Wiñaypacha y sus públicos. Ulises Juan Zevallos Aguilar

Los del Oscar y Goya han avanzado con Roma, pero aun les falta aprender del cine indigena, algun dia….

Wiñaypacha y sus públicos.

 

Ulises Juan Zevallos Aguilar

Chicago, Diciembre del 2018.

 

Vi la película Wiñaypacha [Eternidad] (2017) del director de cine aymara Oscar Catacora en la sala Armando Robles Godoy del Museo de la Nación, en Lima, en julio de este año. Intenté verla dos veces. Las taquillas se agotaban con horas de anticipación. El día que puede ingresar, la sala estaba repleta. Aymaras establecidos en Lima ocupaban dos terceras partes de los asientos. Ver la película se convirtió en un evento familiar para ellos. Se podía distinguir a abuelos, hijos y nietos que se comunicaban en español y aymara. Durante la proyección hubo un silencio total. Cuando terminó la gente empezó a hablar. Las familias aymaras reconocieron lugares y costumbres en la película y escucharon su propia lengua por ochenta y ocho minutos. A varios no les gustó la película por ser demasiado triste, pero jóvenes aymaras universitarios comentaban que se podía percibir su densidad cultural en los nombres de actores, topónimos y el mismo título de la película.

 

La segunda vez que vi Winãypacha fue en el Gateway Independent Film Center de la ciudad de Columbus, EEUU en el reciente octubre. Me encargaron hacer la introducción de rigor y dirigir el coloquio después de su proyección. La mayoría del público asistía al II Congreso de Lenguas y Culturas Indígenas que se llevó a cabo en el campus de la Universidad Estatal de Ohio. En mi introducción mencioné que Wiñaypacha trata sobre la vida cotidiana de una pareja de octogenarios aymaras, Willka (Sol) y Phaxi (Luna), que esperan el retorno de su único hijo Antuco. El título de la película señala que la cultura aymara supera todos los retos que le presenta el mundo actual. Hice también un resumen sobre los comentarios que realzan su calidad artística. El film no tiene el único mérito de ser la primera película de ficción en aymara. Es una opera prima minimalista que tiene conexiones con el neorrealismo italiano. Para esta escuela, lo importante era filmar una historia realista sin importar los límites de un presupuesto precario que obligaba a recurrir a la actuación de gente común y utilizar un mínimo de recursos cinematográficos. Los actores son los abuelos de Oscar Catacora, varios miembros de su equipo de producción también fueron familiares, la película está constituida por tomas de cámara fija y la mayor parte de su grabación fue hecha con luz natural. También recordé sus aprendizajes del mejor cine japonés. En varias películas de Akira Kurosawa y Yazujiro Ozu los sonidos naturales y la naturaleza misma también son personajes, exploran asuntos de familia, hay ausencia de música de fondo y las tomas son hechas con cámara fija con posiciones no convencionales.

 

El coloquio fue muy animado. Documentalistas presentes confirmaron su calidad cinematográfica. El resto de los comentarios se refirió al contenido. Entre ellos una colega coreana, un catedrático ancashino y un realizador de cine neoyorkino reconocieron que el film los había tocado personalmente. Coincidieron en apuntar que Wiñaypacha trata un problema importante de la condición humana actual. Es decir, la película representa la realidad del envejecimiento, los achaques que conlleva y la emergencia de un nuevo problema social. Debido a reformas o desaparición de sistemas de jubilación y pensiones, dobles o triples jornadas de trabajo de hijos y nietos, los ancianos son dejados a su propia suerte en todo el mundo. Añadí que la película también alude a los efectos del calentamiento global y la sobrepoblación. La vida en el campo se hace invivible para las nuevas generaciones y cada vez aparecen más pueblos fantasmas en los Andes. Los jóvenes ya no pueden practicar la agricultura y ganadería y tienen que migrar a las ciudades para conseguir trabajo.

 

Acabo de enterarme que Wiñaypacha no ha sido escogida como semifinalista por los jurados de los premios Oscar de Hollywood y Goya de España. Si bien fue propuesta a ambos concursos, la película no cumple los requisitos básicos para estos eventos. Su tema y realización son complejos, se necesita sensibilidad cultural y social para apreciarla, su historia es chocante y solo conocedores de buen cine pueden reconocer sus valores artísticos.

  III Coloquio Internacional sobre Lenguas indígenas de América. Expresiones, traducciones, recuperación y revitalización. Ulises Juan Zevallos Aguilar

Ulises Juan Zevallos Aguilar comparte una sintesis del coloquio sobre lenguas indigenas de America recientemente hecho en Cuba. Es un rastreo de la historia y las dinamicas  de la mas innovadora vanguardia literaria, en donde Juan hace notar los componentes audiovisuales que intervienen en el proceso. Cierra el articulo con una  apreciacion sobre Liberato Kani. Allinmi

III Coloquio Internacional sobre Lenguas indígenas de América. Expresiones, traducciones, recuperación y revitalización.

