Huambar en el mercado de Huamanga. Hilda Balbin Alcocer

Hilda Balbin Alcocer recuerda el dia exacto en que encontro a Huambar en la lliqlla de un vendedor de libros viejos en Huamanga, en medio de la guerra interna, cuando la risa le dio a ella y su familia, un respiro al dolor de entrerrar sus muertos. Al cabo de casi tres decadas Huambar ocupa, en la biblioteca de Hilda, su lugar entre los autores universales de quien es bibliotecaria y promotora cultural. Aledaidataq chay Adelaida nisqay kasqa. Arquetipicos, Huambar y Aledaida se transforman y permanecen. Gracias Hilda.
Una tarde, inti wañuytaña (de sol muriéndose) mientras caminaba por la plaza María Parado vi en la vereda sobre una lliklla descolorida junto a otros libros deshojados, revistas antiguas, folletos y mucho más, un libro amarillento, sin carátula; sus hojas adelgazadas por el tiempo mostraban en letras grandes, un título llamativo: HUAMBAR Poetastro Acacautinaja Mi corazón, que en cuestión de libros de literatura nunca me engaña, kichkatiyaykuwan (me aguijoneó) a darle una breve lectura a la primera página número cinco. En el tercer fragmento miskita asiruni (rico me reí): Huambar tomando cañacito, empezó a narrar su “historia íntima” a Tuertone lamentando la falta de un cantágrafo (taquígrafo). Entre salud y salud, ñuqapas parlankuman chapukuruni ( yo también a su conversación, me mezclé). Huámbar tenía el mismo lenguaje de mis abuelos, el mismo tono jocoso, la misma ironía andina, la misma mezcla de quechua-español de los chistes con los que asiywan wañuraniku (de risa nos moríamos) alrededor de la tullpa (fogón) o en alguna fiesta familiar con arpa y violín. Todo ese aroma del humor andino me invadió, me rebosó en recuerdos y me devolvió a la época más feliz. Emocionada por mi descubrimiento, me apresuré a pagar al vendedor ambulante. Regresé a casa para seguir deleitándome con la historia imamam lluqsisqaytapas qunqaruspa (olvidando para qué salí de casa). Esa noche mana puñuytapas tariranichu ( no encontré sueño). Cuando creí llegar al final del libro, ya casi amaneciendo, me di cuenta que faltaban las últimas hojas y no pude saber si Aledaida se casaba o no con Huambar. Yaqallam waqakunipas ( ya casi, casi yo lloroneaba). Apenas salió el sol fui kallpa kallpaylla (corre corriendo) a buscar al pampapi libru rantikuq (al que vende libros en el suelo). Llegué antes que él. Esperé con ansias y hasta imaginándome que ya no lo vería más. Apenas lo vi llegar con su valiosa lliklla vieja llena de libros usados, le dije que faltaban hojas al Huambar que me vendió y me contestó, muy tranquilo, que era el único pero en su casa tenía unas copias que quizá puedan ser parte del libro. Paqarimpaq, agregó indiferente, manam ñiñucha, manam suyallaymanchu, le contesté, no puedo esperar hasta mañana, ve a tu casa trae lo que falta ama qina kaspayki (no seas así), le rogué. La espera se hizo eterna hasta que el pampapi libru rantikuq (el que en el suelo vende-libros) regresó con las hojas que faltaban; chayraq almaypas kutirimun ( recién mi alma regresó, volví en mí).
Leí hasta el final, con avidez, sentada en la vereda. Llegando a casa leí en voz alta para mi madre y mis tíos. Reímos todos. Pudimos revivir nuestro sentido del humor, con la risa redentora en medio de la tristeza de enterrar a nuestros muertos y de recoger los escombros de nuestras casas. Recuperamos, por unos días, algo de nuestra alegría comentando las ocurrencias de Huambar para darle un poco de sentido a nuestras vidas en medio de una guerra interna que no sabíamos cuándo acabaría. Aquel día, 14 de Diciembre de 1990 hallé el tesoro no escondido. No sé cuánto tiempo me estaría esperando Huambar, pampachapi (en el suelito) en una calle polvorienta de mi Huamanga. Huámbar, veintiocho años haciéndome compañía entre Lima y Arequipa, y ahora; en Florida junto a El Pez de Oro de Churata, J.M Arguedas, entre Walt Whitman, Vallejo, Borges y otros grandes tesoros universales que el tiempo se encarga de poner en nuestras manos. No sabemos cuándo ni cómo vienen para quedarse con nosotros.

