¿”LIBRO”, EN QUECHUA SERÍA “MAYTU”?*. Bernardo Rafael Alvarez

Desde hace unos dias hay una polemica interesante sobre si “maytu” puede significar “libro” en quechua. Atento a los pulsos del lenguaje, Bernardo Rafael Alvarez ha publicado en FB una nota al respecto. Con su permiso reproducimos toda la conversacion. Y esperamos que el amable liyipakuq haga sus contribuciones en este foro.

¿”LIBRO”, EN QUECHUA SERÍA “MAYTU”?*

Traducir es cosa seria, pues. Aquí -a manera de adelanto-unas reflexiones mías, por las que pido disculpas, ya que tal vez resulten osadas e imprudentes (y porque, además, yo no sé nada de quechua):

En el Vocabulario de la Lengua Quechua, de Diego Gonzalez Holguín (1608), aparece lo siguiente (lo transcribo sin variaciones): “Mayttu. Emboltorio, o manojo &c // Mayttuni. Emboluer, liar, o hazer manojo de algo. // Mayttururu maytuyuyu. Emboltorio. Para presentar de fruta o yeruas”.

En Pastaza, “maytu” es la también llamada “patarashca”. Y así aparece precisamente en el “Vocabulario Quechua del Pastaza”, editado por el Instituto Lingüístico de Verano: “patarashca (una comida de pescado envuelto en hojas)”.

En la página PERUEDUCA/ Sistema digital para el Aprendizaje, encuentro la siguiente frase en quechua: “LLamkana maytu: Yupana 1 Pulla yachakushum”, traducida al castellano de este modo: “Cuaderno de trabajo Quechua Inkawasi: Matemática 1 Grado”. Es decir, “Llamkana maytu” como “cuaderno (o libro) de trabajo”.

González Holguín: “Llamccancca, o llanccana. Las obras que se han de hacer”. En una palabra: “trabajo”.

Como sabemos, antes de la llegada de los españoles, en esta parte del planeta no se conocían los libros y, como tal, era imposible que existiese una palabra en quechua para nombrarlos. Lo que algunos científicos han considerado como sistemas de escritura prehispánicos son los tocapus (figuras geométricas, en tejidos, o pintados en vasijas) y las quilcas (pictogramas, petroglifos o marcas culturales sobre rocas). Pero, repito, no hubo libros propiamente dichos).

Bien. Empleando la lengua de los incas, qué podríamos hacer, en los tiempos actuales, para referirnos a ese maravilloso objeto de papel que encierra sobre todo conocimientos, sabiduría, y que nuestros remotos antepasados no conocían? ¿Cómo traduciríamos la palabra “libro” al quechua? Difícil tarea.

No sé a quién se le ha ocurrido (en el Ministerio de Educación o sabe Dios dónde) emplear, por primera vez, el término quechua “maytu” para designar, en la lengua de los incas, al libro o cuaderno (que, en buena cuenta, son lo mismo). Pero yo (aunque sé que lo que voy a decir puede ser cuestionable o, de hecho, cuestionado por algunos) debo decir que a mí me parece acertado el que se haya hecho esa traducción que –creo que es obvio- ha tenido en cuenta lo que es una suerte de analogía entre lo que lo que significa “maytu”, especialmente en el Pastaza (el envoltorio de un alimento, o “una comida de pescado envuelto en hojas”) y lo que esencialmente es un libro: “manojo” o “envoltorio” de conocimientos, de “alimento espiritual”.

¿Debió ser otra la palabra quechua para designar al libro? Probablemente, pero yo no sé cuál. ¿O es que acaso lo más conveniente hubiera sido que ocurriese lo mismo que pasa, por ejemplo, con la palabra “cuerpo” que, según veo en un diccionario (castellano-quechua), está “traducida” como “kwirpu”? ¿O sea, en el caso de “libro”, cambiar solo una vocal, para que se convierta en “libru”, tal vez? Eso (es mi modesta y atrevida opinión) sería de mal gusto.

(Repito: me parece acertada la traducción referida. Sin embargo, para evitar confusiones, ¿no hubiera sido mejor que, antes de usar el término, se diesen las explicaciones pertinentes?)

¿Qué opinan los entendidos?

¡Un abrazo, amigos!

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* Hace unas semanas le prometí escribir sobre este tema a mi amigo Fredy Roncalla, pero ocupaciones y malestares me lo impidieron; hace un rato -al ver que Fredy volvió a tocar el asunto- recordé la promesa, y no me quedó más que coger la Laptop y, apurado, ponerme a escribir. You, Nora Curonisy Lostaunau, Eduardo Jose Arroyo Laguna and17 others29 Comments3 SharesLikeCommentShare

Comments
  • Fredy Roncalla Bracias Bernardo. Aparentemente se usa maytu para conservar la “pureza” del quechua, pero he aqui que el simil “envoltorio” es un proceso metaforico en espanol. Es decir es una falacia. Con este criterio estamos muy mal. Lo publico. con tu permiso, en Hawansuyo2Edit or delete thisWrite a reply…
  • Ivo Urrunaga Cosmópolis Carmen Cazorla ZenHide or report this
  • Armando Vargas Alcalde En cada lengua es difícil encontrar la palabra exacta a su significado, en otra lengua.
    Creo que se acerca o asemeja la intención o cosa parecida a lo lo quiere expresar.
    Un abrazo hermano.1Hide or report this
  • Julia del Prado gracias querido Bernardo Rafael Álvarez1Hide or report this
  • Pedro Diez Canseco Muñoz A ver si entendí. Puesto que las palabras significan conceptos, ideas, y no palabras, no hay traducción perfecta. Eso, de cajón. Y si en quechua no hay ninguna palabra ni remotamente parecida a libro y no se acepta el simple préstamo lingüístico, se busca una que establezca una metáfora o un símil.

