Principios de sabiduría indígena – (II Parte) YANANTINKUY Y CH’EKKALLUWA / Javier lajo

El pensador puquina Javier Lajo comparte con nosotros su reflexion sobre la sabiduria andina.  Dado que  wordpress no reproduce imagenes acompanamos el texto de Javier con un enlace a WordPress donde las imagenes pueden ser vistas y el archivo bajado, una mejor alrtenativa a sitios que cobra por lo que el projimo, yanantin, ha escrito. Aqui el enlace a Yanatinkuy y Ch’ekkalluwa.  Y en seguida el texto sin las imagenes.

Principios de sabiduría indígena – (II Parte)

YANANTINKUY  Y  CH’EKKALLUWA

Por : Javier Lajo

En el libro “Qhapaq Kuna, mas allá de la civilización” (J. Lajo, Cusco 2002) hemos explicado que en el mundo andino el origen de todo lo existente es una “Paridad”, es decir en el principio cosmogónico hay dos elementos o esencias diferentes irreductibles una a otra, y allí citamos al Inka Garcilaso cuando escribe sobre el primer diálogo intercultural del Inka Atahualpa con Valverde. El Inka quiere entender la lógica o “razón” de los “wiracochas”; y fuerza el traslado a su lógica tetramétrica cuando dice: “…el Dios tres y uno, que son cuatro… por ventura ¿No es el mismo que nosotros llamamos Pachacamac y Viracocha?”, claramente el Inka hacia alusión a su “Madre y Padre” cosmogónicos. Esto ratifica nuestra hipótesis inicial: En el mundo indígena todo es par o se da por parejas, lo que se presenta como impar (o “ch’ulla en Puquina) existe solo en apariencia y transitoriamente. Pero como se ha cuestionado tanto la idoneidad de Garcilaso de la Vega, para hablar de nuestra cultura andina, debemos apoyarnos en otros recursos idiomáticos para apoyar nuestra tesis.

En primer lugar usaremos algunos vocablos quechuas, como son Yana y Yanan, Puri y Purin, Churi y Churin, etc; también usaremos el mito de Sachamama y Yacumama, finalmente nos apoyaremos en el vocablo Pacha que significa cosmos: Tiempo y Espacio y un vocablo mas especializado, pero en idioma Puquina: PAQAS[1], que significa cosmos en términos materiales o exclusivamente en “coordenadas espaciales”, significando Pacha su contraparte, es decir  solamente “tiempo”.

En el Runa Simi, que es idioma usado por millones de nuestros hermanos, existen vocablos para designar conceptos pares, todo el idioma esta plagado de estas “paridades”, a pesar de la decodificación o cristianización de los idiomas quechua, aymara y puquina. Ahora, usaremos el ejemplo más bello en el idioma quechua,  pero también el más aleccionador, para mencionar o expresar las dos esencias de todo lo existente, al parecer estos vocablos y su conjunción se salvaron de ser modificados, traficados o profanados, por la misma fuerza de sus contenidos y su uso irremplazable o insustituible. Me refiero a los vocablos YANA y YANAN.

 

El Yanan-Tinkuy

o

la Complementariedad Proporcional

Puqina-Inka                                      Maya-Quiche                                Tao-Chino

El primero, Yana como adjetivo significa “negro, oscuro, u oscuro fuerte” (Lira, 1982), pero tiene otro significado como sustantivo, a saber: “Mujer que es pretendida por un hombre, o viceversa” y por extensión “persona que está bajo la absoluta dependencia de otra, o que está bajo la dominación de alguno”. Es decir Yana significa: “templado”, “enamorado”, “cautivo de amor”, sea varón o mujer; y es que en nuestra cultura solo puede existir esta esclavitud[2], “voluntaria”, forzosa, irrenunciable; o como añade Lira: “Wáylla t’ika yanas-challay”, que significa: “mi negrita linda, flor de la pradera”.  Y aquí esta lo “mágico” del runa simi y lo poético[3] de nuestra cultura, YANAN significa, según el mismo diccionario: Sustancia, esencia, extracto puro, flor de la harina. Es decir, lo complementario de YANA, es YANAN, que significa lo“blanco-puro”, el significado opuesto a “la otra sustancia” que es lo negro, algo correspondiente pero opuesto proporcionalmente a Yana.