Maytu no es libro. Hilda Balbin Alcocer y Fredy Roncalla

Hace poco publicamos una conversacion propiciada por Bernardo Rafael Alvarez en torno al uso de la palabra quechua “maytu” como equivalente de “libro”. Bernardo Rafael sostiene que si es posible generar neologismos en el quechua, algo de lo que el siguiente articulo discrepa. ero acaso lo mas importante es que la conversacion con Bernardo y quienes participaron en el foro fue de tolerancia y respeto mutuo. Actitud compartida por los autores de esta nota.

MAYTU NO ES LIBRO

Hilda Balbin Alcocer y Fredy Roncalla

Si los traductores optaron usar la palabra quechua “maytu” como equivalente de “libro” en español partiendo de la definición del Vocabulario de Lengua Quechua escrito por Diego Gonzales Holgín (1608) y/o del Vocabulario de Pastaza (1973) publicado por el Instituto Lingüístico de Verano y apoyado por el Ministerio de Educación, los cuales definen “maytu” como “envoltorio para cubrir comidas, frutas o pescados” equivocadamente han relacionado las palabras homógrafas: hoja = página de un libro  con hoja= parte de una planta.

En muchísimos casos, el quechua es traducido con los mismos principios lexicográficos, fonológicos o gramaticales del español. He aquí la inexactitud, el desacierto de quienes han encontrado la similitud entre “hoja de libro” y “maytu” aplicando los conocimientos del idioma español, sin tener en cuenta que el quechua tiene diferente estructura simbólica, gramatical, semántica y fonológica que para los mismos quechuahablantes no es fácil realizar una traducción fiel del quechua al español o del español al quechua. En gran parte debido a que el quechua es una lengua aglutinante y el español no.

Por ejemplo, en  Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, la palabra maytu, como sustantivo, tiene muchos significados entre ellos ropa de abrigo, protección, cubierta. Verbalmente su infinitivo es “maytuy”: cubrir todo el cuerpo o protegerse del frío o de la lluvia, siempre en un sentido físico relacionado al cuidado del cuerpo. En Cusco, el mismo término, se refiere a un atado de verduras. En ninguna de esas acepciones “maytu:  ni siquiera es una traducción cercana a libro.

La traducción exacta de “hoja” en quechua es “llaqi” y se refiere a las hojas de las plantas, y no tiene ninguna palabra homófona u homógrafa con “hoja de libro”. Otra de las razones es que el libro nunca existió como tal en la antigua cultura andina y sería inútil buscar una analogía en quechua.

Cuando no encontramos palabras originarias quechuas, hacemos préstamos del español para su fácil comprensión que con el paso del tiempo y continuo uso son aceptados produciéndose sincretismo de ambas lenguas, sin necesidad de imponer su uso mediante documentos oficiales.

Es costumbre generalizada y aceptada en la enseñanza rural de la mayoría de colegios en Ayacucho la palabra “liwru” o “libru” para libro, “wadirnu” para cuaderno, “lapiku” para lápiz, “Wan” para Juan, y así muchísimos préstamos lingüísticos  que se adaptan a  la sintaxis aglutinante que ya son parte del vocabulario quechua desde que la educación bilingüe llegó al Perú profundo. Por lo tanto, usada por escritores y maestros bilingües.

