Breves apuntes sobre Fiesta Transnacional: 20 Años Después. Fredy Amílcar Roncalla

Celebrando la publicación del seminal libro CINE ANDINO: ESTUDIOS

wp-1450730551516.jpeg
Julio Noriega y el  Cine Andino

Y TESTIMONIOS. Julio Noriega y Javier Morales (Editores). Lima: Pakarina Ediciones, 2015. compartimos un pequeno estudio sobre  el documental   Fiesta Trasnacional: 20 Años Después   dirigido por Wilton Martinez, con la participacion de Paul Guelles.   Un verdadero privilegio  trabajar con editores, editoriales, directores y estudiosos que somos parte de un gran sujeto colectivo.

 

 

Breves apuntes sobre Fiesta trasnacional II

Fredy Amílcar Roncalla

Hawansuyo

 

Si algo caracteriza la fiesta en los andes es que a partir de una serie de reglas mas o menos definidas –rotación de cargos, flujos reciprocidad, territorialidad y pertenencia, etc.- se da lugar a un periodo alta densidad donde música, comida, licor, baile, rituales y relaciones humanas ponen en escena varias dinámicas sociales y culturales. Relatado a pinceladas aleatorias, el proceso que lleva a los migrantes celebrar la fiesta patronal de la Virgen del Carmen en Cabanaconde en 2012, da lugar a Fiesta trasnacional II (FTII), una película rica en detalles musicales, de vestido, lugares, conflictos, e historias globales y locales.

 

En 1992, el primer documental de Wilton Martínez y Paul Gelles, Fiesta trasnacional I (FTI), cuenta la historia del cargo que don Teodosio Quispe,10.Director%20Wilton%20Martinez cabanacondino residente del área de Washington DC, va a pasar por la fiesta patronal de su pueblo de origen. Ya para entonces la comunidad de Cabanaconde tiene sus pioneros establecidos en el área. Esta película, la primera que explora los límites trasterritoriales de la fiesta y las identidades andinas, se convirtió en un clásico. Veinte años mas tarde, en 2012, Wilton Martínez y Paul Gelles tuvieron la feliz idea de hacer un seguimiento de la fiesta, cuyo cargonte es Nilo Abril, yerno de Teodosio Quispe, y actual patriarca de la comunidad cabanacondina en el área de Maryland y Washington DC. Si bien la película cuenta varias historias y retratos visuales y musicales, hay tres momentos claros. El primero es el de los preparativos en Maryland. El segundo es el de la fiesta misma. Y el tercero es el retorno de Cabanaconde a Maryland. Este discurrir, que se teje en dialogo con FTI, se apoya en el seguimiento a varios miembros de la familia presentados en el trascurso de la fiesta, participando de ella, y respondiendo al ojo etnográfico de la cámara. Lo que sigue son algunos apuntes.

 

La fiesta mayor de la virgen del Carmen es laguna central donde convergen afluentes festivos tanto en Maryland como en Cabanaconde. En Maryland 5.Sponsors%20in%20Cabanaconde%20fiesta%202011son los parques, casas, y locales comunales los que sirven a ello. En un parque, donde toca una banda completa y un grupo de mujeres viste el traje típico, indígena, de Cabanaconde, un grupo de mujeres es presentado como “las pioneras y mártires del descubrimiento de este país”. Entre ellas está Viviana Vera, tal vez la primera migrante de Cabanaconde a Washington y quien en FTI es mostrada en una conversación sobre la realidad de la vida con su esposo americano, el cual sostiene que se ha casado no solo con Viviana, sino con toda su familia. Pero un momento revelador se da en la casa de Viviana a vísperas de partir a Cabanaconde. Da la coincidencia que es el 4 de Julio. Los juegos artificiales de los muchachos de la segunda generación celebran la pertenencia a “nuestros dos países”, cosa que es reiterada por Viviana. Pero lo interesante de este ser vital, lleno de vida, alegría y generosidad, es el discurso de bienvenida que da en su casa expresando su amor a su familia y a sus amigos, entre los cuales hay varios “latinoamericanos”. Entre bromas  alguien dice a ver si Viviana se trae algún compañero de Cabanaconde, algún “cieguito”. Siguen bromas y la señora que al final de la película recibirá con su esposo el cargo de la fiesta de Maryland, dice “no creo que haya ningún Romeo. I don’t think so. Kutimunki ya mama llaqtaykiman”. Revelador momento. El retorno es marcado por el quechua, pero el espacio de llegada manam Cabanacondichu. El quechua marca el retorno, que puede estar en cualquier parte, pero no necesariamente en el origen. La migración ha hecho que el origen y la identidad sean trasterritorial, multipolar, de varios significantes, de archipiélago, de continuidades y rupturas. De infinidad de dinámicas centrifugas que se irán a resolver con la devoción a los santos patronos y las fiestas mas allá de la comarca. Hay ejemplos parecidos en el caso de la Virgen de la O., de Oyón, que tiene su fiesta en Queens desde finales de la década de los ochenta, en el Señor de los Milagros, de los clubes de puquianos en Queens y Connecticut, en los cargos de ayacuchanos en upstate, en bandas completas de músicos como los “Astutos” del centro, en los cada vez mas presentes danzantes de tijeras desplegando funciones rituales y de espectáculo. Pero lo que manda – y define el archipiélago andino desde hace miles de años- es la referencia y el retorno al espacio central. La infaltable dualidad entre la salida y el retorno real y simbólico.