Todo lo anterior, se ratifica con el significado sorprendente de YANANTIN y que es, también en el Diccionario de Jorge Lira: “ambos amantes juntos, el amante con su amada o viceversa”, dado que tiene añadido el aglutinante o sufijo TIN[4]. De aquí también surge el verbo YANAPAY, que significa: Cooperación recíproca, acción de ayudar o trabajar con otro y a sus órdenes (Lira, 1983)[5]; es decir complementando y proporcionando trabajo.  Hemos explicado también la misma “lógica andina” para el juego binario de los templos cuadrados solares y los templos circulares estelares presentes en la arqueología andina, cuyas relaciones de complementariedad y proporcionalidad, están explicadas por el “puente”, “travesaño” o “tranca”, que se establece cuando iniciamos una operación con un elemento común a ambos símbolos geométricos: El diámetro de un círculo que tiene inscrito un cuadrado y cuya diagonal coincide con el referido diámetro, operación geométrica que representa la generación de la cruz cuadrada del Tiwanaku (vulgarizada con el nombre de Chakana). Este es nuestro punto de partida para hacer un puente entre la filosofía y la geometría “cristalina” del mundo andino.  Y también esta lógica nos lleva en su desarrollo a aprender bien cada símbolo de la cultura andina, esta “lógica andina” podrá ayudarnos a “leer” los códigos de la sabiduría ancestral andina. Por ejemplo: esas grandes sierpes o amarus:  “Yakumama y Sachamama” de las que nos habla el Amauta Luis E. Valcárcel en su célebre “Etnohistoria del Perú Antiguo-UNMSM 1967”. Según este mito: “Los tres mundos –Pachas- se hallan unidos por estas dos sierpes míticas, dioses del agua y la fecundidad”, nos da una pista magistral para que aprehendamos el símbolo del agua (Yaku) como una serpiente sinuosa u ondulante (Chokora) “que da vueltas ampliando su tamaño” y que se refiere a las ondas o círculos concéntricos que aparecen en el agua cuando algo rompe la tranquilidad de su superficie

Este “símbolo” que nos regala el agua “es” el tiempo y el movimiento, nos hace literalmente “ver el tiempo” o más precisamente: la energía del tiempo, que oscila cíclicamente y que se puede sintetizar en una imagen de DOS [6] esferas concéntricas: una mínima o epicéntrica o “Ukhu Pacha”, y otra máxima o periférica o “Hanan Pacha”, pero además estas son distinguibles desde una “frontera” o “puerta” (por eso mismo el Punku Inka es trapezoidal) o esfera intermedia que surge por la oscilación de las dos anteriores[7], ésta en realidad es un ‘encuentro’ o ‘cruce’ de las anteriores, éste lugar de encuentro o TINKUY intermedio es el “aquí y ahora” o “Kay Pacha”. Pero el símbolo de la serpiente o “Chokora” solo representa al Uku-Pacha, en cambio el Hanan Pacha tiene como símbolo el Ave o Condor y el Kay-Pacha esta simbolizado por el felino o Puma, estos tres animales simbólicos representan la complejidad de la organización política de la confederación Inka que la explicaremos en otro artículo.