La palabra “liwru” o “libru” y sus variantes entre los sonidos y palabras quechuas de Cusco, Ayacucho y Apurímac y otras regiones del centro y norte, es un préstamo obligatorio del español, así como muchos  peruanismos tienen infinidad de préstamos del quechua y, muchas palabras extranjeras se usan en  el español. Un ejemplo de préstamo obligatorio es la palabra “Facebook”. No podríamos traducirlo  al español como “caralibro” y decirle a un compatriota hispanohablante: “Voy a escribir un comentario en tu caralibro”, a no ser que se trate de un juego humorístico.

La misma dinámica de préstamos pasa con el quechua y todos los idiomas del mundo.

Los errores de traducción se han venido repitiendo tanto históricamente como en sus variaciones. Nos referimos a las normas  habladas a lo largo del río Pastaza (dialecto inga), la costa central y sur central y gran parte de la región andina desde Ecuador hasta Argentina y desde la primera publicación escrita en quechua en el siglo XVI, hasta los estudios léxicos, fonológicos y gramaticales en los que se clasifica el idioma quechua en: Quechua II, Quechua II-B, Quechua Chinchaysuyo, Quechua Sureño y Quechua Clásico.

Muchas de las traducciones, como las del fraile Diego Gonzales Holguín y las del Instituto Lingüístico de Verano (organización protestante evangélica apoyada por Ministerio de Educación), han tenido como fin una campaña proselitista religiosa y han impuesto sus programas educativos fuera de las necesidades de las comunidades andinas, causando divisiones entre las comunidades nativas y sus propios cultos, además de imponer vocablos que no forman parte del idioma quechua. Ello  ha conducido a posteriores errores de traducción.

Nuestra realidad lingüística con sus problemas actuales: la rivalidad entre el quechua cusqueño y el quechua ayacuchano; la intención  de crear un quechua estándar; las particularidades lingüísticas de cada comunidad del campo y de la ciudad, las influencias extranjeras y las publicaciones libres en las redes sociales en “quechuaespañol” y todas las transformaciones que sufre el quechua, deben ser estudiadas  con cuidado y no por un monopolio de instituciones estatales (Ministerios de Educación, de Industria y Turismo, de Cultura y otros) ni organismos extranjeros que imponen criterios que no van de acuerdo con el habla popular.

En este sentido, al igual que se ha hecho en varias  sociedades amazónicas como el pueblo Esse Eja, que ha  construido su alfabeto consensualmente, proponemos que cada comunidad debe estar representada por una organización integrada por antropólogos, lingüistas, maestros, escritores y artistas, entre otros, cuya lengua materna sea el quechua, para llegar a un consenso de aceptación de palabras prestadas del español o entre ellas mismas, según el significado y la fonética que se dan en cada región, zona o comunidad cuya investigación profunda se haría respetando la tradición y usos de cada población andina o amazónica, sin confrontaciones, para finalmente crear un diccionario que aglutine todas las expresiones o palabras usadas por cada una de ellas, complaciéndonos en su diversidad, porque allí radica nuestra riqueza cultural.

AAKKOSJARJESTYKSESSA. Hilda Balbin Alcocer

Desde una biblioteca de Florida, Hilda Balbin Alcocer, comparte su primer dia de trabajo descifrando varios idiomas con su miski huamanguino en Clave Huambar. Se extienden los caminos de la narrativa quechua, chikachalla kallaspapas. Gracias Hilda.

Es mi primer día de trabajo. Un delicioso aroma a libros invade la biblioteca. Al fondo, una gran ventana deja ver las palmeras que se mecen con el suave viento de primavera.
En el umbral está escrito: “The man who does not read good books has no advantage over the man who can’t read them”. Mark Twain. “El hombre que no lee buenos libros no tiene ventaja sobre el hombre que no puede leerlos” Mark Twain.