 

Otro momento revelador, es cuando Hilda Quispe recibe en su casa a Paul Gelles y este tiene una comunicación entrecortada con Teodosio Quispe y esposa. Luego de la conversación, a víspera de viajar a Cabanaconde, la cámara sigue a don Teodosio y esposa saliendo de una casa, caminando pasos ancianos agarrados de la mano por un parque y llegando a otra casa. 8.Teodocio%20and%20Julia%20Quispe%20in%20Cabanaconde%20fiesta%202011.pngEcos de Kurosawa. Metáfora del tránsito de la pareja desde vivir con seis hijos en Cabanaconde, migrar a Maryland -por la obligación de darles el green card a los hijos-, pasar un cargo y prepararse para la fiesta y el viaje final. Porque a comienzos del año siguiente fallecería don Teodosio. Anteriormente, al inicio de la película Hilda Quispe, que fue la primera en comprarse una casa, declara que la fiesta de la virgen del Carmen se hace en Maryland porque aquí está el grueso de la comunidad, por que “con eso hemos nacido, hemos crecido, y eso es lo que nos gusta”. Pero ya la posta ha sido tomada por Nilo Abril y Lucy Quispe, hija de don Teodosio.

 

A breves declaraciones de Nilo Abril sobre los preparativos económicos, y de Lucy sobre las capas cosidas en Arequipa que va a llevar de Maryland a Cabanaconde, le sigue una segunda parte centrada en la fiesta de la virgen del Carmen en Cabanaconde. Densa, multilineal, llena de sonidos, colores, y sabores visuales de la comida y el vestido, esta sección está llena de detalles que enriquecen lo que podría ser la narrativa central de la víspera y los tres días de fiesta.

 

El cóndor, principal atractivo turístico de Cabanaconde abre esta sección, que luego pasa a “mamayta hina, taytayta hina/ nunarukurayki / manapuni, manapuni/ qonqawanaykipaq” un huayno cantado por un anciano del lugar. Tras la llegada de Viviana que es recibida con un breve saludo en quechua, varios jóvenes de la sección de ritmo de una de las bandas bailan en la plaza con los sacos en la mano haciendo piruetas coordinadas –medias blancas de por medio- in crescendo, marcando el tono, la nota, de lo que en los próximos días, será el rol central de la banda de músicos en la fiesta. Fellini hina. Y de toda fiesta patronal en los andes donde los sonidos son mántricos, porque somos pueblos musicales. Uno de los grandes aciertos de la película, y ello se debe a la fina sensibilidad de su director, Wilton Martínez –con quien he conocido a Rubén Blades, Daniel Kirwayo y Sylvia Falcón- es que ha cuidado que los sonidos de las bandas estén de fondo musical, pero en primer plano. Y es que en la FIESTA del ande la música es soporte que anima y resuelve todas las dualidades en tensión y confluencia tanto a nivel mundano como sagrado. Aquí bien valdría una futura lectura del FTI y FTII centrada en la semiótica de los sonidos, pero por el momento vale anotar algunos detalles relevantes. El primero sería la presencia de por lo menos una banda completa de músicos –uniformados- en Maryland animando las fiestas patronales y los cargos tanto en parques como escenarios de actuación, donde alternan con la música tropical -bailada circularmente- y suspenden –para el espacio festivo- los sonidos del mainstream acústico: el hip hop y las baladas. El segundo serían las bandas en la fiesta en Cabanaconde donde marcan el atipanakuy entre Nilo y Benigno en ríos de pasacalles y huaynos en calles y plazas, de día y de noche. Contrastando con el sonido de un paso doble, de los canticos católicos de la iglesia, las ofrendas calmadas del sacerdote en el pago a los Apus, con esforzadas actuaciones de conjuntos típicos de escenario nocturno, y el fondo guitarra andina de los intermedios. Sin olvidarse el bello canto del anciano a la entrada. Y esta afluencia auditiva se le añadiría la confluencia entre los sonidos de banda y el colorido de los vestidos típicos, de ocasión, la comida, el licor, y los arreglos florales que hacen del baile y el trascurso de la fiesta una experiencia estética integral[1]. Pero volvamos al cauce.