El diámetro del círculo es el único elemento lineal con el que se puede medir a sí mismo y “parear” exactamente el símbolo entregándonos el lado de un cuadrado, que es el primer polígono paralelepípedo que circunscribe a nuestro círculo original. Ahora que ya sabemos que el cuadrado es el otro símbolo, lo cual coincide con la simbología de los templos de la isla de Amantani (en el lago Titicaca) o “Pachatata”, que complementa al templo circular o “Pachamama”, tal como hemos argumentado en el libro ”Qhapaq Ñan, la ruta Inka de sabiduría”. Con estos elementos ya podemos reconocer el significado de Ch’ekkalluwa o “el camino de la verdad” o de la vida, y su relación con el ángulo de giro del eje de la tierra o “I”, (que según algunos filósofos[8], es el “Dios” primordial de todas las culturas tradicionales) y que en la cultura del pueblo Puquina es el principio de la vida y de la conciencia, el generador de I-nti, I-nka e I-llapa.  Esto lo explicaremos en el último artículo de esta serie, valiéndonos de los vocablos Puquinas: “Pacha” y “Paqas”, cuyo significado es “Tiempo” y “Tierra” (Espacio) respectivamente. (Continua: EL DIOS “I” DE LOS PUQUINAS Y LOS PACHAKUTIS)

LOS PACHAS Y

LA CONCEPCIÓN ANDINA DEL TIEMPO


[1]   (Aguiló, Federico . El Idioma del Pueblo Puquina. Edit. Colección Amauta Runacunapac, Quito, 2000: 99) : Pág. 101, PAQAS, significa TIERRA, SUELO, TERRITORIO. También “La expresión catequética: Hanigo Paqas= El cielo; QaPaqas=Esta Tierra; Qato Paqas= Infierno. Y en la Pág. 99, cuando habla sobre el vocablo PACHA aclara: “Nótese que en el puquina el concepto de ‘pacha’ es solamente temporal, sin referencia directa a la ‘tierra’ como divinidad agrícola ni como coordenada espacial, que ya tiene su propio vocablo”.

[2]   Resulta una coincidencia privilegiada el que los esclavos de procedencia africana, fueran yanas, es decir de pigmento negro. De aquí a concluir que los “yanacunas” pre-hispánicos hayan sufrido esclavitud del tipo occidental resulta verdaderamente de ignorantes.

[3] Interrogando al ex Congresista Quicaño, sobre el significado de YANA, congresista indígena que consiguió la creación de la Comisión de Asuntos Indígenas en el Congreso de la República del Perú, me explicaba así: “Yana, es mi niña, lo negrito de mis ojos, con lo que miro, sin la cual ya no puedo ver, a través de la cual yo veo y soy consciente de que existo”.

[4] Dejamos para los filólogos del runa simi el análisis de los términos “tawa-n-tin”, “llapa-n-tin”, “hina-n-tin”, “pura-n-tin, etc, cuyos significados de cada uno abundan en contenido de lo que hemos definido como el principio de la unión de los opuestos complementarios y proporcionales. Pero ojo, decimos UNION, no UNIDAD.

[5] Lira, A. Jorge; Diccionario Kkechuwa-Español. 2da Edición. Cuadernos Culturales Andinos N° 5 , Bogotá, 1982.

[6]  En este artículo aclaro que la dinámica de los Pachas es específicamente de DOS PACHAS, y que en su oscilación y encuentro o TINKUY producen el  KAY-PACHA , que representa el principio de la IMPARIDAD o mejor, la “transitoriedad del tiempo”  o de la existencia.  Lamento que por no haber aclarado suficientemente esta dinámica en el libro “Qhapaq Ñan…”, se hayan producido inútiles debates sobre “la necesidad” de la existencia de “un cuarto” Pacha. Sin embargo, aquí no he modificado absolutamente ninguna idea.  Igualmente lamento que la metáfora y dibujo del anécdota del “la piedra en el estanque” –que aquí reproduzco-, haya ubicado a algunos críticos en “un plano horizontal” o un “plano vertical”  y no hayan podido “ver”  o pensar en imágenes espaciales o esféricas; para evitar estos “desbordes” esta vez he insertado un último dibujo (tajada de melón) que puede ayudar a “imaginar” mucho mejor la dinámica de los Pachas y en donde se puede mejorar también la idea andina de los “dos infinitos” cuyos inicios “para adentro” y “para afuera” están en el Kay Pacha.  La filosofía occidental fiel a su monomanía solo puede conceptuar  “un solo infinito”.