    Podría entonces extenderse la metáfora para construir un significante nuevo (pero perfectamente comprensible por tener referentes materiales, los libros) y hacerlo siempre desde la visión quechua.

    Por lo tanto, ¿no es posible designar al libro con una palabra compuesta, digamos «envoltorio» [del] «saber» o «fuente» [de] «conocimiento» o «almacén» [de] «palabras» «sin» «sonido» o «cosecha» [del] «pensamiento» [y la] «imaginación», o algo así?

    Estas son metáforas españolas, pero intento señalar la dirección.3Hide or report thisHide 19 Replies
    • Bernardo Rafael Álvarez Pedro Diez Canseco Muñoz Así es, Pedro. Yo creo que sí es posible. ¡Un abrazo, hermano!3Hide or report this
    • Pedro Diez Canseco Muñoz ¡Saludos, Bernardo!2Hide or report this
    • Fredy Roncalla Pedro Diez Canseco Muñoz pero el proceso metafórico está pensado en español, por ende es muy deshonesto que se piense que se está conservando el quechua. Este es un grave problema1Edit or delete this
    • Pedro Diez Canseco Muñoz ¿Cómo se puede conservar el quechua si se trata de darle un nombre quechua a un concepto que nunca existió en quechua? Por eso dije que mis ejemplos son españoles pero la metáfora real tendría que ser pensada desde la visión inherente al quechua.3Hide or report this
    • Fredy Roncalla Pedro Diez Canseco Muñoz completamente de acuerdo, o en todo caso crear consenso pero. O meter gato por liebre1Edit or delete this
    • Bernardo Rafael Álvarez ¿Cuál o cómo es o sería “pensar en quechua” o tener una “visión inherente al quechua”? ¿Decirle “libru” al libro, por ejemplo, como ocurre con muchas otras palabras? ¿Darle un nombre en quechua (“maytu”) a un concepto que no existió en esa lengua es un atentado contra ella? Opiniones.2Hide or report this
    • Pedro Diez Canseco Muñoz Ni siquiera la RAE pretende conservar el español, solamente recomendar un uso prescrito como correcto y anotar sus variantes, y también los usos indebidos… que podrían o no establecerse como los correctos mañana. Esto incluye los préstamos lingüísticos y la adaptación fonética de extranjerismos, sobre todo cuando se refieren a nuevas tecnologías.

      El quechua no puede «conservarse» si no admite conceptos nuevos, que necesitarán vocablos nuevos. Y ya no está aislado del resto del mundo, tiene que convivir con las demás lenguas. Si hasta ahora ese proceso ha sido atropellado, sería bueno que se lo conduzca mejor.

      En cuanto al «genio del quechua» (para usar una expresión de Álex Grijelmo que puede aplicarse a cualquier lengua, y que alude a ese guardián algo caprichoso de las palabras y construcciones que tienen o no sentido en una lengua dada) y a la percepción del mundo que le dio forma hace siglos, es importante hallar un consenso hermenéutico, incluso epistemológico, y no entrar en separatismos gnoseológicos aunque haya elementos culturales y significados a duras penas transferibles de una lengua a otra (por ejemplo, el «blue» del inglés o la «Sehnsucht» del alemán o incluso la «saudade» portuguesa, o el mero hecho de que algunos objetos cambien de género gramatical de un idioma a otro, lo que altera el campo semántico). Esta dificultad no ha impedido que, por ejemplo, el mundo anglosajón y el mundo eslavo compartan un área común y que ambos encuentren ciertos referentes en el griego y el latín. Igualmente, el árabe tradujo al griego, el español se acercó al japonés y al chino, el japonés se enriqueció con el inglés y el alemán, el inglés adaptó la riquísima mitología india, el italiano unificó los dialectos de la península y permaneció permeable a ellos.

      No hay dos palabras en lenguas distintas que se equivalgan porque no responden a un proceso de pensamiento idéntico, se formaron a partir de experiencias sociales distintas. Pero puede haber similitudes y, además, contra lo que postula el postmodernismo, que reduce el mundo objetivo a un «texto», tenemos la realidad y la experiencia común para confrontarlas con ideas y palabras. Creo que cada lengua posee una personalidad específica, incluso que puede ser más o menos propensa a ciertas ideaciones (esto sería tal vez su «visión inherente») y que -esto está probado- inspira a los músicos que las hablan unas determinadas formas melódicas, pero los conceptos maestros tienen aire de familia.