 

Dice Nilo Abril que por tradición esta noche es de capas. Y de vestidos originarios de Cabanaconde, diría yo. Que en el caso de los migrantes en Maryland y en Cabanaconde son usados para marcar pertenencia y diversos momentos del ciclo festivo. En toda esta sección vestimenta, música, baile y comida se le dan al espectador mas como ofrenda sensorial que como descripción etnográfica. Pero como la dualidad permea casi todo el quehacer en el ande, aquello que bordea lo etnográfico es la rivalidad entre Benigno Ramírez -el otro cargonte- y Nilo Abril. Benigno Ramírez sostiene que el principal cargonte debe ser el que tiene ganado en el cerro de abajo. Dice tener unas vacas en el cerro de arriba y seis toros en el cerro de abajo. Pero que se le ha dado preferencia a Nilo Abril porque vive en Estados Unidos. El dualismo, que es siempre flujo dinámico y cadeloiscopico, se extiende desde los cerros hasta allende las fronteras. Y despierta pasiones y opiniones variadas. Uno de los lugareños apoya a Benigno sosteniendo que los que se han ido afuera son dados a la ostentación y quieren demostrar su riqueza con bandas inmensas[2]. Nilo Abril y sus familiares niegan ello diciendo que la fiesta es del pueblo, para todos. Por su parte, el alcalde piensa que esta competencia es normal, que cada uno quiere dar énfasis a su fiesta, y que sea lo mejor. Declaración acertada, que se repite casi en todos los andes, donde la fiesta popular también se caracteriza la ostentación. Caso de las camionadas de cerveza de las hurkas de los cargontes de Mamacha Candelaria, la fiesta como conducto de prestigio estudiada por Zoila Mendoza en Paucartambo, o los diez mil comensales,   mas bailarines de Andahuaylas y Chumbivilcas, alimentados por la Cooperativa Los Andes Cotarusi para hacer quedar mal a la empresa Molina en la fiesta del Señor de los Temblores de 2012, en Chalhuanca.

 

Como tomando una pausa, el primer día es presentado por tomas panorámicas de los alrededores y las calles del pueblo en sus aspectos cotidianos: un niño sentado en una puerta, un triciclo trasportando un cuero de toro, una anciana con una carga de chala, etc. Otra dualidad: lo festivo y lo religioso compartiendo el espacio poblano con lo cotidiano. Pero este día es marcado por varios pasacalles de los cargontes con énfasis en enjalmas, capas y vestidos típicos de las mujeres. Discursos alusivos a Estados Unidos y Cabanaconde y un par de entrevistas a lugareños. En una el alcalde se queja del boom de construcción de los migrantes en Cabanaconde, donde cada uno construye de acuerdo a su criterio y va trasformando el rostro de la ciudad, que para fastidio del alcalde es comparada con Juliaca. Esto es reiterado por Hilda Quispe en un momento en que se le entrevista acerca de su propia historia económica, desde cuando decide dejar un trabajo para cuidar a sus mellizos hasta su éxito económico actual. En la otra entrevista –al inicio- se señala que Cabanaconde es un pueblo en el que el vacío de los migrantes al extranjero lo están llenando migrantes de Yauri y Espinar que traen sus propias culturas y costumbres. Contraste con las declaraciones en una asamblea en Maryland donde alguien sostiene que “los gringos están yendo allá, y nosotros nos estamos viniendo acá”. Contraste también con una dinámica muy común en otras partes de los andes donde los vacíos económicos los suelen ocupar migrantes aymaras de Sicuani o Puno.

 

En la noche, ríos de música y pasacalles van a dar a la plaza, donde hijos de migrantes, monolingües en ingles muchos de ellos, y usando chullos peruanos trasformados por otavaleños y tibetanos[3], bailan en la plaza, donde varios discursos de agradecimiento de Nilo Abril preceden a fuegos artificiales con una bandera del Perú y otra de Estados Unidos.