[7]  Tal como parece intuir Laura Laurencich Minelli en sus artículos sobre los Documentos Secretos de los Jesuitas (2003 Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid), dice: … un continuo devenir de dioses ya sea expansivo ya sea contractivo que, en el mundo andino, podemos afirmar que procede circularmente (como indica la concepción cíclica del tiempo) y desde adelante hacia atrás como un tornillo sin fin (como resulta por la palabra nawpapacha=tiempo adelante=futuro)..  Y tambiénEs una lógica que expresa un continuo devenir ya sea expansivo ya sea contractivo y que procede circularmente como un tornillo sin fin: es decir es un movimiento, un devenir y una interacción de los dioses que plantea la posibilidad que esta sea la lógica que caracteriza la era cosmogónica en la cual los Aztecas decían vivir, la era hollín,, la era movimiento.

[8]  Guenón,  René; «La Aventura Interior», Edit. Obelisco, BBAA,1993

Qhapaq Ñan: The Inka Path of Wisdom by Javier Lajo. José Mendívil Nina

Javier Lajo  ha tenido la amabilidad de compartir  la introduccion a la edicion en ingles de su libro Qhapaq Nan : la ruta inka de la sabiduria por José Mendívil Nina. Extraordinaria y bella resena de un libro fundamental para la independizacion del pensamiento  andino frente a la  vertiente occidental, que desde  Parmenides  ha ido equivoco tras equivoco.  Esta resena presenta  al lector de forma  clara las ideas centrales  expuestas  por Javier Lajo en torno a conceptos   como el pensamiento paritario, y sirven de guia de lectura  a un texto clave para cimentar claridad filosofica del kahaq nan como ruta de la sabiduria y camino de los justos. Sera necesario  vover a esta resena  y al libro una y otra vez.

Qhapaq Ñan: The Inka Path of Wisdom Javier Lajo, 2007

First Edition in English
Amaru Runa-CENES, Lima, June 22, 2007

PRÓLOGO (A la Edición en Inglés)

Por: José Mendívil Nina

LOS QUE NO PUEDAN ENTENDER MORIRÁN, AQUELLOS QUE ENTIENDAN VIVIRÁN…

Este es un libro cuya intencionalidad aparentemente pasadista no debe confundirnos. Al hablarnos de la cultura y el pensamiento andino quiere que acontezca ésta y sus pueblos en un tiempo en que el derrotado no es, ni ha sido un vencido. Su propósito es trastornar nuestra subjetividad emancipándola, liberándola de la influencia de valoraciones negativas y positivas con las que se ha reducido lo andino al lugar de lo vetusto y estropeado, de lo arcaico, y se ha preferido la dominación de lo ajeno y extraño sobre lo propio y genuino.

Es bastante difícil tratar de encontrarle antecedentes que se inscriban en el sentido de sus reflexiones. Lo que es evidente es que desde fuera del mundo andino muy pocos escritores peruanos han insinuado la importancia que la cultura andina tiene en la solución de antiguos problemas estructurales de la nación y la identidad de los peruanos. Pero en sus simpatías, no dejan de expresar prejuicios y dudas propias de su afinidad con occidente. El Qhapaq Ñan no duda, irrumpe con actualidad ocupando el lugar de libros como Perú: problema y posibilidad, de Jorge Basadre, Buscando un inca: Identidad y utopía en los andes, de Alberto Flores Galindo, o El nacimiento de una utopía, de Manuel Burga. Y más aún, nos hace sentir el vacío que deja J.C. Mariategui en sus «Siete Ensayos» sobre ¿Qué es el indio?, ¿Qué es su cultura?, ¿Es solo ‘un problema’?.