 

Inmediatamente después del paso del huracán Michael por La Habana se llevó a cabo el evento entre el 9 y 12 de octubre del 2018. Casa de las Américas convocó a artistas indígenas, estudiosos de lenguas y culturas indígenas, activistas de derechos lingüísticos y planificadores de políticas de recuperación y revitalización de lenguas amerindias de todas las Américas. Si bien los cuatro grupos tendían a mantener espíritus de cofradía, hubo varias oportunidades de diálogo. Para los extranjeros, la gran sorpresa fue la inauguración del simposio por una taina cubana. Idalis Ramírez Ramírez dio las palabras de bienvenida. Su hogar más 10 núcleos familiares se auto reconocen como Indios de la Ranchería de Guantánamo. En su galería de arte también se inauguró la exhibición Un mundo donde quepan muchos mundos: arte zapatista en la Casa de las Américas.

En los coloquios quedó claro que la última fase de recuperación y la revitalización de las lenguas amerindias había empezado en la producción de literaturas indígenas en los setentas. Sobre todo, cuando una mayoría de poetas amerindios decidieron escribir en sus lenguas maternas y leer sus creaciones en público estaban realizando acciones de recuperación y revitalización lingüística. En esta misma década empezaron a publicarse las primeras novelas de indígenas escritas en castellano (El tiempo principia en Xibalba, 1972, del kakchiquel Luis de Lión) y los primeros testimonios de indígenas en ediciones bilingües (Autobiografía, 1979, del quechua Gregorio Condori Mamani). Estas fueron iniciativas autogestionarias y se difundieron en ámbitos académicos principalmente. Los escritores sacaron provecho de políticas indigenistas de gobiernos reformistas o la carencia de censura al género lírico en regímenes dictatoriales. Los críticos y teóricos literarios se dieron cuenta de la emergencia de esta nueva generación de escritores. Empezaron a reflexionar sobre los límites del indigenismo, poesía cantada y temas de autorrepresentación. Así se empezó a hablar de la existencia de literaturas quechua, aymara, maya, quiché, guaraní como sistemas subordinados. En los años ochenta, aparte de una abundante publicación de poemarios (Pukutay, 1982, de Eduardo Ninamango; Arcilla, 1988, de Dida Aguirre) libros de cuentos y testimonios, en ediciones bilingües, se imprimieron antologías y compilaciones por organismos e instituciones gubernamentales (Biblioteca Ayacucho) y sale a la venta el poemario exclusivamente en kichua Mutsuktsurini (1988) de Ariruma Kowi. Sin embargo, la recuperación y revitalización se realizó mayormente con medios audiovisuales. El acceso de indígenas a grabadoras de casetes y de videos hicieron posible la grabación de su música y bailes acompañados por sus cantos. La producción y circulación de nuevas plataformas audiovisuales opacaron a la producción de libros. Eran más baratos y accesibles en países con altas tasas de analfabetismo.

Recién en los noventa, gracias a políticas culturales y educativas de gobiernos neoliberales que promovían el multiculturalismo, es que se da un incremento de los estudios lingüísticos de lenguas indígenas y aparecen los planificadores que se preocupan por su recuperación y revitalización. Las invenciones de la tecnología digital estimularon muchas más iniciativas autogestionarias audiovisuales. La producción de libros convencionales de literaturas indígenas se mantuvo y aparecieron las primeras novelas bilingües (La otra cara, 1992, del Q’anjob’al Gaspar Pedro González). Las instituciones dedicadas a los estudios literarios rechazaron en un principio a los estudios culturales que trataban de dar cuenta de los desafíos que planteaba la producción audio visual. Al final terminaron aceptándolo, a veces a regañadientes. Las nuevas generaciones de estudiantes con otros alfabetismos, faltas de comprensión lectora y su preferencia de producir artefactos culturales de manera audiovisual los obligaron a llevar a cabo reformas curriculares y renovaciones metodológicas y teóricas. Recién en el siglo XXI ocurre una recuperación del libro de papel que mantiene su prestigio como instrumento de consagración artística e intelectual. Las innovaciones en la tecnología de impresión y el diseño gráfico hacen que se haga más barato y accesible. Algunas editoriales han aprovechado la modalidad de publicación en línea. Se fundan editoriales con colecciones dedicadas a literaturas amerindias (Pakarina Editores en Lima, Pluralia en Ciudad de México), se siguen publicando novelas indígenas en castellano (Cherrufe. La bola de fuego (novela mapuche), 2008, de Ruth M. Fuentealba Millaguir) y salió a la luz la primera novela en quechua sin traducción a lenguas europeas (Aqupampa, 2016, de Pablo Landeo Muñoz). Sin embargo, no puede competir con la ola de documentales y cine indígena. De muchas películas de primera calidad recuerdo las conversaciones sobre Killa (2017) del kichua Alberto Muenala y el largometraje e Wiñaypacha (2017) del aymara Oscar Catacora.