      Creo que si el quechua anhela algún futuro, habrá de entrar de lleno en el mundo actual (porque no todo aspecto de la globalización es perjudicial), adaptarse a él, incluir significados que no tenía, hallar expresiones adecuadas para ellos. Lo último que debería hacer es convertirse en una lengua hermética, en el peor sentido del término, para peruanos y bolivianos. Pero si consigue coger viada, si recibe ingredientes ajenos para procesarlos sin indigestarse (y no tendría por qué: una civilización o una lengua son fuertes en la medida en que se nutren de otras y siguen siendo ellas mismas), llegará el momento en que a su vez aportará palabras y nociones robustas.

      Pero nada de esto ocurrirá si predomina la tendencia museística, aislacionista, clorofórmica, diríase nostálgica de un quechua platónico.4Hide or report this
    • Bernardo Rafael Álvarez Eso. No aislarlo, ni mantenerlo como un objeto de museo ni como un “niño de cristal”.2Hide or report this
    • Fredy Roncalla Pedro Diez Canseco Muñoz desde hace tiempo, tanto el hablante cotidiano como en las escuelas rurales de usa libro fonetizado al quechua. Es decir el término quechua para libro ya existeEdit or delete this
    • Bernardo Rafael Álvarez Fredy Roncalla ¿O sea, en el idioma de los “invasores”: “libru” o “lebru”?Hide or report this
    • Fredy Roncalla Bernardo Rafael Álvarez , ese tiro es con efecto1Edit or delete this
    • Bernardo Rafael Álvarez Fredy Roncalla ¡Wayki!Hide or report this
    • Fredy Roncalla Con ese criterio en el español no se debería usar la palabra “fútbol”Edit or delete this
    • Fredy Roncalla Bernardo Rafael Álvarez eso ya es quechuaEdit or delete this
    • Fredy Roncalla Pedro Diez Canseco Muñoz de acuerdo. La única aclaración es que todas las lenguas que se hablan y escriben en el mundo en este momento son actuales. Nadie viaja en una cápsula temporal al pasar del castellano al quechua, por ejemplo. Por lo menos yo no lo hago. Sino tendría frequent flyer como canchaEdit or delete this
    • Fredy Roncalla Pedro Diez Canseco Muñoz el concepto de libro hace siglos que existe en el quechua, como préstamoEdit or delete this
    • Bernardo Rafael Álvarez Fredy Roncalla Eso lo sé. No hay razón para oponerse al uso de préstamos (o apropiarse de ellos); es legítimo. Las lenguas no tienen por qué ser “puras”. Eso de la “lengua de los invasores” lo dije en broma. Pero lo cierto es que si se usa una palabra quechua para referirse (por analogía) a la palabra libro no me parece reprobable. Pero, claro, es cosa de debate.y seria bacan que se organizara una suerte de mes redonda para que se discuta el asunto.Hide or report this
    • Fredy Roncalla Bernardo Rafael Álvarez ya lo estamos haciendo. La cuestión es que si ya hay el término via préstamo querer imponer por capricho purista un término por analogía ( en castellano) es contraproducente. Mejor sería concentrarse en términos muy nuevos en la cuales no hay préstamo en uso. Algo que debería hacerse por consensoEdit or delete this
    • Bernardo Rafael Álvarez Fredy Roncalla Lindo y apasionante tema, hermano.Hide or report this
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  • Alberto Colán La palabra libro, no existe en quechua por ser un vocablo extraño al mundo Andino, importado por los ¨conquistadores¨ españoles. En cambio, hay voces similares que cumplen la misma función, como las palabras : Kelka, Quelca, o Quilca; o el Kipu, Quipu, o Quipo. Que, si bien son sistemas nemotécnicos de dibujo y escritura; traducen el mismo concepto. Y, a la vez, cuestionan la falaz idea de que los Antiguos Peruanos no conocían la escritura.2Hide or report this

Dos poemas de Bernado Rafael Alvarez

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Palermo 74 en el Gremio de Escritores

O/LINDA

 

Té y salchipapas aderezan

La historia. K9 ingresa en el Café

Te desnudas en medio de la gente;

Nace mi alegría –amor de saltamontes:

Rompo almanaques y me ubico en tu

Edad. Vivimos el presente.

Mi biografía: niebla endurecida.

Tu rama es frágil,

Olor de romero.

 

Ciudad de Lima –somos la noche y su

Luz. Aquí se detiene el retorno de

La nebulosa, vegetales pichicateados

En los urinarios.

La pradera y su aroma, tuya

Es la libertad de las mariposas;

Regálame pronto el horizonte que nace

En tus ojos. Escucha & mira:

Disonancia entre luces; escondido

Entre piedras sé que somos hacedores

De una realidad que nos destruye.

 

Ciudad de Lima, frescura artificial,

Ardor de arena; mi sed inventa un

Oasis: árboles crujen, botellas y

Basura –agua sucia, redonda, envuelve

El olmo –cabras y escarabajos

Completan el paisaje.

La vida fluye o explosiona. Mi edén

Se desordena; imposible recuperar el orden.

 

Blackout: nadie ataca desde el aire,

Vértigo y ceguera en el ozono:

Toco tu clítoris, tibia elevación del

Placer: allí duerme la paz o

Nace la guerra.

 

Puer senex habita tu

Hedor, Ciudad de Lima; un par de

Sándwiches divierten el hambre.

 

El té se ha enfriado; K9 husmea unas

Huellas, sabueso. La desnudez no basta,

Estrictez ondulada; conoces mi verdad

Y huyes del calor que oxigenaste,

Me duermo en un barranco con la

Tristeza que te falta.