Perú: problema y posibilidad, sirvió para que nos diéramos cuenta de los límites del indigenismo, que al reivindicar al indio no podía prever que su verdadera liberación del colonialismo interno que lo oprime no sería posible sin una comprensión cabal de la cultura andina. Buscando un inca, y El nacimiento de una utopía, se proponen librarnos de la influencia del indigenismo y admiten que aún no pueden darnos definiciones de lo que es lo andino y la cultura andina, tan importante como la griega y romana por sus aportes a la civilización humana. El propósito de Flores Galindo, no es el que anuncia su libro en el título, ya que como afirma, no está a la búsqueda de un Inka, sino más bien, su intento intelectual es abrir, a partir de una revaloración de la utopía andina, el imaginario nacional hacia un orden diferente, imaginario que motive el acontecimiento de la nación peruana y de su identidad, en un orden que distinguiéndose del occidental europeo o norteamericano sirva a la realización de la peruanidad, a la utopía de lo propio, o lo que es lo mismo, a nuestra propia modernidad liberada de la negación de lo andino.

Manuscript from the Chilam Balam

Son libros de una subjetividad ambigua que oscila entre la lealtad a lo occidental y su simpatía por lo andino, pero que muestran el acontecimiento insurgente de lo andino desde Juan Santos Atahualpa y Tupac Amaru, hasta José María Arguedas; que en forma subrepticia proponen deshacernos de los falsos ídolos del criollismo, sobre todo de su más vetusto, aquel que predicara la integración, civilización o ‘inclusión’ del indio reivindicado. Desplazan del centro del imaginario nacional el ideal criollo y limeño de la República sin indios o con menos indios. Logran colocar en el centro de la nación y la identidad a lo andino, haciendo una pregunta a todos los peruanos, ¿qué es lo andino? No tienen respuestas, saben que éstas no están en la historiografía ni en la antropología, que ellos no tienen las respuestas, que éstas vendrán desde lo genuinamente andino.

El Qhapaq Ñan, es un libro con respuestas coherentes y sistemáticas a esta pregunta, es un libro puente que se escribe desde el mundo andino y no desde el lugar que hasta ahora han preferido espíritus esencializados, escindidos o ambiguos; que nos propone lograr un espacio común o de ‘encuentro’, el del Tinkuy andino, de beneficios mutuos para lo que tenemos de andinos y occidentales. Nos sugiere rehacer nuestra subjetividad para terminar con la ambigüedad que la pervierte, y también despojarnos de la influencia de esa gran mentira que nos hizo creer que también nosotros seríamos occidentales y no andinos.

Desarrolla una crítica inesperada y suscinta, pero radical de la filosofía occidental, tanto de su sentido manifiesto como de su sin-sentido oculto. Aprovecha la oportunidad que nos da la incertidumbre de la modernidad radicalizada por Habermas, Ralws o Sen, y el desencanto posmoderno de la sociedad occidental que se cubre la piel y el rostro con encantamientos y fábulas sobre la diferencia siguiendo las ideas de Lyotard, Vattimo o Zizek. Al hablarnos de las formas del pensamiento andino actúa como si quisiera engatuzarnos, y como si al mostrar las formas del pensamiento andino recurriendo a formas culturales puras como son la paridad complementaria o Yanantin, la confrontación proporcional o Tinkuy, la vincularidad o cosmovisión andina de la Tawa-Chacana, y el vínculo o soporte de la existencia o Pachatússan, aconteciera otra vez el pasado, y no aconteciera lo andino en el presente en lo que bautiza como el pensamiento paritario.

Muestra las armas de los Qhapaq Kuna, de la ‘escuela andina’, de la estirpe pre-inka de los justos y sabios, de los correctos, virtuosos y nobles; y en sus ecos que resuenan llegan hasta nosotros provocando el retorno casi inexorable de la voluntad del hombre andino que supo aguardar y esperar a través de tiempo, estas armas del saber de los Amautas que conocían el secreto de la vida, del caminar con rectitud –algo tan opuesto y contrastado con lo que pasa hoy en día con nuestros gobernantes- por la línea de la verdad con la que se logra el ‘equilibrio h’ampi’ y su conservación; la sabiduría de los runas de la cultura andina que sabían como ‘amarrar’ el ángulo de incidencia del sol sobre la tierra, amarrar al astro Sol a la línea que guarda y potencia la vida sobre el planeta.