 

El día central empieza con la familia de Nilo Abril tomando desayuno con vestidos típicos y capas mientras él negocia por celular la hora de la misa. Una entrevista de Paul Gelles a una de sus comadres que vende artesanía para ayudarse, la muestra también con vestido típico y hace preguntar por el rol de este traje en la fiesta, en el retorno migratorio, y entre los comuneros pobres del lugar. Es decir, es el traje del comunero del lugar el legitimo y un marcador cutáneo o pastiche el del migrante? Es ese el traje cotidiano de la señora que vende artesanía? O, en todo caso, es que el vestido sirve diferentes funciones sociales, y su brillo en la fiesta es tan valido como su uso cotidiano? Valdría la pena hurgar en una semiótica comparativa del vestido típico, toda ves que en momento no mostrado de esta película, cuando la comunidad de Cabanaconde va a bailar wititi al Smithsonian, este es el traje que se usa como marcador de identidad. En todo caso, el contraste claro es el de la limitada economía de la comadre con el de los costos de la fiesta, que Nilo Abril y Lucy Quispe pueden afrontar por el ayni familiar y por su éxito económico. En varias partes de la película, e incluso en FTI, se hace seguimiento del éxito de Nilo Abril como “super” de una escuela religiosa de Maryland –desde donde ayudó e impulsó el Cabanaconde City Asociation- hasta que sostiene que el alrededor de los ciento cincuenta mil dólares que ha costado la fiesta son una inversión en el pueblo, la región y el Perú. El gráfico de los costos es revelador:

 

-capas $400 dólares unidad

-músicos 500 soles cada uno

-toreros $8000 dólares cada uno

-toros de casta $4200 cada uno

 

Sorprendente que el costo de los animadores principales de la fiesta -los músicos-sea contado en magros soles, y el de toros y toreros en dólares. Herencia colonial dolarizada. Exceso de Bataille, carnaval bajtiniano y “regalo” de Mauss en fase neoliberal. Cifras a las que habría que añadirse costos de comida, transporte local e internacional y las ingentes cantidades de cerveza y otros licores que se suelen consumirse en toda fiesta popular[4].

 

En seguida la dualidad de los cargontes se traslada a la misa central donde Nilo Abril y familia ocupan el lado derecho (mirando hacia el cura) y el de Benigno Ramírez el lado izquierdo[5]. Todos vestidos de gala, casi sin mirase, pero dando y cantando su devoción a la virgen a la que sacarán en procesión por el pueblo con sendos ríos de música, bailes, discursos y agradecimientos. A la noche, la fiesta se traslada nuevamente a la plaza con énfasis en las nuevas generaciones y la música de escenario, es decir los artistas locales que suelen presentarse en estas ocasiones. Una sección interesante de esta parte es el enfoque en la hija de Nilo y Lucy que se dedica a la fotografía de recién nacidos, habla en un ingles perfecto, y dice que viviría en Arequipa mas no en Lima. Le sigue su hermano, que culturalmente es mas lejano al Perú, pero dice funcionar en la fiesta por ser “peruvian looking enough”. Mas tarde, los hijos de Viviana Vera dan cuenta de la ambigüedad de ser gringo en el Perú y latino en Estados Unidos: al medio, pero no chawpinpi. Uno de ellos viste camisa con la bandera de Estados Unidos y toca en guitarra eléctrica un fragmento Jimmy Hendrix. Solitaria concesión al maistream acústico en FTII. Pero el periodo de migración y de cambios intensos y desencializadores de las cuatro últimas décadas pasará en la generación de descendientes de peruanos a otra etapa, en la que sólo en el mejor de los casos se mantendrán vínculos culturales fuertes con el Perú y los andes.

 

El último día de la fiesta es el de los toros. La corrida, como ya había anotado Nilo Abril, es la que concentra más recurso económicos. Tanto por el mejor torero peruano de Nilo Abril, como por el matador español y los toreros chumbivilcanos de Benigno Ramírez, el dualismo y la competencia de la corrida va con música, pasacalle, caballos, jinetes, capas y enjalmas dentro y fuera del ruedo. Que la corrida sea tan andina pese a ser tan cruelmente española es materia de otra discusión sobre lo terrible de la identidad y la herencia colonial, y sobre la falacia de la alteridad radical de las actuales culturas andinas. Pero el dualismo más interesante, que anteriormente Teodosio Quispe había asumido sin problemas al encomendarse al cerro Kuyaq y a la Virgen al mismo tiempo, es aquel del culto a los cerros -expresado por el mismo paqo de FT1- y el cura local, que con arrogante ignorancia deslegitima lo sagrado de las divinidades locales. Sabido es que los santos patronos no son otra cosa que el nuevo rostro de wakas antiguas. Y que en el fondo, al estar íntimamente ligado a pueblos y lugares paqarinas, el cristianismo en los andes es politeísta. Por lo que la reflexión debería preguntarse en si el rango religioso de los Apus y dioses tutelares es ya también tras y multi territorial, con sus Apus postmodernos.