 

  L’art d’etre grand:

El viejo Karl debió entender

Que la alquimia mueve la historia:

Llevamos la piedra filosofal en las

Manos para hallarla después en el

Principio/ El arte de enmohecer la

Palabra: fui dueño de tu voz en el

Teléfono y de tu saliva en mis labios:

Has vuelto a tu realidad, y, lástima,

Yo no estoy en ella.

 

Predominancia de

Grises en este cuadro, mezcla de

Paraíso y purgatorio en la paleta.

Sol muerto que se cae envuelto en

Nubes, el mar se lo traga; no eres tú

La vorágine líquida.

 

Vía expresa,

Para tontos apurados, soy noche y luz:

Aquí termina mi historia no escrita,

Comienzo a gastar las monedas de

5 soles que guardaba para el teléfono:

No vas a escucharme.

 

Pasto verde,

Muérete: no cubrirás nuestros cuerpos

Desatados. El jardín que hicimos

Distante de la malicia, sin luz y hume-

Dad es un bosque de ranas hinchadas.

 

(Inalcanzables somos en las cuevas de

Altamira, peleando con los bisontes

Paralizados:)

 

K9 se aleja del Café: abrígate, cúbrete

El sexo.

 

Con su excremento,

Cuervos y búhos reverdezcan el paisaje:

Es inútil: aún no te asustabas con la

Sangre en las sábanas y se te enronchó

La piel –por ello no entreveras tus

Sueños con los alacranes:

 

Solo el horóscopo te llevará a mi espejo.

 

_____________________

 

(Diciembre, 1980. Cuando una mujer -a la que amé (creo que no más de tres meses)- doce años mayor que yo, se alejó de mí.)

    

 

 RELOJ SOLAR

 

 

INTIHUATANA, siendo las 12 p.m.

 

Explicación UNO: Nunca he viajado

A Machupicchu; pero –importante es decirlo- esa piedra,

De pie en actitud O’clock marca los minutos como mi reloj Olma Bimátic-waterproof, 17 jewels/

 

INTIHUATANA, en Cusco/Ombligo del Mundo/piedras en desfile escalado.-Por allí pasaron hombres y mujeres,

Muchos, con su cántaro a la hora exacta.

 

  1. A) Prólogo a los dichos primeros indios gente llamado uariuiracocharuna…buena gente aunque bárbaros infieles.[1]

Fueron maltratados/despojados por las encomiendas, no se les respetó; y se elaboraron las Leyes de Indias, que parecían proteger a los del Pirú.

 

  1. Recurso d Hábeas Corpus: vosotros no sois bestias, creed, vivid libres. Documentos:

 

D.1.-La exactitud de la hora

D.2.-Los papeles desconocidos

D.3.-Los quipus. Los quipucamayocs eran sabios hombres que descifraban la estructura lingüística, apuntada, del Imperio Incaico.

 

  1. C) Informe/conclusiones: Jue Ad Hoc, yo, INTIHUATANA digo: 1) O´clock: la exactitud de la hora, el orden, la estructura perfecta, suman el primer grado de elevación de la inteligencia. 2) “Ticeuiracocha Cayllauiracocha Camacruna Rúnac/ hincados de rodillas”/a Él adoraban[2]. Su destrucción fue útil a los de Pizarro. El Hábeas Corpus llegó tarde, o no llegó.

 

fredom all political prisoners!/

Prisioneros en su suelo

(1973/in the world)

 

_______________________

 

     En: Aproximaciones & Conversaciones, Lima, 1974.

 

 

 

[1] El Primer Nueva Coronica i buen gobierno compuesto por don Phelipe Guaman Poma de Aiala/ descubierto en la Biblioteca Real de Copenague en 1908. Versión paleográfica de Franklin Pease G. Y.

[2] Ibidem.

Meterse en casa ajena. Bernardo Rafael Alvarez

El poeta y amigo Bernardo Rafael Álvarez, que  nunca tiene temor a  expresar sus opiniones 2f20046por mas controversiales que sean, y con quien -cosa rara y ejemplar- uno puede discrepar sin perder la amistad y el mutuo respeto, acaba de publicar en la editorial virtual Cactus su colección de ensayos: Meterse en casa ajena: textos imprudentemente culturosos, que generosamente comparte con nosotros.  Fragmentos del primer ensayo acerca de la poesía de Rosina Valcarcel, preceden a  todo el libro que se puede leer  golpeando el enlace a final de pagina. Mientras se eblica esto lamentamos  el fallecimiento de  Humberto Damonte, uno de los editores dl Maestro JMA.

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Seguir leyendo o decargar el texto completo de Meterse en Casa Ajena Bernardo Rafael Alvarez

 

BREVE SEMBLANZA “LINGÜISTÓRICA” DE PALLASCA, Bernardo Rafael Álvarez

BREVE SEMBLANZA “LINGÜISTÓRICA” DE PALLASCA/ Bernardo Rafael Álvarez

Buenas noches. Se me ha pedido que haga una “semblanza histórica de Pallasca”, pero eso es demasiado para mí; así que -“pretencioso y presumido” como buen pallasquino- he preferido algo más ambicioso: hacer lo que yo llamo una “semblanza “lingüistórica”, es decir, hablar, al mismo tiempo, de lingüística e historia.

