Adios Pueblo de Ayacucho. Nilo Tomaylla

Cuando doblen las campanas no me digas quién ha muerto. Sabrás cuando te haga falta una prenda de tu pecho. (huayno huamanguino)
Sabemos hoy por quién tañen las campanas de Huamanga. Se apagó la imagen y el sonido de una parte del Perú. Doctor Raúl García Zarate, sabemos cuánta falta nos harás.
La primera vez que estreché sus manos, fui cuando fuimos a recibirlo en la estación de trenes de Cornavin en Ginebra, de eso hace tres décadas. Fui junto con Hugo Manrique Gálvez, huancavelicano, amigo en común. Le presentamos en la TV Suiza francesa y su primer concierto cautivó los corazones de un público venido de todos los horizontes, en el teatro del CERN. Después retornaría tres veces más a esta ciudad y al umbral de mi humilde casa.
Su grandeza lo hallé en un gesto. Una mañana tuvo un pequeño dolor en el oído y fuimos a la clínica, en la recepción nos pide entre sus datos su fecha de nacimiento y él dice 12 de diciembre, María José, quién le acompañaba exclama : Pero, doctor su cumpleaños es hoy día. I no nos había dicho nada. Aquella vez estuvo también Antonieta su encantadora esposa.
Nuestras conversaciones, más bien chanzas, como llamamos en la sierra, eran más íntimas en quechua que en español. Dios mío ese humor ayacuchano, único como la manera de tocar la guitarra.
Por entonces, como yo comenzaba a trabajar en un banco inglés, invité a algunos colegas para hacer conocer de qué palo estaba hecha la cultura peruana. Estuvieron encandilados al escuchar aquella guitarra que evocaba nostalgia y elegancia. Música que por primera vez se acuchaba por estos parajes. El huayno con García Zárate había hecho su entrada en los escenarios internacionales. Conversando con el joven músico Federico Tarazona, decíamos que el doctor García Zárate amplió las dimensiones del corpus clásico de la música andina con un preludio y un colofón; aparte del bordón inconfundible de sus canciones.
La última vez que nos vimos también fue aquí al borde del lago Leman. Estaba acompañado de Carlín, su hijo. Esta vez con Cloris Tapia y Marco Huamán Mendieta, paisano suyo, levantando nuestros sombreros le dijimos ¡Adiós Doctor Raúl García Zárate! ¡Cuándo nos volveremos a ver! Quién sabe si oyó nuestros adioses que el viento se llevaba a medida que el tren se alejaba. Eso sería la última vez de nuestro encuentro. De esto hace diez años y parece que todo fuera ayer.
Los ecos del Adiós Pueblo de Ayacucho seguirán retumbando hoy día y siempre en mi corazón!
NT/Ginebra 30 noviembre 2017.

EL DOCTOR DE LA GUITARRA ANDINA. Mario Cerron Fetta

Mario Cerrón  Fetta incansable  cultor y promotor de la música peruana, cuyo canal Aviruka en you tube es quizás el archivo musical  e histórico mas importante, y que temporalmente acaba de cerrar radio Inkarri en línea -esperamos que no por mucho- comparte con nosotros un documental sobre Raúl García Zarate, “el Doctor de la guitarra andina” que pese tener varios  problemas técnicos es un documento valiosísimo. Apreciamos también la mención a Theo Arroyo, amigo de la música y la poesía como pocos.