Casa de las Américas concibió el evento desde una perspectiva hemisférica, multimedial e intergeneracional. Es decir, fueron convocados expertos de todas la Américas, desde Canadá hasta Chile, de por lo menos tres generaciones. Lorna Wanosts’a7 Williams, profesora retirada de la Universidad de Victoria-Canadá y Luis Enrique López-Hurtado, EDUVIDA-Guatemala leyeron ponencias en sesiones plenarias. Luego estuvimos colegas de mi generación y una nueva generación que aseguran el futuro de muchas iniciativas. Hubo ponencias sobre mantenimiento, recuperación y revitalización de las lenguas aymara, las variaciones del quechua, mapuche, lenguas amerindias de Centro América, México, EEUU y Canadá e indigenismos. Aparte de hablar de la creación de alfabetos y métodos de enseñanza de lenguas hubo presentaciones sobre las contribuciones del cine, video, música, danza e historietas como materiales de educación intercultural efectivos. En este sentido, se satisfizo la campaña “no al letrismo” de activistas de derechos lingüísticos. En su cruzada insisten que la recuperación y la revitalización deje de privilegiar la creación de alfabetos y su escritura. Para ellos, los pueblos amerindios, a través de otras formas de escritura y manifestaciones culturales, mantienen y defienden sus lenguas y culturas.

La convocatoria de participantes de todas las Américas planteó un serio desafío de interpretación y traducción a Casa de las Américas. La mayoría eran bilingües en una lengua amerindia y español, francés e inglés. Los organizadores, con el asesoramiento y entrenamiento de traductores de parte del colectivo Antena de Los Angeles, escogieron como linguas francas a las tres lenguas europeas. Al igual que en las Naciones Unidas, los traductores de Casa de las Américas traducían simultáneamente las ponencias y las transmitían por audífonos a los participantes. Si la ponencia era en español se traducía al francés e inglés a los que no sabían la lengua del Quijote.

Liberato Kani, el rapero quechua peruano, cerró el evento con un concierto al que invitó a sus pares cubanos. Su discurso y las letras de sus canciones en quechua abogan por su mantenimiento y difusión. Su lema es “Quechua en resistencia”. La vida de Liberato es ejemplar. Nació y fue criado en castellano por padres bilingües en Lima. Recuperó el quechua a los nueve años cuando su padre quedó viudo y mandó al huérfano a Umamarca, Apurímac para que lo criara su abuela. Después de superar varios desafíos, Liberato aprendió el quechua para sobrevivir y luego desarrolló amor y respeto por la cultura andina en dos años de residencia. Después de cantar rap en castellano se convirtió en un activista de la revitalización del runasimi a los 18 años. Escogió el baile y la música como herramientas para realizar su campaña. Tomar esta decision no fue difícil. El nació en una familia de artistas. Sus padres y parientes son cantantes y bailarines de música regional. Liberato es hijo del “Picaflor de Umamarca”. Aparte de interpretar rap con letras en quechua sabe cantar y bailar huayno, toriles y huaylías. Su viaje a La Habana inició una gira artística internacional. Fue invitado a cantar en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile el 28 y 30 de octubre. Entre el 5 y 12 de noviembre está haciendo varias presentaciones en un circuito alternativo de música de Madrid. El 16 de noviembre cantará en la ciudad de Nueva York, el 17 tendrá lugar su última presentación internacional del 2018, en Filadelfia, EEUU.

 

Ulises Juan Zevallos Aguilar.

 

Apumayta. Ulises Juan Zevallos-Aguilar

Ulises comparte  una version corregida de un texto que leyo Native American Studies, Hemispheric Conference, University of California, Davis, May 13, 2008. Al traducirlo Stevano Varese se mataba de risa y descubrimos la vena narrativa de Juan.

Apumayta

 

Escena 1, Cusco, 1976.

 

Estoy terminando la escuela secundaria en la GUE Inca Garcilaso de la Vega. Hay un muchacho que es muy distinto al resto de nosotros. Su apellido es Apumayta y soy el único que le cae bien en la clase. A mí me parece un tipo interesante. Los demás estudiantes lo ignoran o lo desprecian. Dicen que anda con hippies. La única norma obligatoria de nuestro colegio es vestirse con el uniforme único que consiste en una chompa con cuello v y pantalones plomos más una camisa blanca. Apumayta lo lleva pero le ha hecho algunas modificaciones. El pantalón tiene las botas exageradamente campanas, lleva zapatos de plataforma y la camisa tiene el cuello bien largo. Cuando hace calor se quita el suéter, lleva adentro un chalequito de Pisaq, un collar con amuletos y huayruros. Su piel es cetrina, su pelo es rizado y medianamente largo con el que hace una cola de caballo. Nuestro colegio no es tan estricto como el de Ciencias. Los auxiliares permiten algunas libertades en el vestir y en corte de pelo. Apumayta es conocido por que falta mucho al colegio.