 

El epílogo muestra a la familia de retorno del retorno: en Maryland. Lo primero que llama la atención es la ausencia del sonido de las bandas. Como si su exuberancia haya sido remplazada por un vacío de sonidos y la estridencia disonante de las máquinas, del landmower de Nilo Abril. Que recuerda la fiesta del año anterior y dice estar gustoso de donar un toro para el cargo actual. La familia, que ha sido entrevistada en varios lugares de la película vuelve a estar presente y mostrada en su cotidianidad en Maryland. Viviana como una nanny feliz, Francisco conduciendo su programa de radio con un vals de Los Chamas, una pareja recibiendo el cargo de la virgen en Maryland, el equipo de futbol en parques que de nuevo –Fellini hinaraq- están llenos de comida, trajes típicos, banda y procesión… Pero quien más me llama la atención es Lucy Quispe. En el transcurso de la película ha sido una presencia sólida y silenciosa que ha acompañado a Nilo Abril en todo momento, y ahora nos cuenta de cómo cuando eran chicos los hermanos tenían que esperar que el padre terminara de comer para repartirles la carne. Luego saca del horno un suculento plato de pastel de papa que muestra no sólo su amor a la comida –arequipeña- sino también la bonanza económica -que los migrantes de Cabanaconde no hubiesen conseguido sin superar terribles barreras económicas, racistas y discriminatorias de haberse quedado en el Perú- que permite a sus familiares y hermanos estar siempre en contacto con sus raíces de Cabanaconde en el exilio y en el origen.

 

Pero acaso volver a ver una y otra ves esta bella entrega -donde además el realizador Wilton Martínez ha elegido música de fondo de Rolando Carrasco Segovia, Edwin Montoya y otros músicos andinos en vez de algún equívoco instrumental europeo- nos de más lecturas al placer de verla, escucharla y reflexionar sobre ella kunanpas haykapas, contrastándola acaso con la auto mirada de los propios participantes en incontables filmaciones y fotografías de archivos personales y acaso del YouTube, el mas postmoderno del archipiélago de espacios visuales y musicales del ande.

 

 

Atlantic City, 30 de octubre-12 de noviembre

 

Aqui mas informacion sobre  Fiesta trasnacional 20  años despues.

donde se puede ver el trailer oficial

Para comprar un ejemplar en Estados Unidos viste Cine andino en Librera Hawansuyo

 

 

 

 

 

[1] En una conversación aparte Julio Noriega propone el plano visual como una forma de escritura, a ello se le podría añadir el plano acústico, que en la historia de las culturas andinas han sido poderoso lenguaje de resistencia y continuidad.

[2] Una queja similar se da contra las bandas qollas en el Valle Sagrado, que con su estridencia –dicen- tapan el sonido de las flautas y tambores de las danzas locales. De hecho, en varias localidades las comparsas puneñas están prohibidas, marcando sendas tensiones étnicas y económicas.

[3] Que muy probablemente en Maryland y otros enclaves migratorios tengan como sonido preferencial el hip hop, dado que los chullos postmodernos son parte de su vestimenta.

[4] Wilton Martínez comunica que por respeto, y por no dar impresiones equivocadas, no ha dado énfasis al consumo de licor en FTII.

 

[5] Aquí hay una anomalía, generalmente el lado preferido y derecho es el de arriba, pero anteriormente Benigno se ha quejado por no ser cargonte del lado de abajo. Y aquí el lado de abajo, en la disposición frente al cura es derecho.

Presentación del libro: CINE ANDINO: ESTUDIOS Y TESTIMONIOS de Julio Noriega y Javier Morales (Editores)

Llega a buen puerto este  proyecto del wayki Julio Noriega, que tambien  ha estado preparando una sorpresa en Bolivia. Con los mejores deseos a los  editores y a Pakarina ediciones.

Este lunes 14 de diciembre en el Celacp Antonio Cornejo Polar

Presentación del libro: CINE ANDINO: ESTUDIOS Y TESTIMONIOS
de Julio Noriega y Javier Morales (Editores)

Participan: Ricardo Bedoya, Emilio Bustamante, Julio Noriega y Javier Morales

Lugar: Centro de Estudio Literarios Antonio Cornejo Polar (CELACP)
Av. Benavides N.° 3074 – Miraflores, Lima 18

Hora: 6:30 pm.