La palabra no solo es un instrumento sonoro o gráfico que sirve para comunicarnos. También nos identifica. A los pallasquinos, por ejemplo, nos identifica, entre otras expresiones, el “CHO”, voz que empleamos para llamar o pedir atención a alguien. Equivale a “amigo”. Se trata de una apócope de la palabra “cholo”, generada con propósito eufemístico. Recuérdese que, a pesar de su significación altamente respetable, la expresión “cholo” no llega aún a ser aceptada dignamente como se merece, por gran parte de la población peruana y, más bien, es usada con cierta voluntad peyorativa. “Cho” es, podríamos decir, el apelativo emblemático de Pallasca que une a todos y genera regocijo escucharlo. Sin embargo, debemos precisar que no solo en Pallasca es usada esta expresión; también lo es, por ejemplo, en Moyabamba. La diferencia radica en que en la Capital de San Martín se la emplea indistintamente para varones como para mujeres y en Pallasca, en cambio, es solo para dirigirse a los varones ya que para las muchachas se usa el “Chi”. Veamos y recordemos a continuación otras palabras nuestras.

CARONA. Tela muy gruesa, acojinada, que se coloca sobre el lomo de los caballos o de los asnos para evitar que sufran excoriaciones por efecto del roce de la silla o de la carga. “Carona” era el mote con que se aludía a don Francisco Ninaquispe, o Pancho Nina. Desconocemos el porqué de este apelativo. Lo que sí sabemos es que don Pancho fue uno de los personajes más “notables”, sin haber sido “togado”, de Pallasca, por lo resaltante de su presencia que lo convirtió en un símbolo, en un punto de referencia. Fue uno de los más cultos y actualizados en información. Su bodega fue el centro de conversación –llamémosle tertulia- del más alto nivel: política, cultura, novedades periodísticas, etc. Pero también lo pintoresco estaba con él, en su invariable “look”: pantalón con tela de “jean” azul, saco beige de drill y sombrero de paja.

CARVISH. Desgastado, raído: “la olla está carvish o carvishada”. La campana que llamaba a formación o nos hacía apurar el paso a la hora de entrada, durante nuestros años en la “Prevocacional” -nuestra escuela primaria-, tenía el sonido seco, medio afónico, pero rotundo. Era eso, una campana carvishada por el tiempo y los golpes del badajo. Roberto Salvatierra, el portero vitalicio del centro escolar, era el que de los monótonos repiques hacía música en nuestros oídos; no por alguna misteriosa combinación de acordes, sino por lo que aquella ruda repetición sonora significaba para nosotros: el ingreso y la cálida permanencia en lo que fue verdaderamente nuestro segundo hogar, la “293”.

CASHCAR. Roer, mondar, tratando de sacar con los dientes los últimos residuos comestibles de algo para aprovecharlos: “cashcar el hueso”. Su origen está en el quechua. En el “Vocabulario de la Lengua Quechua publicado por Diego González Holguín, en 1608, aparece lo siguiente: “Cachcani huacruni. Roer hueso, o cosas duras”. Un Diccionario en la Internet (“quechuanetwork”) presenta: Kaskiy: roer, corroer. En la zona central del país existe una canción que, entre otras cosas, dice “avelino cashca hueso”. En Huarochirí se dice “cachicar” al acto de roer. Lo cierto es que “cashcar”, tal como se hace en Pallasca, es uno de los placeres gastronómicos de primer orden; es el acto en que una persona trata de “sacarle el jugo” al pedazo de carne que tiene a la mano y que, “por esas casualidades de la vida”, le tocó con hueso. Hay recetas o recomendaciones para poner en práctica ciertos modales en el comer, etiqueta le llaman, sin embargo, nosotros sabemos que “comer con la mano” (que podría escandalizar a la autora de “Ese dedo meñique”) es el ritual más humano y placentero que pueda existir a la hora de alimentarse.

CHICLAYO. Calabaza comestible que, estando madura, se emplea para la preparación de mazamorras, y cuando aún es tierna, en guisos. La mazamorra, o dulce de Chiclayo, se prepara de dos maneras: sancochada en olla o cocida en horno. Lo tradicional en Pallasca ha sido siempre el hornear chiclayos después de terminarse la preparación de los panes caseros. En horas de la noche se los dejaba dentro de la gran caldera de barro, expuestos a la elevada temperatura que progresivamente iba menguando, y cuando la luz del nuevo día llegaba ya todo estaba listo. Sin embargo, a veces el Chiclayo no aparecía donde se le había colocado; solo el rescoldo le daba la bienvenida al amanecer. Los dueños de casa, ya lo sabían, era fácil adivinarlo: los muchachos zamarros –de esos que nunca faltan-, mientras el pueblo dormía plácidamente y quizás las sombras eran atravesadas por el chillido de un chushec, subrepticiamente habían sustraído el delicioso manjar y dado cuenta de él. Un berrinche, unas palabrotas… y nada más. Quién iba a decir esta boca es mía.