 

Apumayta es un tipo inteligente y desinhibido. Me pide prestado los cuadernos para igualarse. Los otros compañeros tienen mejores apuntes y están más al día pero no tiene acceso a ellos. Lo rechazan por su modo de vida. Nos llevamos bien porque ambos detestamos el colegio, pero tenemos una actitud diferente frente a él. Nunca me explica porqué no le gusta atender a clases. Para mí la mayoría de los cursos me parecen aburridos. Los jóvenes profesores que forman parte del maoísta Sindicato Único de Maestros, que comparten su tiempo entre la enseñanza y sus estudios de derecho o ingeniería en la universidad, improvisan sus clases, sin talento, todo el tiempo. La verdad que yo preferiría leer libros, los suplementos culturales y revistas de actualidad en mi casa o la biblioteca municipal. Los únicos cursos que me gustan son química, física y religión. Me agrada química porque el profesor Montesinos es colega de mi madre que también es maestra de química en la Gran Unidad Escolar de mujeres y se esmera en preparar sus clases porque teme que yo haga malos comentarios sobre ellas. Me encanta la ciencia que estudia las propiedades de la materia y la energía porque me ayuda a entender varias inquietudes. El profesor de física estudia ingeniería eléctrica en la universidad. Tengo la impresión que nos repite las clases que le enseñan y nos da ejercicios que él no puede resolver. Me hacen sentir vivo los retos mentales y junto a otros estudiantes a veces solucionamos los problemas que seguramente le dan sus catedráticos. No me felicita pero me mira de reojo cuando doy la respuesta a los ejercicios más difíciles de la tarea. Lo que no sabe es que algunos los resolví con la ayuda de mi tía Esther que es profesora de física en el mismo colegio donde enseña mi mamá. Disfruto el curso de religión porque el cura Galdo nos enseña la teoría de la evolución y clases de biología que enfatizan los temas de fertilidad y fecundación. Me doy cuenta que las lecciones del sacerdote jesuita tienen dos propósitos. El primero es que practiquemos la abstinencia hasta completar nuestros estudios en la universidad. El segundo es darnos explicaciones científicas para demostrarnos que tienen fisuras y contradicciones. Luego introduce el tema de dios diciéndonos que está por encima de todo conocimiento posible. Sus clases son un incentivo para leer y debatir. Yo intervengo mucho en su clase. Soy uno de los pocos afortunados que tiene una colección sobre ciencia de la revista Life que se ha convertido en mi fuente de información para discutirle. El cura Galdo me cae bien. Yo ya lo conocía antes de que fuera mi profesor. Vive en mi barrio y es muy cortés con todos sus vecinos. Reside a dos cuadras de mi casa. Varias veces cuando corro, a las 7 de la mañana, para comprar pan huaro recién horneado en los kioskos cercanos a la universidad, me ha causado sorpresa ver salir a jóvenes de su morada a esa hora del día. Solo una vez vi a un estudiante de quinto de secundaria de mi colegio.

 

Varios de mis compañeros de clase le tienen animadversión. Especulan que enseña temas científicos con otro propósito. Dicen que las lecciones de biología relacionadas a la fertilidad y fecundación son un pretexto para seducir a sus preferidos. Yo no entiendo bien la correlación. No me interesa la presunta homosexualidad del cura. Claramente, yo no soy uno de sus preferidos. Se fastidia cuando lo contradigo en clase.

 

Volviendo a Apumayta, a él le encanta también la clase de religión. Nunca falta el único día en el que el cura Galdo enseña por dos horas consecutivas su curso. Apumayta sazona sus intervenciones con puntos de vista del budismo Zen, habla de Hare Krisna y a él por primera vez lo escuché hablar de Herbert Marcuse. Luego que salimos de las clases de religión le pregunto de dónde saca la información y le pido intercambiar documentos. No le pido libros prestados porque en mi país se considera un tonto al que presta libros y más tonto al que los devuelve. El siempre se va por la tangente para no darme sus fuentes de información. La única vez que me dio algo escrito fueron panfletos de los Hare Krisna, pero no me llaman la atención. Los puedo conseguir fácilmente en las calles. Los Hare Krisna son muy activos en sus campañas de reclutamiento. Te persiguen por varias cuadras para convencerte. Lo primero que te entregan son sus volantes. Lo que me interesa es saber más sobre el Budismo Zen y Marcuse.