El arcaísmo de sus imágenes tiene el propósito de darnos una comprensión más cabal de la cultura andina y de lo que llama el pensamiento paritario, para diferenciarlo del logos occidental. La iconografía andina del libro secuestra nuestra mirada, altera nuestras percepciones recobrando en ellas nuestra intimidad con lo pre-inka e Inka. Traen consigo una presencia subvertidora de nuestra autoconciencia, una presencia que creímos muerta, sumisa, e inerte como sus restos puestos en museos cual muestras de un pasado glorioso pero relegado y satisfactorio sólo a la mirada ajena. Iconografía que incita el acontecimiento de una cultura que no ha agotado su vitalidad para desplazarse en la nación desde el origen de sus diferencias culturales.

Alteran nuestra subjetividad desde el lugar de la sabiduría y las lenguas de los antiguos pueblos andinos Puquinas, Quechuas y Aymaras, alarifes del Qhapaq Ñan, nombre y camino mitológico que tiene un significado alegórico que habla de lo que es sustancial en el imaginario de ésta nuestra cultura que no ha dejado de sernos contemporánea, y que en su trato cotidiano y existencial con sus orígenes conserva el poder de anunciarnos un presente diferente en el que acontezcan lo andino y lo occidental en el concierto de un ‘nuevo orden andino’.

Su nombre anuncia que los Amaro Runa, el mito de los hombres-anaconda en el imaginario de los pueblos Quichwas del Putumayo, han vuelto para recorrer la ruta de la sabiduría andina y el re-conocimiento del estado de situación del equilibrio H’ampi del mundo, que en el epígrafe que va unido al nombre del libro, tiene la intención de diseminar la distinción de una civilización sabia y justa, capaz de ofrecer un orden distinto al de la civilización occidental que vivimos con angustia e incertidumbre. Tiene el poder de la antigua simbología andina en la presencia esperanzadora del ídolo de Illawi altiplánico, que es el mismo ícono del Pachacamac costeño, «ídolos» que simbolizan la singularidad de ésta cultura, de sus orígenes en el par de entes o seres complementarios que acontecen en la peculiaridad de su paridad reproductiva de la vida humana y la naturaleza, en el acaecer del acto de parir continuamente la vida.

Nos dice que el ser andino es el par humano, el de la paridad existencial, en el existir de un ser no escindido o proclive a dejarse someter por angustias existenciales que son propias de la modernidad occidental; paridad que pare la vida ‘amarrada’ o ‘atada’ por sierpes mitológicas que envuelven en actitud protectora al par existencial sumido en el éxtasis de su unión, que abrigan a la pareja mitológica en la escena del origen de la vida y la cultura, en el acontecimiento del animar la vida, dar y reproducirla; pareja que en el acto continuo de la reproducción de la vida, desde el lugar absoluto de los orígenes, el de su cultura, nos miran con ojos vueltos hacia nosotros y que nos incitan a interiorizar su contemplación, a compartir el disfrute del éxtasis completo de la vida, trastocando antes nuestra subjetividad acostumbrada a mirar con desdén el pasado andino, alterando también nuestra percepción de lo andino, como si la mirada que mira desde el pasado sin querer agobiarnos nos agobiara, y como si en este mirarnos todos no existiera ni tiempo ni espacio para los espíritus negativos, para el dolor, la muerte y la pesadumbre, ya que esos ojos son nuestros ojos, los ojos de una mirada diferente si se da sólo desde el lugar de la unión del par original, origen que es común en todos los mitos culturales.