CHUPABARRO. Apodo con que se alude a los nacidos en el distrito de Pallasca. Se debe a la secular escasez de agua en la zona urbana del distrito y sus alrededores. El río más próximo, el Tablachaca, se encuentra a unos siete u ocho kilómetros hacia abajo, en el límite con la provincia de Santiago de Chuco, en La libertad. El pallasquino es, sobre todo, alegre y, por ello ha logrado que, más que una socarrona ironía, el apodo de “chupabarros” sea un estímulo y acicate para procurar la satisfacción de las necesidades y mirar hacia delante con optimismo y dignidad.

CHUPE Fiesta en que se ofrecen donaciones (bandas de música, castillos, reses, etc.) para la celebración principal por San Juan Bautista. Es organizada, con prudente anticipación (casi siempre en noviembre o diciembre) por el prioste principal, a quien van dirigidas las voluntarias contribuciones. No existe un registro veraz que nos dé luces acerca del significado de la palabra. Algunos creen que se trata de una referencia a aquella restauradora y nutritiva sopa andina que, según la zona, presenta características particulares por sus ingredientes y color (en Pallasca contiene papas, huevo y “cash cash” y en algunos otros pueblos le dicen “sopa verde”) y que, improbablemente, habría sido en otros tiempos el plato principal del acontecimiento. Otros intuyen, con más ligereza, que proviene del verbo “chupar”(que es lo mismo que libar o beber licor). Cualquiera sea la explicación lingüística, lo cierto es que en el Chupe se congregan los pallasquinos desbordando alegría, y, sin mezquindad y estimulados por su buena voluntad y la euforia que provoca el licor, se disponen a darle al prioste la seguridad de que la Fiesta que en unos seis o siete meses se realizará, ha de ser “la mejor de todos los tiempos” y, para que eso sea cierto y no se generen dudas, levantan la voz y hacen pública su oferta: “¡Un toro de muerte!”. Aplausos de rigor y un cohete retumba en el cielo pallasquino. “¡Un castillo de diez cuerpos!”. La banda de músicos toca una diana, más aplausos y más cohetes. “¡Cincuenta cajas de cerveza!”. Más diana, más aplausos, más cohetes…

GROG. Trago preparado con agua hirviente, licor, jugo de limón y azúcar y, eventualmente, alguna hierba aromática; en otros lugares es conocido como “calientito”. Las noches frías, casi heladas, de Pallasca, sin ninguna discreción incitaban a beberlo. Nuestros mayores conversaban (de política, de cultura, del acontecer internacional) en la tienda de don Pancho Nina, generalmente en horas de la tarde, y un rato después, el billar de don Beto Álvarez –mi tío- los llamaba, y allí las conversaciones eran otras. Hacia fuera, el balcón dejaba ver una profundidad de sombras, y adentro la luz parecía cantar con el rumor de la vetusta lámpara “petromax”. Carambolas iban, carambolas venían. Solícito, don Beto iba “dándole bomba” al “prímus” para que pronto hirviera el agua. Y, luego de unos minutos, el grog, humeante, le sacaba la lengua al frío.

HUÁYCHAGO. Ave nocturna. Es el mismo “huaychhau” a que se refiere González Holguín en el Vocabulario Quechua antes citado: “Cierto paxaro ceniziento que canta assi”. Como suele ocurrir, debido a que solamente sale en horas nocturnas, a esta ave se le atribuye vínculos con fantasmas o “almitas en pena”. Tiene la cola blanca y por ello es que a don Manuel Vásquez, cuyo apodo era precisamente “Huáychago”, también le llamaban “rabo blanco”. Era un humilde zapatero remendón que acostumbraba dar unos toques a su guitarra, o “palito trinador”, y contagiarnos, a los niños que lo rodeábamos, su melancolía con una invariable exclamación: “Tengo una pena…será de frío!”. Pero, claro, no era “malagüero” como aquel paxaro ceniziento del Vocabulario de González Holguín.

LLEVAR A LA PATRIA. La puesta en práctica de la ya desaparecida “leva”, es decir el reclutamiento coercitivo de jóvenes para el servicio militar. Cuentan que cuando don Eleodoro Valdez, en edad militar, fue “llevado a la patria”, la “Shile” que era su mujer, desconsolada lloraba al verlo partir: “Ay, mi Leyodoro…ay, mi Leyodoro… Aunque haragán, haragán, ahí lo hemos pasao!”. Lloraba como para muerto, es decir, como si estuviese segura de que nunca más iba a verlo; es que aquella “leva” conducía a su marido, no al cuartel militar para la rutina ya conocida, sino al frente de batalla, en el norte del país (año de 1941). Llorar como para muerto, además, implicaba otra cosa (lo que ocurría siempre en los conmovedores funerales pallasquinos): darle al sollozo prolongado una cadencia melodiosa, como de chimaychi pomabambino. Eleodoro, felizmente, retornó ileso del conflicto. Lo mismo ocurrió con los demás conscriptos pallasquinos, Leoncio Pinedo, Francisco Solano, Ireno Valverde, Elías Villanueva, entre otros. Peruanos anónimos, héroes sumergidos en el olvido.