 

Otro curso al que Apumayta no falta mucho es el curso de lengua extranjera. Tiene un inglés básico, aprendido en conversaciones con sus amigos gringos, que lo maneja muy bien. Es mejor que el de nuestro maestro de aula. Él es muy divertido en este curso. Cuando no sabe una palabra de la lengua anglosajona la transforma buscando una parecida en castellano. Por ejemplo dice: “¿Uat do you chay?” En vez de decir, What do you say? “Bacines man” en vez de business man. Sus ocurrencias me hacen reír. Quiero saber más de él pero es escurridizo y reservado con su vida personal.

 

Noto que Apumayta está faltando demasiado al colegio. Las clases se hacen más aburridas al fin de año escolar. Maestros y alumnos piensan en sus últimas evaluaciones de sus carreras universitarias y en los exámenes de admisión a las escuelas de oficiales y a la universidad. También hablan sobre los regalos de navidad que les gustaría recibir. Yo no sé realmente qué estudiar. Me gustan las ciencias y las letras. A mí lo que me encanta de las fiestas de fin de año es el Santurantikuy que tiene lugar el 24 de diciembre. De esta feria me gusta ver las novedades que exhiben y venden los artesanos y ese ambiente de confraternidad que se crea en la plaza de armas del Cusco. Se junta gente del campo y la ciudad. Extraño el humor de Apumayta. El viernes decido escaparme del colegio para leer a Edgard Allan Poe. Encontré sus obras completas en el ICPNA. Luego de sacar el libro me doy una vuelta por la Plaza de Armas. Entre un grupo de hippies reconozco a Apumayta. Él se da cuenta de mi presencia y se aleja del grupo en mi dirección. Agarra la mano a una muchacha rubia más alta y mayor que él. Tiene ojos azules y un pelo largo que le llega a la cintura. Es muy delgada.

 

  • ¡Hola Zea! -me saluda.
  • Que tal Apumayta –le respondo.
  • Te presento a Kristine.
  • Buenos días, Zea -me dice Kristine con un acento que no es del alemán, francés o inglés.
  • Hola, Kristine ¿No reconozco tu acento? ¿De dónde eres?
  • De Dinamarca, Zea.
  • No le digas Zea -interviene Apumayta.
  • Disculpa, wayki, ¿Cómo te llamas?
  • Me llamo, Luis y el tuyo.

–     Mi nombre es Julián.

  • En el colegio sólo nos conocemos por el apellido -le explico a Kristine que nos mira confundida.
  • Vas a perder el año escolar, -le digo a Julián.
  • Ya lo sé. Pero tengo cosas más importantes que hacer. ¡Toca!, -me dirige la mano hacia el vientre de Kristine. Recién me doy cuenta que está embarazada.
  • Vamos a tener un hijo, Luis. Antes de cumplir seis meses de embarazo queremos conocer Bolivia y Argentina y luego nos vamos a Dinamarca. Estas últimas semanas he estado trabajando duro para el viaje a Buenos Aires. En Argentina hay bastante chamba. Allí voy a ahorrar para pagar los pasajes a Copenhague. ¡Que buena suerte que nos encontramos! En unas horas nos vamos en San Cristóbal a Juliaca. En esa ciudad haremos nuestras conexiones primero hacia La Paz y luego a Buenos Aires. Te quería encontrar para dejarte este libro sobre el que me habías preguntado. Me lo regaló un amigo, pero a mí no me gusta leer.

 

Me entrega un ejemplar raído del One dimensional Man de Herbert Marcuse, paper back, impresa en 1966, Boston, EEUU. Le agradezco. Ojeo el libro. Está subrayado y con anotaciones en inglés en los márgenes. En la primera hoja leo Paul Jones junto al signo de la paz y un dibujito de una hoja de cannabis sativa.

 

–     Muchas gracias -le vuelvo a decir.