Organizan: Pakarina Ediciones y CELACP

 

 

12314516_1005047359552211_5218302958133216022_o-1

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
Julio Noriega Bernuy/Javier Morales Mena

EL DOCUMENTAL ANTROPOLÓGICO ANDINO

Narración oral y paisaje. Avances de un proyecto basado en video
Martín Lienhard

Proyecto amauta. Una experiencia de literacidad en la región andina de Cusco
Walter Ángel Aparicio Riveros

El ecocine andino como herramienta de convivencialidad: el tiempo de la semilla
Roberto Forns-Broggi

Transmisión del legado mítico a través de la Danza de las Tijeras: El danzante-puente en el corto Dansak
Gabriela Núñez Murillo

Apuntes sobre Fiesta transnacional II
Fredy Amílcar Roncalla

EL CINE ANDINO: SEDUCCIÓN, GÉNERO Y VIOLENCIA

Figuras de la seducción maléfica en Madeinusa
Alison Krögel

“El otro” en Madeinusa y La teta asustada
Traci Roberts-Camps

Distorsión en los Andes: violencia cultural y exclusión en el cine contemporáneo
Iliana Pagán-Teitelbaum

Epistemologías del armario peruano cinematográfico. Sobre Lombardi, Fuentes-León y de Montreuil
Vinodh Venkatesh

Ansiedad e imagen: “violencia inminente” en el cine colombiano reciente
María del Carmen Caña Jiménez

CINE ANDINO: IMAGINACIÓN POLÍTICA, SUJETOS SOCIALES Y PROYECCIONES REGIONALES

El cine andino de Luis Figueroa Yábar
Ulises Juan Zevallos-Aguilar

La “revolución” en la imagen: dos películas de Jorge Sanjinés
Josefa Salmón

Anda, corre y vuela (1994): utopía y políticas de resistencia en el Perú de la globalización
Enrique Bernales Albites

“Huerfanitos” en el cine contemporáneo peruano
Dosinda García-Alvite

Niñez y adolescencia en el cine andino 1950-1980: representar lo que los adultos no vemos
Alejandro Latínez

¿Y cómo lo hacen? Breve guía para entender el cine regional
Javier de Taboada Amat y León

CINE ANDINO EN DIÁLOGO

¿Se puede hablar de cine andino?
Entrevista a Marcos Loayza, La Paz, Bolivia
Javier Dorado Álvarez

FIESTA TRANSNACIONAL 20 AÑOS DESPUES: Antropología visual y la migración. Manuel Martínez Cáceres

Manuel Martínez Cáceres,  doctor en Paleontologia y descendiente de los  grandes escritores Cesareo Chacho Martinez y Gloria Cáceres, comparte  con una bella y  fuida pluma, su apreciación sobre Fiesta Trasnacional 20 años después. gracias.

Comúnmente, se suele aceptar la idea que la humanidad puede ser separada en dos etapas bien definidas: una primera etapa736838_414641715280941_864979736_o “errante”, muchas veces vista por los especialistas como primitiva; y otra segunda etapa “sedentaria”, considerada moderna y desarrollada (otro ejemplo más de la dualidad antiguo-arcaico / reciente-progreso tan apreciada por nuestra sociedad). Sin embargo, y pese a que vivimos en la época más sedentaria de nuestra historia, el proceso de sedentarización no ha sido aún completado. A decir verdad, la migración es un fenómeno omnipresente en la historia de la humanidad y por lo tanto vigente de nuestros días: nuestra especie se originó en África hace 200 mil años y desde entonces no ha dejado de migrar. Las razones suelen ser muy diversas: sentimentales, económicas, sociopolíticas, o simplemente, por simple curiosidad (desde mi punto de vista, el verdadero motor del progreso y de la ciencia). La migración puede ser forzada o voluntaria, y muchas veces no es el miedo a comenzar TODO – en mayúsculas– de nuevo que nos impide dar el gran salto, sino más bien son razones exógenas que nos mantienen fijos, ‘sedentarios’. Y es que la migración, al igual que la conciencia y la empatía, son tal vez los mejores rasgos que nos permiten de definir al ser humano, en su continuo movimiento y en su voluntad de avanzar pese (o gracias) a todo lo que adviene. El gusto por lo desconocido y/o la promesa de otra vida en esos “pueblos lejanos”.