Esta mirada exterioriza asombro por el acto en sí mismo, que es placentero por el vuelo de la pareja mitológica que va procreando vida por el mundo, con sierpes que parecen salir de la cabeza del hombre, y confundir las alas del cóndor con el cabello de la mujer que está sentada y con sus manos entre las del hombre, simbolizando así el acto creador de la cultura desde el mismo centro de la vida y la naturaleza, lugar que elige la cultura andina que tiene como su único límite la mirada placentera de sus orígenes, el de nuestra mirada.

El pensamiento paritario o pensamiento ‘qhapaq’ irrumpe de esta forma superando el lugar impuesto por su vulgarización provocada sobre todo por la antropología y la etnografía, que al estudiar al hombre andino en su habitat consideraron como su distintivo cultural a su racionalidad en el buen uso de los recursos de la naturaleza. ¿Qué es el pensamiento paritario andino?, y que retorna desde sus orígenes culturales rodeándose de la vistosidad textual de vocablos como Yanantinkuy, Tawaphaqa, Pachatussán, Ch’ekkalluwa, Illawi y Pachakamac que como fantasmas llegan para re-posesionarse y

ocupar el lugar que les corresponde, que insinúan una superioridad existencial o de vida ante el sujeto baconiano, el moderno sujeto escindido entre la res cogitans y la res extensa, sujeto separado del mundo que se ha hecho espectral y que para sobrevivir sabe que debe volverse y mirar a la tierra a través de la mirada del hombre andino, del mitológico y el actual para salvarse y salvar su civilización de la catástrofe climática que ha sido anunciada y que tocará a nuestra puerta cuando la muerte se enseñoree antes de que el hombre instrumental quiera, pueda y logre abandonar los honores y el prestigio señorial de la vieja y cansada razón matemática y la esclerotizada racionalidad moderna. Las ideas posmodernas parecen inútiles por lo efímero del acontecer pervertido de las diferencias no libradas del dominio de lo uno, ahora soberbio en lo más desarrollado de la economía, cultura y tecnología, es decir, en un acontecer sin fines ciertos y que en cierta forma son la otra cara de las anti-utopías literarias y cinematográficas que van desde la visión espectral de la ciencia que nos provocó el monstruo de Mary Shelly hasta la pesadilla cibernética de «Matrix», que representa la pérdida del cuerpo humano en la red implacable de la tecnología.

Qué disputa es ésta entre lo uno y lo par que retorna con el Qhapaq Ñan? Es la de un antiguo problema filosófico iniciado por los griegos, y que ha cobrado actualidad, tanto en la política, como en la cultura y la filosofía. Trasciende al problema parmenideano de lo uno y lo múltiple, al platonismo y neoplatonismo prisioneros de los universales permanentes, al aristotelismo de las diferencias por naturaleza que distinguen a los privilegiados ciudadanos de los bárbaros. La idea de la paridad complementaria y proporcional del Yanan-tinkuy marcada sobre el territorio del Qhapaq Ñan y sus templos milenarios, sobre casi todo el hemisferio sur, nos ofrece una posibilidad distinta de pensarnos y sobre todo de actuar, no ya en las esencialidades o las sustancias del ser o de la metafísica, que llevarían a las aporías insalvables de la filosofía occidental respecto a la existencia y sus diferencias, el porvenir de la sociedad y la utilidad del humanismo, y que por las ramas no encuentran salida en la racionalidad comunicativa, en la filosofía de la interculturalidad, y en la estética disoluta y desfachatada de las diferencias libradas del panóptico y sanatorios para los no normalizados, los dementes, iconoclastas y espíritus libérrimos, que parece ser la senda incierta de los implacables autocríticos de lo uno y de la razón absoluta, que encuentran en Nietzche, la fuente de agua turbia para beber. El Qhapaq Ñan como escuela andina, cuestiona así, las bases mismas de la filosofía griega y occidental, ofreciéndonos una alternativa felizmente nuestra.