  • Y tú qué planes tienes después de terminar el colegio –me pregunta Julián.
  • Me voy a Lima para estudiar en la universidad. Mi padre ya está viviendo allí. El resto de la familia se muda en enero. Ya no aguanto el colegio. Todos son unas huevas tristes. Todos hablan sobre el mismo asunto. Los chancones quieren irse con becas a la Unión Soviética o ingresar a las escuelas de oficiales en Lima. La mayoría quiere ingresar a la universidad para estudiar contabilidad, derecho e ingenierías. Con nadie se puede conversar de otros temas.
  • Y tú, ¿qué quieres estudiar?, -me pregunta Julián.
  • Tal vez ingrese a las escuelas de Química o Antropología. Realmente me gustaría hacer cine pero mi familia no tiene plata.
  • Y tú, ¿qué piensas hacer en Copenhague? -pregunto a Julián.
  • Lo único que me interesa es estar junto a Kristine y mi hijo, -dice Julián mientras acaricia a su mujer. Kristine dice que no se necesita ir a la universidad para conseguir un buen trabajo en Dinamarca. Ella es el mejor ejemplo. Su empleo de peinadora le permite ahorrar y viajar de vacaciones a diferentes lugares del mundo.
  • Me tengo que ir Julián – interrumpo la conversación cuando veo que se acerca un guardia civil. La policía captura a los estudiantes que llevan uniforme circulando en horas de clase por la calle.
  • Mucho gusto de conocerte Kristine, buena suerte para los dos.
  • Buena suerte waykichay –me dice, dándome un abrazo. Vente a Dinamarca también. Allá vas a tener chamba y casa.
  • Algún día estaré por allí –le contesto.

 

Me alejo, pensando, cómo un muchacho de quince o dieciséis años va a poder viajar sin la autorización de sus padres al extranjero. También me pregunto cómo lo voy a encontrar si no hemos intercambiado direcciones. Quiero volver para pedírsela y darle la mía. Me amilano, el guardia civil sigue rondando por la plaza, además Julián me da la espalda y vuelve al grupo abrazando a Kristine.

 

Escena. Ciudad de México 1992.

 

El aeropuerto Benito Juárez de Ciudad de México está repleto. No se puede caminar rápido. Choco con maletas y bultos de mexicanos que retornan de los Estados Unidos ¿Cuándo se le ocurrirá construir uno nuevo al gobierno de Salinas de Gortari? Estoy esperando que salgan mi esposa e hijo. Según su itinerario deberían haber llegado ya en el vuelo Phoenix – Ciudad de México de USAir. Los funcionarios de inmigración mexicanos son peores que los estadounidenses. Hacen demasiadas preguntas y revisan con lupa varias veces los pasaportes peruanos. Temen que se infiltre Sendero Luminoso en un México lleno de tensiones que se neoliberaliza. Miro a desconocidos felices, cargados de paquetes y enormes maletas, que salen luego de pasar el control migratorio y de haber pagado mordidas en la aduana. Temo que en el tumulto se pierda mi familia. Se abre la puerta corrediza por millonésima vez. Sale un nuevo grupo de viajeros, entre ellos reconozco a Apumayta cargando en el hombro un bolso repleto de artesanía tailandesa que sobresale. Está acompañado de una robusta mujer rubia, de unos cuarenta años, falda negra, botas militares, corte punk y un anillo que le atraviesa la nariz. El viajero es idéntico al Apumayta que vi por última vez hace 15 años en la Plaza de Armas del Cusco.

 

  • ¡Apumayta!, -grito por si acaso. No me acuerdo su primer nombre que escuché solo una vez. Se me acerca y me saluda.
  • ¿Cómo estás waykichay? Tú eres Zea, el garcilasiano ¿no?
  • Si, soy el mismo con muchas más canas y varios kilos encima.
  • Si, pues. Pero no seas cruel contigo mismo. Salvo las canas se te ve casi igual. Sigues flaco como en el colegio. Te presentó a Brigitte. Este es Zea. Discúlpame wayki. ¿Cuál es tu nombre? El mío es Julián.
  • Me llamo Luis. Mucho gusto, Brigitte.
  • Encantada, me saluda con su acento francés.

 

Julián mira su reloj y comenta.

 

–     Tenemos 30 minutos para platicar. Nuestro camión parte a Oaxaca en tres cuartos de hora.

  • Mi mujer y mi hijo deben salir en media hora también. ¿Qué es de Kristine? –le pregunto.
  • ¿La conociste? –replica contrariado.
  • Sí, me la presentaste el día que te ibas con ella a Buenos Aires.
  • Ah, ya me acuerdo. Nada funcionó en ese viaje. Logramos llegar a Buenos Aires por tierra. Yo no pude viajar en avión a Copenhague. Necesitaba pasaporte y una autorización de mis padres. Era menor de edad. La quise convencer para que se quedara y volver al Perú y conseguir mis papeles. Pero nada que ver. Ella de todas maneras quería dar a luz en su país. Tomó su avión y me dejó con un poco de plata y su dirección. Yo tuve que abandonar la Argentina por la guerra sucia entre montoneros y las fuerzas armadas de Videla. La policía y el ejército chequeaban papeles en cada esquina. Yo como estaba indocumentado temía ser capturado. Habían historias de gente sin papeles que eran desaparecidos igual que los presos políticos. Los tiraban de helicópteros en altamar. Volví asustado al Cuzco. Como me había escapado de la casa y no había terminado el colegio me botaron a la calle mis padres. Repetí el quinto de secundaria en la nocturna. Trabajé tres años haciendo artesanía y tocando música en las peñas folklóricas para ahorrar. Apenas saqué la libreta electoral, solicité mi pasaporte y luego de dos años me fui del país. Corría el riesgo de ser reclutado para ser llevado a la zona roja de Ayacucho. Mi mayor temor era ser torturado y degollado por los terrucos. Dejé Perú como refugiado. Era la época que Francia daba asilo político. Anduve por Europa a los veinte años tocando quena en un grupo folklórico y continué haciendo artesanía, siempre con la idea de ahorrar y viajar a Copenhague. En mi estadía de París me enamoré de Brigitte que cantaba en una banda punk. La conocí en las presentaciones que hacíamos en la placita de la Pigalle. Su grupo y el mío nos turnábamos para tocar. Nos arrenjuntamos y vivíamos en Montmartre, cerca a la estación de metro Abesses. Nunca llegué a Dinamarca. Kristine me escribió una sola vez a la casa de mis padres en Cuzco con una foto de nuestro hijo. Su nombre completo es Julián Apumayta Jensen. Cuando tenga lana voy a viajar a Dinamarca para conocerlo. Ya debe tener 15 años. Quizás hasta me ha hecho abuelo –bromeó.