EL DOCTOR DE LA GUITARRA ANDINA

No recuerdo en que año conocí al maestro Raúl García Zárate. Había escuchado sus grabaciones y siempre me pareció increíble, genial y todos los calificativos que acertadamente se merece. Lo que si recuerdo es dónde. Mi encuentro real con la guitarra ayacuchana llegó a través de un amigo de trabajo: Jorge “Koki” Límaco Barnett, cuyo padre Don Alejandro Límaco Tupia era un gran músico (laudista   y guitarrista), patriarca de una gran familia de 11 hijos y muchos nietos, bisnietos etc. Don Alejandro fue profesor de colegio y laudista de la Tuna Municipal de Ayacucho, donde tocaba este instrumento junto a Raúl García Zárate, por lo tanto los unía una gran amistad. “Koki” me llevó a su casa a una reunión y cultivé una gran amistad con todos ellos. Por mi afición a la música les edité un cassete, que luego se convirtió en CD de título “De Ayacucho a Lima” que fue mi primera producción musical. Conversando con Don Alejandro, quien también tocaba guitarra solista ayacuchana me enteré que el maestro Raúl iba a tocar en la municipalidad de Miraflores. Fui a verlo con doble interés, pues Don Alejandro me había prometido presentármelo. Al final del recital así lo hizo y quedé gratamente impresionado por el extraordinario arte de ese pequeño y sencillo hombre que tocaba magistralmente la guitarra. Le pregunté si daba clases y me alcanzó su tarjeta. Lo llamé y empezamos a cultivar una gran amistad que incluyó tres clases semanales durante más de cinco años. Es en el transcurrir de ese tiempo que fundamos la Asociación Peruana de la Guitarra, un 6 de febrero de 1995. En esta ocasión y muchas otras contamos con un gran amigo que siempre tengo presente en mi memoria: Theo Arroyo Morales.

Theo, extraordinario amigo y aficionado a la música me enseñó a escuchar a los grandes maestros del Jazz, género del cual era gran aficionado. Trabajábamos juntos y me conseguía libros y cassetes musicales. Un día comentamos con Don Raúl sobre un documental que yo había visto en un cine. Se trataba de “El doctor de la Guitarra Andina”, corto que se había realizado en blanco y negro, amparado en la ley de fomento al cine que existía en ese entonces. El maestro me expresó su deseo de tener esa filmación en sus manos. Desgraciadamente no tenía la menor idea de cómo empezar la búsqueda. Un día me llamó por teléfono y me da la noticia de que ha encontrado la tarjeta del director del film. Me la alcanzó y le pedí ayuda a Theo para esta búsqueda. No existían celulares ni los medios que existen hoy en día. Empezó la búsqueda llamado al tel. que indicaba la tarjeta. El número había sido cambiado. Tras mucho esfuerzo se consiguió el nuevo número, pero le dieron la noticia que el productor se había ido a vivir a la ciudad de Trujillo. Sólo quedaba enviar a Theo a Trujillo, con otro número telefónico que nos habían facilitado, ya que al llamar desde Lima no nos daban una respuesta concreta. Empeñados en nuestra tarea nuestro hombre viajó al norte. Al cabo de dos días, me llama y me informa que el productor había muerto y no se sabía el destino de esa filmación. Al regreso de nuestro amigo me encontraba profundamente desalentado. Pero Theo manteniendo el optimismo empezó a preguntar por todos lados. Yo me contagié de su entusiasmo y recomenzamos la búsqueda. Amigos, amigos de amigos, cineastas, amigos de cineastas, profesores de universidades, filmotecas etc, no se encontraba por ningún lado. Tengan en cuenta que esa época las comunicaciones eran sumamente difíciles (sólo existían los teléfonos fijos, y eran pocos los que lo tenían). Pasaron los meses y con Theo seguíamos buscando gastando tiempo y dinero. Finalmente después de 11 meses aproximadamente le dijeron que podría estar en la Universidad de Lima. Grande fue mi sorpresa cuando se apareció un día con la noticia de que se encontraba en la Filmoteca y que podían darnos una copia en cinta VHS, previo un pequeño pago. Pedí cuatro copias de la filmación, la que se encuentra en mal estado de conservación como ustedes pueden ver. Esperamos que se pueda restaurar algún día con los modernos sistemas que existen. Pero esa es otra historia, que alguien tiene que realizarla y contarla. Sólo quiero aprovechar para recordar con gran cariño a mi amigo Theo Arroyo Morales, a quien siempre llevaré en mi corazón esté donde esté por todas las cosas que pasamos juntos (que fueron muchas) hasta el día que me vaya. Ahora pueden ver esta filmación histórica rescatada del olvido.