Mrs. Kirkwood, directora de la Sección, me habla en inglés sobre algunos aspectos precisos del área, relacionando el CDU (Clasificación Decimal Universal) y otros asuntos técnicos de organización y catalogación de autores por idiomas, código 8 (literatura).
Observo que todo está escrupulosamente ordenado, lo mejor de los autores universales, en todos los idiomas con lomos de todos los colores del mundo.

Parafraseando al extraordinario Borges: estoy en el paraíso.

Mrs. Kirkwood termina de hablar. Alta, rubia pelo de choclo, ojos turquesas como el Atlántico, me deja amablemente con un: “Enjoy your work”.

Una ruma de libros me espera para regresar a su respectivo lugar y yo, como pez en el agua, empiezo con mi labor.
Agarro el primer libro cuyas palabras del título, mi cerebro no reconoce. Abro al azar, el grueso libro, y mis ojos se encuentran con esta frase:
“Jonkinlaisena Järren adjutantti istua kahirossa…”
Parece alemán, pero; no, no es. Primer día de trabajo y esta es la bienvenida. Imama kayqa, me digo a mí misma. Copia esta frase en tu mataburros Apple. Cuida cada letra, no te equivoques, hazlo rápido. Acá está prohibido demorar.No empieces a sudar. Tranquila. Te parece que el aire acondicionado es insuficiente? No hagas caso.

Hay otra instrucción en la tarjeta, en inglés, dice: “finnish” pero escribe esta otra, además: “AAKKOSJARJESTYKSESSA” sigue las instrucciones y escribe también TEJIKAN SUKINEMEN MUKAAN. Haz clic en el buscador de idiomas. Apúrate que hay muchos libros más en otros idiomas que tú desconoces, seguía hablándome a mí misma…Que no sabes cuántos minutos estás demorando? Casi nada. Te parece una eternidad? Imama kayqa. Utqay! Ñachu? Tarirunkiña! -Cuando estoy en apuros me brotan pensamientos, palabras y hasta lisuras en quechua- pero esta vez no dije ninguna mala palabra.

Mi mañana se iluminó porque la búsqueda ha terminado:
AAKKOSJARJESTYKESSA
TEKIJAN SUKuNIMEN MUKAN

El traductor de mi celular, al que yo llamo mataburros universal, indica que en este caso debe ordenarse primero por nombre y después por apellido. El idioma es “finnish”: finlandés.
Debo buscar rápidamente los anaqueles de los libros en “finnish”.
Dirijo la mirada hacia la izquierda, solo por intuición, y el “finnish” está cerca de mí.
Con cierta satisfacción, hecho una rápida mirada a mi alrededor. Entran dos personas hablando en voz baja y en perfecto alemán. Un lector busca un libro
repitiendo el título en italiano.
Mientras acomodo el libro escrito en finlandés, escucho despedirse a dos personas en francés y voy recordando la biblioteca de Babel por todos los idiomas que aquí existen, recuerdo también, la biblioteca infinita, por la clasificación mediante números decimales, inacabables, como libros hay.

Hoy día, como nunca, recuerdo las palabras del gran Borges y su biblioteca infinita.

Agarro el segundo libro y, como una gran recompensa a mis sudores, el autor es el Premio Nòbel alemán Hermann Hesse, uno de mis creadores favoritos. Es ist bunderwar! me digo en alemán.
Este idioma lo conozco bien. Leo fragmentos de su obra maravillosa “Bajo la Rueda”.

El tercer libro escrito en Swedish (sueco) Somnla.
Y así, sucesivamente en varios idiomas.
No me di cuenta del paso de las horas.
Sentí que cerraban las puertas. Es hora de salir.
Mrs. Kirkwood me toca el hombro y se despide con una sonrisa, diciéndome: “ Good Job, Hilda”

Fue un día espectacular. El sol se pierde entre las palmeras y el suave viento ondula el lago y sus patos.

Gracias, Mrs. Kirkwood por confiar en esta servidora que si no se guía por su intuición, se deja guiar por los mismos libros o consulta con su mataburros universal, y; gracias amigos lectores que sin Uds. no tendría razones para escribir.