Las ideas del yo y su alter aparecen subvertidas en la idea de que lo humano funciona, es decir, asegura satisfacción en su paridad representada por el ídolo de Illawi, que simboliza el par absoluto funcional sólo en sí mismo, ídolo que simbólicamente nos estaría diciendo que todo funciona en su complementariedad, y no en relaciones de distinción de lo uno que se identifica con la razón y la verdad, con el logos y el eidos y la simulación, y lo otro, que se iguala a lo mítico y a la visión cosmogónica del mundo y la vida. Illawi es una manifestación cultural abierta en su totalidad, mientras que el hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci, que simboliza el canon de las proporciones, que gana el centro de la vida y su acontecer en el renacimiento, extraviando a la mujer que parece estar negada detrás del hombre dueño del todo, incluso de aquella, que solo puede intentar aparecer oculta en la frondosa melena, o en los brazos alzados y piernas abiertas, con los

que pretende ocupar todo el plano de la existencia, imagen que expresa la influencia judeo- cristiana que pone en duda el par complementario, al haber expulsado a Adan y –por culpa de- Eva del paraíso.

Mientras que la modernidad acusando los olvidos voluntarios de la razón que niega lo que no comprende busca salvar sus impases reconociendo valores en los otros, el Qhapaq Ñan nos habla de la vincularidad en la juntura de obligaciones mutuas del ‘yanapakuy’ quechua, de la cooperación recíproca, de la acción de ayudar y trabajar con otro y a sus ordenes. La vincularidad de la Tawa-Chacana no es una idea, pre-existe a toda relación humana, es su forma obligatoria de existencia y con-vivencia de los humanos con la naturaleza.

La proporcionalidad que crea la congruencia o el equilibrio de los pares o ‘Pachatussan’ de la vida, también pre-existe al bien y la realidad, porque implica una con- vivencia-con, o uso siempre óptimo de la naturaleza, y niega, rechazando su dominación, su servilismo, es decir, existimos subsidiarios al orden del mundo, para corregir desordenes climáticos provocados por la misma cultura del hombre, para corregir lo que hacemos y evitar que el mundo sufra una inversión total de su equilibrio cuando llegue el tiempo del Pachakuti, para que éste no destruya la vida y sobrevenga la inexorable fatalidad que ya nos amenaza ahora; si acaso occidente no frena la polución, el calentamiento global y los excesos de la sociedad de consumo.

En la idea de ‘la proporcionalidad’ o del Tinkuy entre una cosa y ‘su par’, entre lo uno y lo otro, y en su pluralidad o multiplicidad, no hay oposición o contradicción, pre- existe la proporcionalidad que permite mantener el equilibrio de las partes en su multiplicidad y de lo uno y lo plural con el mundo y la vida.

Somos así puestos astutamente ante el acontecimiento genuino de nuestros orígenes culturales, que en ausencia de ellos, creímos que podríamos ser occidentales con toda la plenitud evitando la angustia que nos provocaba el negar nuestra parte andina. Insatisfechos con lo que hemos hecho y somos, reclamamos el retorno a nuestras raíces para ser algo más definido y menos incierto, y sin encontrar respuestas hemos preguntado ¿qué es la cultura andina? ¿qué es lo andino?, queriendo ponerle fin a nuestras carencias culturales para imaginarnos como peruanos; y ahora que las explicaciones que nos dimos nos resultan ya inútiles, aparece el Qhapaq Ñan dando las respuestas a preguntas que no supimos o no pudimos responder.

Estamos así pues enfrentados y expuestos a la astucia de los zorros andinos que alegres, retornan de vuelta cruzando por el «Pacha-Chaka» de los Ríos Profundos venciendo la muerte de nuestra cultura originaria, regresan para hablarnos de sus formas existenciales de comprender la vida y el cosmos. Traen del mas allá, del Anti, del mundo andino respuestas para las preguntas que nos hemos hecho sin saber responderlas. Estamos pues ante la magia de los zorros de arriba, los de la sierra, los zorros de los Antis.

José Mendívil Nina