No pude dejar de pensar en todo esto mientras me deleitaba viendo por primera vez “Fiesta Transnacional: 20 años después”, documental realizado por Wilton Martínez y presentado recientemente en varios círculos culturales y académicos del país (por mi parte, yo lo vi en el Centro Cultural El Olivar, en San Isidro – Lima, el 12 de octubre 2015, y seguido por una discusión abierta, conducida por el director y dos comentaristas, el antropólogo Rodrigo Montoya y el director de teatro Carlos Tolentino). Cómo el título lo deja suponer, este documental debe ser considerado como la continuación de “Fiesta Transnacional”, otro documental producido también por Wilton Martínez y Paul Gelles, dirigido por Wilton Martínez en 1991 y que tiene como principales protagonistas a los miembros de la familia de Teodosio Quispe, natural de Cabanaconde (provincia de Caylloma, Arequipa) y residente en el estado de Maryland, en Estados Unidos. Luego de muchos años de un exilio voluntario, Teodosio Quispe y su esposa Julia deciden regresar a su tierra natal para ‘pasar el cargo’ (expresión andina sinónima de auspiciar) de una de las fiestas más importantes del lugar: la Fiesta de la Virgen del Carmen. Gracias a un material audiovisual invaluable y un enfoque científico inédito (la migración al extranjero de comunidades andinas en la actualidad), Martínez y Gelles mostraron en “Fiesta Transnacional” la gran capacidad de adaptación de la comunidad cabaneña: entrevistas con los primeros migrantes (tres mujeres llegadas a Maryland en los años 70) y ejemplos de una vida asociativa muy bien organizada y de familias mixtas integradas a la sociedad norteamericana fueron la base de un estudio etnográfico hasta entonces no documentado. El trabajo de Martínez fue saludado en ese entonces por la comunidad científica y es considerado por los especialistas como una fina investigación antropológica. Cabe resaltar que este estudio me era desconocido antes que viera “Fiesta Transnacional: 20 años después”, lo que no alteró para nada el grato momento durante la proyección del documental.

En este contexto se inscribe “Fiesta Transnacional: 20 años después”. Una vez más Martínez y Gelles acompañan la familia Quispe, en su residencia en Maryland. Teodosio y Julia Quispe han envejecido, sus hijos e hijas han crecido, los más jóvenes ya fundaron a su vez sus respectivas familias, y todos sin excepción se han instalado en Maryland y están integrados a la comunidad norteamericana. Nilo Abril, yerno de Teodosio Quispe, decide a su turno pasar el cargo de la Fiesta de la Virgen del Carmen, cómo lo hizo su suegro veinte años antes. La comunidad cabaneña en Maryland es ahora mucho más importante que en los años 90 (casi diez veces más grande, se la estima aproximadamente unas 2000 personas) pero su sistema de organización se ha revelado sorprendentemente eficaz y ha permitido al grupo una cohesión particular. Es casi imposible para alguien que ha experimentado de cerca o lejos la vida en los Andes de no comparar el sistema de los migrantes cabaneños a lo que se conoce en el paisaje andino como ayni. Actividades pro-fondos, campeonatos deportivos y fiestas comunales y patronales dan el tempo en la comunidad cabaneña norteamericana. En esta oportunidad, cerca de unas 300 personas, incluyendo los nietos de Teodosio nacidos en Estados Unidos, viajarán a Cabanaconde para la Fiesta de la Virgen del Carmen.

Si bien el documental de 1991 se centra más en el proceso de migración y la “aclimatación” de los cabañenos en Estados Unidos, el segundo documental está más centrado en las diferencias y similitudes entre el Cabanaconde (y los cabaneños) de hoy y aquel de inicios de los años 90. Con una inteligencia sutil, las imágenes se sobreponen de manera que el espectador pueda entender o al menos testificar los principales cambios. Ya no estamos en una época peligrosa de conflicto social armado sino en pleno boom económico, y las divisas extranjeras han transformado las fachadas y las viviendas de Cabanaconde. De la misma manera, la forma de pensar de muchos migrantes ha cambiado y poseen ahora un discurso algo diferente del que tenían en los años 90. Es así que durante 90 minutos, seguiremos los preparativos, las celebraciones y los sentimientos encontrados que dejará la fiesta de la Virgen del Carmen en los cabaneños – que sean residentes de Cabanaconde o de Maryland. La familia Quispe afirmará en un momento del documental haber gastado más de 140 mil dólares en una semana llena de lujosos atuendos ceremoniales, ostentosas corridas de toros, conciertos, bailes, fuegos artificiales y celebraciones de una familia cabaneña exitosa, de la cual sólo una persona vive aún en Cabanaconde.