 

Julián miró de reojo el reloj del aeropuerto y continuó su relato.

 

Dos hechos afectaron la nueva vida que empecé con Brigitte. Lamentablemente pasó de moda el punk. Después de la muerte de Sid Vicious empezó a decaer el interés por el punk. Poca gente veía la banda de Brigitte. Además empezaron a pulular los grupos andinos en París. Con la invasión de ecuatorianos que tocaban san juanitos y vendían artesanía barata mi negocio quebró. Hacíamos poquísimo dinero. No podíamos vivir comiendo sopa de cebollas, pan baguette y jamón todos los días. Así que decidimos establecernos en México con Brigitte hace diez años. Buscamos un lugar equidistante con vuelos directos a Francia y Perú. ¿Y tú, qué haces aquí?

 

Le explique que tenía una investigación en marcha cerca a Tlaxcala. Pero que pronto retornaba a los EEUU donde había sacado un doctorado en Antropología en la University of Michigan, Ann Arbor y trabajaba desde hace un año en la Universidad de Tulane.

 

  • Bueno cuate, me tengo que ir. Nos puede dejar el camión. Ahora sí te doy mi dirección. Visítame cuando puedas.

 

Yo también le di mi tarjeta. Me despedí de él y de Brigitte. Se alejaron. Tuve un deja vu. Vi la misma silueta de Julián con su cola de caballo, de hace quince años, cuando me dio la espalda en la plaza del Cuzco. La única diferencia en el cuadro era la punk Brigitte. Si hubiesen estado hasta ahora juntos con Kristine, tendría ella el mismo cuerpo de Brigitte. La nueva mujer de Apumayta es realmente voluminosa en comparación a la Kristine que yo conocí ¿Estará Kristine envejecida, aburrida, recordando las aventuras de su juventud en Perú con Julián? Ella debería pasar de los cuarenta años. Julián y Brigitte desaparecieron en el gentío del atiborrado Benito Juárez. ¿Estarán casados, tendrán hijos? Leí la tarjeta que me acababa de entregar. La tienda de artesanías estaba ubicada en el zócalo de Oaxaca. Era el mismo establecimiento comercial que yo conocía. En mis viajes a Oaxaca siempre me sorprendía encontrar una tienda en la plaza de armas con artesanías de Africa y Asia llamada “Le Exotique”. Nunca me iba a imaginar que los dueños eran Julián y su nueva mujer. Mis pensamientos fueron interrumpidos por la frase “¡Lucho, Lucho mi amor!” pronunciada por la cálida voz de mi esposa y el “¡Daddy, Daddy!” de mi hijo Tomás. Nos abrazamos y besamos. Hacía dos meses que no nos veíamos. Dejamos el aeropuerto en el Land Rover y tomamos la 150D en dirección a Tlaxcala.

 

Ulises San Juan.

Sobre: Discursos de la nación pendiente. Reflexiones sobre el testimonio de enunciación andina en el Perú. Ulises Juan Zevallos Aguilar

Maria Teresa Grillo Arbulú. Discursos de la nación pendiente. Reflexiones sobre el testimonio de enunciación andina en el Perú. Lima, Pakarina Editores y Facultad de Letras y Ciencias Humanas UNMSM, 2016, 232 pp.

