OSWALDO REYNOSO, EL NARRADOR INCONFORME. Feliciano Padilla

Mientras la confiep, en la que no debe confiar, el gobierno y los naqueros,  siguen haciendo de las suyas, nuestro hemano  maor comparte esta semblanza de Oswaldo Reynoso, cuyas palabras acaso son mas actuales que nunca

 

OSWALDO REYNOSO, EL NARRADOR INCONFORME
Homenaje de Feliciano Padilla

Mario Vargas Llosa al recibir en Caracas el premio Rómulo Gallegos en 1967, expresó algunas verdades acerca de la literatura: Manifestó que “La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite camisas de fuerza”. Estas palabras cubren como gloriosa corona de laurel en la frente de Oswaldo Reynoso. La literatura de este gran escritor arequipeño nació de la inconformidad con su entorno y, siguió así hasta el fin de sus días, que ocurrió en la madruga del 24 de mayo del 2016.
Es cierto, los escritores nacen de esta contradicción, pero con el correr del tiempo se acomodan al orden establecido, tal como sucedió con muchos escritores prestigiosos, incluido el propio narrador que lo dijo. El mercado que en nuestra sociedad en el Dios omnipotente que lo decide todo, utilizando artificios domestica al insurrecto y lo coloca al servicio del sistema que construye un canon literario mercantil y mediocre, exceptuando la obra de algunos escritores excepcionales que con su presencia validan ese canon comercial proporcionado por las transnacionales.
Oswaldo Reynoso fue inconforme hasta el fin. Escribió fuera del sistema y contra el sistema y todos sus críticos a sueldo, que tanto lo maltrataron desde sus columnas en los periódicos y revistas. Pero Oswaldo no se amilanó. Dijo un día: Me cago en todos los críticos sin excepción y siguió construyendo un camino literario a fuerza de talento y voluntad férrea. Literalmente, un sendero construido a pie porque él visitaba las universidades y los colegios para conversar con los propios estudiantes. Anduvo casi por todo el Perú, al lugar desde le llegaban invitaciones para sus seminarios, congresos o encuentros literarios. Y en los ratos libres siempre se le veía rodeado de escritores y jóvenes, primero en El Palermo y luego en Quilca donde en medio de algún vaso de cerveza te atrapaba con su gratísima conversación sobre literatura o sobre los nuevos libros que venía escribiendo. Nunca dejaba de lado su vocación de maestro: Daba sugerencias a los jóvenes que lo necesitaban. Javier Arévalo, un famoso escritor limeño, da cuenta de que su primer libro fue corregido línea por línea por este magnífico narrador. Él era así. La crítica lo menospreció pero el pueblo lo quiso y lo convirtió en su narrador preferido.
Con la partida de Oswaldo hemos perdido al último de los escritores malditos, porque él pertenecía a esa raza de poetas rebeldes que resistió hasta el fin su condición de escritor insurrecto. Nunca cedió a las veleidades del mercado que le tendía trampas para que se convierta en uno más de sus serviles. No, no. Fue un hombre leal con sus principios tanto en su vida como en su obra y no tenía pelos en la lengua para llamar a las cosas por su nombre como el día en que tuvo la osadía de mandar al diablo a Caretas y a El Comercio juntos, a raíz de su participación como jurado de un concurso literario.
Un día cualquiera, un joven arribó a Lima con un libro de poemas en la mano. Titulaba LUZBEL publicado en Arequipa en 1955. ¿Quién era este muchacho insolente y perturbador que se había atrevido a publicar un libro dedicado al Diablo? Quién más: Oswaldo Reynoso. Pero no nos presentaba la imagen de ese ser monstruoso y horrible que casi todo tenemos en la conciencia. No. Es el primogénito de Dios, el hijo hermoso que lleva en la mano un faro de luz por lo que se le llamó LUCIFER (El que lleva la luz a la humanidad) o LUZBEL (Bella luz). Se trata de un libro de lenguaje poético bien trabajado y de un tono lírico intenso. Yo pude leer algo de ese libro en Lima durante un almuerzo organizado en casa de Christian Reynoso a donde debía asistir Oswaldo que no llegó por haber fallecido dos días antes. Fue triste, sus amigos, entre mojito y mojito (un trago famoso de La Habana) nos pusimos a llorar y, a pensar en la muerte que ingresó en su casa sin tocar la puerta y lo atrapó a la traición. Revisamos los dominicales de los periódicos que lo atacaron tanto. Ahora, la situación era distinta. Todos lo elogiaban y sentían mucha pena por la partida de Oswaldo, incluido El Comercio, Caretas principalmente.