Uno de los aspectos sumamente apreciables en la obra de Martínez es la búsqueda por escenificar lo menos posible. Su antropología visual nos presenta los hechos, sin comentarios ni explicaciones adicionales a aquellas dadas por los protagonistas del documental. La utopía de la objetividad no podría estar más cerca, y es éste uno de los retos más difíciles que un científico puede encontrar en su trabajo. De manera personal, prefiero el uso de material visual a una descripción escrita o un soporte audio en cualquier tipo de investigación, puesto que en nuestra condición de mamíferos primates la visión constituye el sentido más eficaz en cuanto a percepción y asimilación de conceptos. Por supuesto, nuestro oído, paladar, olfato y tacto son muy importantes, pero nuestro cerebro está mucho más capacitado para obtener información de estímulos visuales. Una imagen puede ser mucho más comunicativa que una descripción escrita, por más exhaustiva que sea, y Martínez se sirve de este hecho para aumentar una base biológica a su apuesta por una objetividad creciente. Así, son nuestras experiencias (grabadas en forma de conexiones neuronales) que se encargarán de transcribir las imágenes del documental y de convertirlas en conceptos e ideas. Son nuestros conocimientos y prejuicios existentes que formarán nuestra propia opinión del documental. De esta forma, muchos de nuestros estereotipos sobre las fiestas patronales andinas serán refutados o confirmados, y la manera de cómo reaccionaremos a este material audiovisual puede a su vez convertirse en nuevo material de estudio para el antropólogo.

Martínez muestra también el cambio en el tiempo del folclor cabaneño, donde el sincretismo de la religión católica y andina subsiste con atuendos barrocos demasiados cargados de color -a mí parecer-, rituales interminables llenos de símbolos y misticismo, danzas, orquestas y otras expresiones folclóricas. “Fiesta transnacional: 20 años después” nos recuerda que por más que una expresión folclórica pueda estar codificada y ritualizada, ésta también está sometida al paso de los años y a su inexorable evolución. Los comentaristas mencionaron durante la discusión que siguió la proyección que algunos ritos paganos son considerados anecdóticos a los ojos de la familia Quispe, practicantes de un catolicismo norteamericano donde el concepto de apu ya perdió importancia. Así mismo, mientras que en 1991 los diálogos en quechua están presentes desde el inicio, éstos son casi inexistentes en el 2011, donde los más jóvenes miembros de la familia Quispe prefieren expresarse en inglés y hasta que una de las personas nacidas en Cabanaconde no puede evitar decir “I’m home” en medio de un discurso en español.

Pero señalemos que por más completo que sea, el documental expone tan sólo uno de los numerosos ejemplos de migración. La migración de la familia Quispe fue movida principalmente por motivos económicos. Los Quispe, al igual que muchas otras familias migrantes, llegaron a los Estados Unidos en búsqueda del codiciado american dream, y con trabajo, voluntad y esfuerzo llegaron a construir junto con sus paisanos llaqtamasikuna un ayllu que mantiene las bases del buen vivir de la comunidad andina, su cabanacondean dream. No olvidemos que muchas otras personas que salieron del país en búsqueda de un futuro mejor debieron contentarse de una situación irregular y precaria o de un regreso infructuoso luego de una experiencia ingrata lejos de los suyos, vencidos por esa máquina que llamamos sociedad.

Finalmente, la migración no es un fenómeno puntual. El migrante no deja fácilmente su chaqueta de migrante por más que pasen los años sino que se apropia de esta nueva etiqueta que lo acompañará en adelante y que participará en la formación de su identidad. No existe un “manual del buen migrante” que pueda enseñarnos a afrontar las diferentes situaciones, las calificaciones de exitosa o desastrosa son más subjetivas de lo que parecen. Cómo hijo de migrantes y en mi calidad de migrante, “Fiesta transnacional: 20 años después” despierta en mí algunas preguntas transgeneracionales legítimas, a saber, cómo las generaciones futuras reaccionarán en algunos años cuando deban decidir si regresarán o no a las tierras de sus ancestros, ellos que habrán nacido en Maryland y conocerán los Andes tal vez sólo por los relatos de sus padres y abuelos. Ellos que probablemente celebren una Fiesta de la Virgen de Carmen muy diferente a aquella que se celebrará en Cabanaconde. Al final de la proyección del documental, Wilton Martínez nos comentó que pese al deseo de ser enterrados en Cabanaconde, Teodosio y Julia Quispe, fallecidos después de la realización del documental, fueron enterrados en Maryland, donde reposan cerca al resto de su familia. Sólo nos quedan las ganas irreprensibles de viajar en el tiempo lo más rápido posible para poder ver la tercera parte de esta asombrosa historia.

Manuel Martínez Cáceres