LONSHO. Hipocorístico, expresión afectiva para referirse a Leoncio. Don Lonsho Pinedo fue el zapatero del pueblo, por antonomasia. En aquella época en que todavía se usaban las estaquillas y la pita untada con cera de abeja, él confeccionaba los zapatos más resistentes que podía conocerse, con los que uno podía desplazarse desafiando el inmisericorde asedio de las piedras del suelo pallasquino. Esos sí que eran verdaderos “zapatos hechos a mano”. Mientras nos probábamos aquellos rudos calzados en su tallercito, en la bajada a Quichuas, nos contaba emocionado y orgulloso, de su breve pero intensa y riesgosa experiencia militar. En efecto, cuando se produjo el conflicto militar de 1941, don Lonsho, con otros pallasquinos, formó parte del Batallón de Infantería Nº 5, que tuvo importante participación en la frontera norte. Pallasquino de fuste, sin duda.

SHAMA. “Limón real” partido por la mitad al que se untaba anilina, en época de carnavales; carnavales pallasquinos aquellos en los que los juegos no eran como los que llegaban a desbordarse en los barrios populosos de Lima, pero que a veces resultaban, digamos, “moderadamente brutales” cuando se recurría al uso de la shama, restregada sin pausas ni misericordia en el rostro de las muchachas, causándoles, ¡como no!, una irritación de los mil demonios. Pero también se bailaba alrededor del “cilulo”, adornado con una infinidad de coloridos objetos, como canastas de plástico, pelotas, muñecos, pañuelos, etc. Los mayores solían organizar un “baile social” que se realizaba en los bajos de la Municipalidad (el ambiente al que llamábamos mercado). Parte insustituible de estas fiestas era la “cantina”, es decir, el espacio resguardado por un mostrador en el que se vendía cerveza y gaseosas, escabeche, papa a la huancaína, picante de cuy, cigarros y chicles, por cuya compra había que recibir, después del pago, un ticket hecho con papel cometa, perforado para el desglose con máquina de coser. Allí el juego era “decente” (es decir, sin un ápice de violencia): con chisguetes de éter llamados Amor de Colombina o Amor de Pierrot, talco perfumado y serpentinas con frases de amor. La música la ponía el “pick up” de don Ireno Aguilar. Cuando algunos asistentes terminaban de bailar algún tema de moda, en coro los demás insistían: “a la…, a la…, a la…!” y, obedientes, los varones –para no quedar mal- conducían a su pareja hacia la cantina para invitarle algo de lo que allí se expendía (casi siempre la damisela pedía un chicle o una gaseosa, pero a veces era un plato de cuy o algo más caro y, en ese caso, el galán terminaba sudando frío porque apenas si le alcanzaba la plata para una “Cocabanita”, la gaseosa de Cabana. Pero, en realidad, no solo se “jugaba” con “shama”. También con los populares globos, y el agua empleada para insuflarlos era el agua del “chorro”, para lo cual algunos niños y adolescentes (aquellos que recibían una buena propina) usaban un chisguete o una bombilla comprados en la tienda de don Víctor o en la de don Gerardo. Era, pues, “agua limpia”. Los demás –la mayoría- recurrían a otra técnica o método: tomaban un abundante sorbo de agua en la boca y soplaban el globo introduciendo el líquido; después de cuatro o cinco veces de efectuar este ejercicio, el globo estaba listo para ser lanzado; podía verse, naturalmente, que dentro de él navegaban unas burbujitas extrañamente densas. Las asustadizas pallasquinitas que presurosas pasaban por la plaza yendo a comprar el pan, se convertían en víctimas de los disparos a mansalva que efectuaban los mozalbetes. Terminaban –usted ya lo adivinó- con la cara empapada en agua y, claro, también con muchas gotas de saliva!

SURRUPEAR. Expresión onomatopéyica referida al acto de sorber una sopa o alguna bebida haciendo vibrar sonoramente (“surrup, surrup…”) los labios. El acto de “surrupear” es generalmente visto como algo grotesco que desdice de la persona, porque no está aceptado dentro de las convencionales normas de urbanidad de las sociedades de Occidente, como daba a entender Carreño –el del Manual de Urbanidad-: “Son también actos grotescos: …2º, sorber con ruido la sopa y los líquidos calientes, en lugar de atraerlos a la boca suave y silenciosamente…” Lo que ocurre también con el eructo. Sin embargo, en Japón es lo más común y hasta diríamos que es una especie de ritual producir ese sonido cuando se toma la sopa, con el plato pegado al labio inferior. Y el eructo, en los pueblos árabes, es virtualmente una muestra de agradecimiento por lo provechosa que ha resultado una comida. En una oportunidad, de visita en el Perú, Franco Nero fue agasajado con un almuerzo; para sorpresa de los demás comensales, el actor italiano emitió un sonoro eructo que, lejos de ser reprobado, mereció el aplauso y la celebración de los presentes. ¿Por qué el “surrupear” no puede también merecer la aceptación general? En fin, si ello no es posible, tengamos en cuenta, al menos, estas dos cosas: 1) con el uso de este sugerente verbo pallasquino se reduce a una palabra la expresión que contiene cinco: “sorber un líquido con ruido”; 2) al beber un líquido caliente la mejor forma de tolerarlo es, simple y llanamente, “surrupeando”.