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Pakarina Editores acaba de poner en circulación la opera prima de María Teresa Grillo, ex alumna de la UNMSM, que ejerce la docencia universitaria en Canadá. El libro continúa la reflexión sobre la literatura testimonial andina hecha por críticos literarios peruanos. Se ha constituido un sólido pensamiento sobre el testimonio andino. Destacan, las ideas iluminadoras y las sendas trazadas por A. Cornejo Polar en su libro Escribir en el aire (1994) y retomadas por El testimonio peruano oral las ciencias sociales: una problemática postmoderna (2000) de A. G. Andreu, La voz, el viento y la escritura. Representación y memoria en los primeros testimonios de mujeres en el Perú (2013) de E. Huaytán Martínez y varias decenas de artículos de otros autores.

 

Discursos de la nación pendiente está dividido en dos partes. En la primera, titulada Reflexiones, Grillo hace un recuento de las teorizaciones y debates sobre el testimonio hispanoamericano en los últimos cincuenta años. Señala que generalizan demasiado e hipercanonizan ciertos textos. Sugiere que hay que parar los polémicas sobre su origen, su definición como género literario y si es objetivo o ficción. Se tiene que concebirlo como una construcción verbal dónde un mediador y testimoniante interactúan desde diferentes posiciones con diferentes agendas y hacen posible un texto verosímil. Para llevar a cabo su proyecto, Grillo recurre a los estudios de la arbitrariedad de memoria, en especial los aportes de P. Ricouer, el concepto colonialidad del poder de A. Quijano, los conceptos de totalidad contradictoria y heterogeneidad cultural de A. Cornejo Polar, mapa cognitivo y pensamiento fronterizo de W. Mignolo y finalmente las reflexiones de L. Dolezel sobre la relación entre ficción y construcción de mundos posibles.

 

Para eliminar las generalizaciones sobre el testimonio y demostrar las especificidades del testimonio peruano enfoca su análisis en tres “testimonios de enunciación andina”. En la segunda parte, que lleva el título de Discursos, estudia los libros Huillca, habla un campesino peruano (1974) de Hugo Neira, Gregorio Condori Mamani. Autobiografía (1977) de Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, e Hilos de mi vida. El testimonio de Hilaria Supa Huamán, una campesina peruana (2002) de Hilaria Supa Huamán. Se deduce de la escogencia de los tres testimonios quiénes modulan la realidad peruana y qué reclaman. Los grupos indígenas caracterizan a la pluralidad contradictoria y heterogeneidad cultural peruanas. En efecto, los testimoniantes Condori Mamani, Quispe Huamán, Huillca e Hilaria Supa Huamán son quechuas del departamento del Cuzco.

 

Del mismo modo, hace visible la heterogeneidad quechua. Los testimoniantes son también diferentes. Cuando contestaron las entrevistas se encontraban en distintos grados de escolaridad, posición económica y social que le dan un matiz distinto a sus repuestas. Condori Mamani era un cargador monolingüe y analfabeto que no se da cuenta del poder político de sus palabras. Huillca fue un dirigente sindical campesino con cierto grado de alfabetismo y por tanto era consciente de su gestión y los efectos de su discurso. Supa Huamán ha sido una activista feminista quechua bilingüe que llegó a ser congresista de la república. Sus habilidades lingüísticas y poder político alcanzado coadyuvaron a la modificación del título y a la desaparición de la gestora del testimonio, la alemana Waltraut Stölben, en la edición del 2010,

 

Aunque los tres testimonios fueron producidos por relaciones de amistad y/o solidaridad, tienen distintas características por los sesgos disciplinarios de los mediadores y sus posiciones políticas. La autobiografía de Condori Mamani se puede llamar antropológica. Es un libro que da cuenta de las profundidades de la cultura quechua realizado por un par de antropólogos. El testimonio de Huillca es político debido a que su mediador fue periodista e historiador. Neira entrevistó a Huillca, en calidad de funcionario del gobierno de J. Velasco Alvarado (1968-1975), con el objetivo de demostrar que la lucha sindical contribuye al cambio pacífico si un gobierno benefactor pone atención a las reivindicaciones de los pobres. El testimonio de Supa es una combinación de testimonio feminista y cultural. Waltraut Stölben la entrevistó para promover los proyectos de una ONG feminista.

 

Grillo concluye que la existencia de los tres testimonios demuestra que el estado nación peruano todavía no ha incluido a sus ciudadanos indígenas. Las promesas de un estado moderno todavía están pendientes. Esta situación ocurre por la existencia de la colonialidad del poder que permea la mentalidad y el comportamiento de la población peruana actual. Los intelectuales y activistas quechuas, tienen un mapa cognitivo diferente y desde un pensamiento fronterizo, síntesis de aportes antisistémicos occidentales y propios, lanzan propuestas para superar su exclusión.

 

Deseamos larga vida a Pakarina Editores, editorial que apuesta por la difusión de libros de crítica literaria y literatura quechua.

 

En: “Quién ha encendido fósforo”, página cultural de Exitosa Diario, Lima, 22 de enero de 2017.