el pajarillo de tu pastito verde y olorocito ―Decía el viejo Sinforiano.

― ¡Mi pastizal tiene su dueño…viejo mañoso…!

― ¡Cámbiame pué niñachay paser tu dueño, ya verás negrita del alma, cómo tendremos montones de duraznillos y manzanales coloraditos. Te cantaré bonitas mañaneras; arrodilladito bajo tus agraciadas rabadillas yo estaría siempre, regando con aguita de lluvia fina a tu huertita de hierba luisa y paico ― Respondía machu Sinforiano; y todos los muchachuelos después de escucharlos, terminábamos carcajeándonos. Claro está, todo eso lo decían en quechua.

 

Y lo trasmite el narrador en una traducción impecable. Si estas exploraciones muestran el ideal de vida y las peripecias de los pobladores de Tiaparo, y si acaba de pactar una pelea con Gonzalucha Tamayo, la novela no cae en una visión maniquea, por la cual el guardia Tamayo podría ser visto negativamente. Es más, el narrador vuelve al guardia Tamayo como una figura ejemplar, que representa el estado, y tiene un rol benefactor y equitativo en la administración de justicia, sobre todo “hablando” temprano en las mañanas con unos sendos tragos. Si el guardia Tamayo es buen policía es también un gran bohemio. Varios episodios junto con su sobrino, que es quenista consumado, permiten al narrador presentar sendos huaynos con su respectiva y excelente traducción. Se podría decir que toda la novela es una traducción por que ha sido pensada en quechua y escrita en español. Pero, por el mismo hecho del español andino, miski, no estamos frente a una traducción cultural. Creo, sin temor a equivocarme que el lector ideal de Apurunku son sus llaqtamasis.

 

Pero para el niño el problema de saber si ha hecho bien en desafiar a Gonzalucha sigue. Piensa en quien apoyarse para un consejo. De las opciones descarta al director del colegio, que es un personaje que usa su posición para apropiarse de tierras comunales gracias a sus mañas de tinterillo.

 

Llegado el momento del enfrentamiento, el niño ha esperado a Gonzalucha en el lugar pactado. Este ni se acuerda de la pelea, y no puede creer que en verdad el niño esta dispuesto a pelear. Al final hay una breve pelea que es interrumpida por los gritos de una niña, que da la mala noticia de que en la plaza unos guardias armados han reunido a los hombres del pueblo para llevárselos a la fuerza. Entre ellos está el guardia Tamayo, no muy a gusto, siendo observado por todos los niños, incluyendo sus hijos. Los niños de los dos bandos enfrentan una contradicción mayor, en la que todo el pueblo puede ser desposeído.

 

Este segmento final tiene ecos en varios momentos históricos similares, por un lado, y una coyuntura muy actual, por el otro. Llevarse hombres a la fuerza tiene una historia muy larga en los Andes. El primer episodio son las mitas de Aymaraes a Huancavelica,[1] el segundo es el reclutamiento forzado para el trabajo vial en la primera mitad del siglo veinte, el tercero es de reunir hombres, mujeres y niños en la reciente guerra civil en los Andes. Pero en la novela es claro que se tata de una artimaña del director de la escuela para desposeer a los comuneros a favor de las minas. Si en la vida real es cierta la presencia destructora de las minas formales e informales en Apurimac y los Andes, en la novela tenemos un momento muy bien logrado, de larga y actual duración. Cuyo desenlace es la agonía de un anciano del pueblo a la que acuden todos los niños y donde el venerable hombre se despide con un menaje de paz y armonía. Tras los cual Tulancha decide escapar para ser Killincho pateador de precipicios al igual que la doña Felipa de Los ríos profundos, mientras que Gonzalucha Tamayo invita al narrador ir a Chalhuanca en un futuro no muy lejano para comprar juntos una pelota de hule. Una reconciliación a nivel individual frente a contradicciones mayores a nivel colectivo.

 

Pensando en el final y en la cercanía de Tulancha con dona Felipa, o de la condición de niños forasteros hawan/ukun de los narradores, uno podría seguir indagando en su radical diferencia con el viaje de retorno de Huambar, o  los viajes del Piki Escobar de Federico Latorre Ormachea. Pero esto requeriría muchas mas lecturas, que no ser han hecho al escribir esta nota, por que lo apasionante de Killinchos pateadores de precipicios, nos ha permitido decir todo esto con solo una leída, como debe ser cuando los relatos nos tocan hondo. Gracias tayta Apurunku. Gracias Wayki Alejandro Medina Bustinza.

 

Kearny, 21 de agosto de 2015

[1] Ver: Las primeras mitas de Aymaraes al servicio de las minas de Castrovirreyna 1591-1599. Angel Maldonado Pimentel y Venancio Alcidez Estacio Tamayo. Lima, 2012.