ZÁMPARA. Cierto fantasma o aparecido que las madres de nuestro pueblo solían nombrar para asustar a los niños (“no vayas tan lejos que puede aparecer la zámpara”); se trataba de una “mujer alta y con los pechos excesivamente protuberantes”. Cuenta Alfonso Aguilar, de Conchucos, que para poder caminar sin molestias la zámpara tenía que echarse los senos a la espalda; agrega que se alimentaba “solo de niños malcriados” y que “antes de comérselos, les engordaba haciéndoles lactar de sus enormes senos en cuyos pezones tenía espinas”. Así era de candorosa pero muy rica la imaginación popular en nuestros pueblos. Probablemente las cosas hayan cambiado incluso en esto. La incontenible embestida de la modernidad es una cotidiana amenaza. La zámpara no era solamente el fantasma que “asustaba” a los niños, estimulándoles a comer o a portarse bien; era, sobre todo, un personaje que, escondido en el arcano, alimentaba la imaginación. La era audiovisual que vivimos tiende a convertir a nuestros niños y jóvenes, más que en receptores de enseñanzas, en víctimas de su asedio. Contra el holocausto de las cosas nobles que crean nuestros pueblos, hace falta construir barricadas culturales, y revueltas contra esta zámpara que sí es perversa: la destrucción de los sueños. Esa es nuestra tarea.

PALLASCA. Nombre del distrito y la provincia. Según estudios serios, provendría del nombre de un indio noble llamado ApollacsaVilca Yupanqui Tuquiguaraca. Apollacsa, palabra compuesta por: Apo, o apu , “Señor grande o juez superior” y llacsa,“el metal fundido o bronze (sic)”, según el Vocabulario de Diego González Holguín. Debemos agregar, como nota curiosa, que en dicho lexicón aparecen también las siguientes expresiones cuya importancia, para explicar el nombre de Pallasca, a pesar del notable parentesco sonoro, no nos atrevemos a ponderar: “Apa payasca, lluqui payasca, ttitu payasca –los dones y mercedes”. Tarea, pues, para especialistas. Pallasca, el distrito -legalmente asumido como tal,es decir, con su respectiva representación municipal ya instaurada, el 2 de enero de 1857-, ha sido siempre un pueblo culto y hospitalario (“bello, saludable y acogedor, por sus paisajes infinitos, por su clima y por el calor imantado de su gente, que es capaz de atraer al más distante de los humanos, convirtiéndolo en huésped perpetuo de su corazón”). Por la ubicación de su Plaza de Armas y el declive de algunos de sus principales barrios y calles ubicados en los flancos norte y sur, para la fértil imaginación popular la apariencia de la ciudad se asemeja a una alforja que estaría montada sobre las ancas de un cuadrúpedo; de ahí que socarronamente, se le haya asignado el irreverente pero no mal intencionado apelativo de “Alforja del diablo”. Pero también se le ha llamado “Balcón del cielo”. Don Moshe Huerta, la llamaba, simplemente, Pallasquita linda. Es el pueblo por cuyas callecitas angostas -empedradas algunas y desnudas otras- nadie pasa sin intercambiar un saludo, porque han sido hechas para juntar a las gentes, no para distanciarlas.

CONSHYAMINO. Gentilicio de Conshyam, nombre de origen culli dado a un sector ubicado en la parte sur del pueblo de Pallasca. El más conocido de los conshyaminos fue don Pedro Gutiérrez Acosta, un entrañable folclorista invidente que, cuando lo conocimos, solía ubicarse en una de las bancas de la Plaza de Armas (casi siempre en la que da hacia la iglesia) y, con un seseo muy particular, secundado por el acompañamiento jadeante de su vetusta concertina, protegido por su poncho y sombrero, rodeado por los chiquillos del pueblo y vigilado por la “Repolla”, su mujer (a quien él también “vigilaba” pisándole la “lurimpa” para evitar que se aleje), entonaba huaynos y guarachas: “En el cielo las estrellas”, “Mi cafetal”…y “La piedra de mal rodar”, su canción emblemática. Y nosotros nos conmovíamos y alegrábamos con su alegría y su emoción. La destreza que demostraba al hacer brotar las notas de su muy humilde instrumento, era la misma cuando confeccionaba las proverbiales “andaritas”, perfectamente afinadas como para pergeñar, en las noches de luna llena, las melodías inolvidables del “Zorro negro”. Durante las primeras décadas del Siglo XX, la animación musical de las fiestas familiares del pueblo, más que la Victrola, corría a cargo de El Conshyamino. La aparición “Pick up” prácticamente desplazó a ambos. La Victrola se convirtió en pieza ornamental o de museo y don Pedrito, tal vez triste pero jamás deprimido, trasladó su centro protagónico a la Plaza, mas nunca se alejó de los corazones. Más que un personaje, llegó a ser un símbolo. Como él, don Víctor Alvarado, don Pancho Nina, don Lorenzo Paredes y otros, forman parte de la identidad espiritual de nuestro pueblo. Hablar de Pallasca es no olvidarse de ellos, tanto como de El Chonta, de Tambamba, de Santa Lucía; de la “293” y sus entrañables “maestros”; del Toro de trapo, de las “luminarias” y del grog. A nosotros, por lo menos a nosotros, cuando niños, don Pedro Gutiérrez nos dio una lección imborrable –como todas aquellas que se dan sin palabras, que se dan con el ejemplo: pallasquinos, amen lo nuestro con todo el corazón.