En Lima publicó Los Inocentes, un libro de cuentos espléndido, poético y rebelde para el canon oficial. Causó gran escándalo y se ganó una retahíla de críticas mordaces, liquidadoras. Los críticos parecía que competían en quién podía maltratar con más encono a Los Inocentes, al reciente libro de Reynoso. Cara de Ángel, el Príncipe, Carambola, Colorete, el Rosquita son personajes que siempre vivirán en el corazón de los peruanos. En esta obra, Oswaldo dentro de una atmósfera de intenso lirismo narra de manera descarnada la vida de los adolescentes de las barriadas y de la clase media en decadencia. Como se sabe a principios de la década del 50 se produce las mayores migraciones de provincianos a la ciudad de Lima que llegaron a fundar barriadas que con el correr del tiempo se convirtieron en grandes ciudades. Estas migraciones van a causar un gran efecto en la dinámica económica y social, creando un código lingüístico singular que los estudiosos llaman jerga o replana. Esta situación nueva crea desocupación, pobreza, una vida precaria y delincuencia juvenil. Ese es el mundo que va dar pie a la producción de tres libros: Los inocentes que, Manuel Scorza publicó después con el título de Lima en Rock, la novela En octubre no hay milagros y El escarabajo y el hombre constituyen la saga maldita de su escritura con la que conquistó el Perú definitivamente. Los libros son intensamente líricos, incorpora en el lenguaje poético la jerga o replana de los sectores olvidados y discriminados, sus costumbres, su sexualidad descontrolada y sus actividades no convencionales, como la plática picante y burlesca de las esquinas en los barruntos, los juegos de villar, sus borracheras al son de las roncolas y la propensión delincuencial de los adolescentes. En realidad, Reynoso fortalece la corriente literaria del neorrealismo urbano del Perú. Crea una temática nueva de la narrativa peruana: la de las migraciones provincianas hacia la capital, el nacimiento de nuevas culturas populares, una nueva visión del tema homosexual y; la corrupción y homosexualidad de los gobernantes peruanos como sucede “En Octubre no hay milagros”, novela en la que se supone que el personaje Don Manuel sería nada menos que Mariano Ignacio Prado. Roberto Reyes Tarazona dice textualmente: Ataca la actitud particular de la homosexualidad de un reconocido oligarca de entones, Mariano Ignacio Prado. Este, cabeza visible del clan de los Prado, no solo es pintado con las cargadas tintas de un burgués soberbio y despótico, sino como un marica desaforado
Oswaldo Reynoso es fundador del prestigioso grupo literario NARRACIÓN donde estuvieron Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez, Roberto Reyes Tarazona, Gregorio Martínez, Augusto Higa, Vilma Aguilar, entre otros. La revista que publicaron, también llamada Narración, tuvo apenas tres números:1966, 1971 y 1974 tuvieron un impacto importante en la literatura peruana. Los principios del manifiesto que publicaron como el de la literatura y la ideología política fue una constante de la revista y están presentes en sus obras literarias. No hicieron una especie de “realismo socialista” como sí se hacía en la URSS y, posteriormente, en China; sin embargo los artículos de la revista estaban abiertamente comprometidos con la ideología socialista. Es más, el libro de Miguel Gutiérrez “La generación del 50: Un mundo dividido” es una obra de análisis hermenéutico de la literatura peruana desde la perspectiva del materialismo dialéctico como método de estudio. No obstante según palabras del propio Gutiérrez los integrantes del Grupo Narración podían ser o no ser marxistas y hasta podían tener discrepancias entre ellos.
En mi opinión Oswaldo Reynoso ha sido el más consecuente con estos principios. Mostró en sus libros la crisis económica y social del Perú y; particularmente la crisis de sus valores y un reclamo a la sociedad peruana para que sea consciente.